El portavoz de ERC en el Congreso propuso ayer encabezar una candidatura unitaria de las izquierdas soberanistas y españolas de cara a las elecciones generales de 2027. La dirección de su partido rechazó la iniciativa por segunda vez en tres meses. El espacio a la izquierda del PSOE afronta su recomposición más compleja en una legislatura.
Gabriel Rufián, portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en el Congreso, se ofreció ayer a liderar una candidatura unitaria de las izquierdas soberanistas y españolas en las próximas elecciones generales. Lo hizo en un coloquio organizado por el Club Siglo XXI en Madrid, en el que no escatimó claridad: «Si yo puedo ayudar a que haya una confluencia, una colaboración de unión para maximizar resultados electorales de las fuerzas soberanistas y españolas siendo yo el cabeza de lista, pues pa’lante». La propuesta, que el diputado repitió a lo largo de la charla con distintas formulaciones, llegó horas después del batacazo electoral que el espacio de Sumar encajó en las elecciones a la Junta de Andalucía del 17 de mayo.
La iniciativa no es nueva. En febrero, tras una conversación con el diputado autonómico de Más Madrid Emilio Delgado, Rufián ya había abierto el debate sobre la unidad de la izquierda, y la dirección de ERC lo cerró con rapidez. La secretaria general de Esquerra, Elisenda Alamany, dejó claro en aquel momento que las siglas no se fundirían en ningún tipo de cohesión estatal. El rechazo de ayer fue más matizado: el presidente del partido, Oriol Junqueras, abrió la posibilidad de que Rufián encabece la lista de ERC para las generales, pero sin dar ningún paso hacia la confluencia amplia que el portavoz defiende.
Una oferta sin aval orgánico
El propio Rufián fue moderando el tono de su propuesta a medida que avanzaba el coloquio. Tras la contundencia inicial, introdujo una condición que la acota de forma significativa: «Si ERC me dice que han alcanzado acuerdos, que se puede llegar a confluencias, diciendo que necesitan que yo… Evidentemente yo estaría dispuesto». La frase deja la pelota en el tejado de la dirección, que hasta ahora ha optado sistemáticamente por mantener la autonomía orgánica de Esquerra frente a cualquier fórmula de integración con fuerzas ajenas al independentismo catalán. Sobre si abandonaría el partido en caso de desacuerdo, el diputado fue taxativo: no se iría «hasta que lo echen».
Los sondeos sitúan a Rufián como el candidato favorito entre votantes progresistas para liderar una candidatura capaz de aglutinar ese espacio. Su visibilidad en el Congreso, su perfil combativo y su capacidad para conectar con electorados más allá del catalanismo independentista le otorgan una posición singular en el debate. Sin embargo, la propuesta ha generado tensiones internas en ERC que la dirección no ha logrado encauzar de manera definitiva, y el debate sobre la viabilidad real de una candidatura de este tipo sigue sin resolverse en los términos que el portavoz plantea.
El espacio que Rufián quiere ocupar
El argumento de fondo que Rufián desarrolló en el Club Siglo XXI apunta a un diagnóstico compartido por distintos sectores de la izquierda no socialista: existe un espacio electoral a la izquierda del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que, a su juicio, atraviesa una fase de «cierta descomposición». «Hay mucha gente progresista en este país que no quiere votar al PSOE», afirmó, antes de plantear la pregunta que articula su propuesta: «¿De qué me sirve ir con dos, tres, cuatro diputados más si Abascal es el vicepresidente?». La referencia a Santiago Abascal, secretario general de Vox, resume el argumento utilitario que Rufián emplea para justificar la confluencia: la fragmentación beneficia a la derecha.
La idea de que «las izquierdas soberanistas arrastren e inspiren a las izquierdas españolas» condensa una tesis que incomoda a los partidos que operan exclusivamente en el ámbito estatal. Para Podemos, Más Madrid o las distintas familias de Sumar, aceptar el liderazgo de una fuerza independentista catalana implicaría una redefinición identitaria de calado. Para ERC, en cambio, la propuesta de Rufián supone un giro hacia el espacio estatal que choca con la estrategia de concentración electoral que la dirección ha venido defendiendo desde la última derrota en las generales.
Sumar busca su propio relato
Mientras Rufián agita el debate desde fuera de las estructuras formales de la coalición, los partidos integrados en el Gobierno dentro del espacio de Sumar decidieron ayer acelerar su propio proceso de recomposición. Izquierda Unida (IU), Comuns, Más Madrid y Movimiento Sumar anunciaron que presentarán su proyecto conjunto para las generales en Barcelona el próximo 30 de mayo, en el que será el tercer acto del proceso denominado «Un paso al frente». La elección de Barcelona como sede no es casual: se trata de una señal de apertura hacia el espacio progresista catalán en un momento en que la unidad de la izquierda no socialista está en discusión.
El nuevo proyecto aspira a actualizar el espacio político que la coalición liderada por Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social de Sumar, articuló en las elecciones generales de 2023. La irrupción de Rufián en ese debate introduce una variable que los partidos de Sumar no habían contemplado en sus cálculos iniciales. Si ERC termina avalando la propuesta de su portavoz —un escenario que por ahora la dirección descarta—, el mapa de la izquierda no socialista de cara a 2027 podría cambiar de manera sustancial. Si no lo hace, la «vía Rufián» quedará como un episodio más en la larga historia de intentos fallidos de confluencia a la izquierda del PSOE.