Sánchez agita el avance ultra para movilizar a un PSOE desgastado

08 septembre 2026 - 10:25

El presidente presenta al Gobierno de coalición como un dique frente al crecimiento de la extrema derecha después de la victoria de Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt. Con la crisis de Ceuta todavía abierta y un PSOE preocupado por su desgaste, Pedro Sánchez promete esclarecer lo ocurrido en julio, evita señalar a Marruecos y atribuye parte de la presión sobre España a una «internacional ultraderechista».

Pedro Sánchez ha recurrido al avance de la extrema derecha en Europa para tratar de movilizar al PSOE en un comienzo de curso marcado por la crisis de Ceuta y el deterioro político del Gobierno. Ante diputados, senadores y europarlamentarios socialistas, el presidente utilizó la victoria de Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt para presentar al Ejecutivo de coalición como una excepción entre las grandes democracias occidentales y reivindicar su continuidad como freno frente a una ultraderecha que gana posiciones dentro y fuera de Europa.

El escenario es muy diferente al que rodeaba al PSOE hace apenas unos meses. En abril, Sánchez se proyectaba en la cumbre progresista de Barcelona como uno de los referentes internacionales de la izquierda, reforzado por su rechazo a elevar al 5% del PIB el gasto militar reclamado por Donald Trump y por su posición ante la guerra de Gaza. El nuevo curso comienza con Ceuta todavía lejos de recuperar la normalidad, dificultades para articular mayorías parlamentarias y la reactivación de varios frentes judiciales después del verano.

La extrema derecha como adversario global

La victoria de AfD ocupó buena parte del mensaje político de Sánchez. El presidente calificó el resultado electoral de «aviso» ante una «amenaza ultra» que gana terreno en Europa y en el mundo y responsabilizó en buena medida de ese crecimiento a la derecha tradicional. Patxi López, portavoz socialista en el Congreso, fue más lejos y presentó el resultado como un acontecimiento especialmente grave ochenta años después del final de la Segunda Guerra Mundial.

Sánchez utilizó ese contexto para reivindicar la singularidad de su Gobierno y pedir a los parlamentarios socialistas que mantengan la iniciativa. «Somos la vanguardia del avance frente a los reaccionarios», afirmó antes de defender las políticas económicas, sociales y medioambientales desarrolladas por el Ejecutivo. El presidente insistió además en que su proyecto político no termina en 2027 y situó 2030 como horizonte, pese a las dificultades parlamentarias y al deterioro que reflejan las encuestas.

La dimensión internacional de su discurso alcanzó también a la crisis española. Sánchez aseguró que existe «toda la internacional ultraderechista, europea y del otro lado del Atlántico, atacando a España» y vinculó parte de la erosión sufrida por el Gobierno con esa ofensiva. La afirmación encaja con una estrategia que intenta situar la confrontación política española dentro de un fenómeno más amplio de crecimiento de las fuerzas de extrema derecha y de aproximación de sectores conservadores a sus posiciones.

Ceuta sigue pesando sobre el Gobierno

La crisis de Ceuta ocupó solo unos minutos de la intervención, pero continúa condicionando el escenario político. Sánchez aseguró que la ciudad «recuperará pronto la normalidad» y que «saldrá reforzada gracias a la acción del Gobierno». También señaló como prioridad esclarecer qué ocurrió durante esa semana de finales de julio para impedir que vuelva a repetirse una entrada masiva como la que llevó a alrededor de 80.000 personas a cruzar la frontera.

El presidente volvió a evitar responsabilizar directamente a Marruecos. Tampoco mencionó al país vecino durante su intervención, pese a que la actuación de sus fuerzas de seguridad constituye una de las principales incógnitas de la crisis. Sánchez se comprometió a compartir con la ciudadanía las conclusiones cuando el Gobierno termine de esclarecer lo sucedido y reiteró el criterio que seguirá España con las personas que permanecen en Ceuta: quienes tengan derecho al asilo podrán quedarse y quienes no cumplan los requisitos serán devueltos.

La cautela contrasta con la percepción recogida por una encuesta de 40dB. para El País y la Cadena SER. Según el sondeo, nueve de cada diez encuestados atribuyen responsabilidad a Marruecos por lo ocurrido y el 62,7% considera mala o muy mala la gestión realizada por Sánchez. La distancia entre esa percepción y la prudencia mantenida por el Ejecutivo hacia Rabat continúa siendo uno de los principales problemas políticos que afronta el Gobierno desde finales de julio.

Un PSOE lejos de la euforia de abril

El discurso de Sánchez trató también de responder al desánimo existente en sectores del partido. La crisis de Ceuta ha coincidido con una legislatura de mayorías difíciles y con la reactivación después del verano de procedimientos judiciales que afectan al entorno del presidente. Begoña Gómez afronta este martes una audiencia preliminar antes de la eventual apertura de juicio oral, otro elemento que incrementa la presión sobre el Ejecutivo al comienzo del periodo de sesiones.

Sánchez pidió a los parlamentarios que mantengan la ambición frente a lo que definió como una alianza entre «una derecha cada vez más ultra y una ultraderecha cada vez más crecida». Su argumentación combina la confrontación ideológica con la reivindicación de los resultados económicos, la creación de empleo, el fortalecimiento del Estado del bienestar y las políticas de transición energética como elementos sobre los que reconstruir la iniciativa política del Gobierno.

El presidente pidió finalmente a sus parlamentarios que afronten el nuevo periodo de sesiones pese a la debilidad de la mayoría que sostiene al Ejecutivo. El PSOE deberá hacerlo mientras el Gobierno trata de esclarecer todavía qué sucedió en Ceuta, gestiona la permanencia y devolución de decenas de miles de personas llegadas a finales de julio y afronta una oposición que ha convertido la crisis fronteriza en uno de los principales ejes de confrontación del nuevo curso político.

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