El exministro del Interior presentó el 11 de marzo su libro de memorias en un acto arropado por el expresidente Aznar y la presidenta madrileña Díaz Ayuso, coincidiendo con el 22 aniversario de los atentados de Madrid. Mayor Oreja reiteró sus tesis sobre una posible autoría de ETA, contradicha por la sentencia de la Audiencia Nacional de 2007, que no fue desmentida por Aznar. El acto tuvo lugar en un momento en que la guerra de Irán ha vuelto a dividir a España entre el «No a la guerra» del Gobierno y el apoyo de la derecha a las operaciones militares.
El 11 de marzo de 2026 fue en España una jornada doble. Por la mañana, los actos institucionales de homenaje a las 192 víctimas de los atentados del 11-M de 2004 se sucedieron en Madrid con la solemnidad propia del aniversario. Por la tarde, el exministro del Interior Jaime Mayor Oreja eligió esa misma fecha para presentar su libro de memorias Una verdad incómoda. Testimonio de una época: contra el silencio y la mentira (Espasa, 2026), en un acto en Madrid al que acudieron el expresidente del Gobierno José María Aznar, la expresidenta del Partido Popular (PP) vasco María San Gil y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Fuentes próximas al exministro afirmaron a Europa Press que la coincidencia de fechas era casual. La elección del día, sin embargo, no pasó inadvertida.
En el acto, Mayor Oreja retomó las tesis que lleva años sosteniendo sobre los atentados que mataron a 192 personas en varios trenes de cercanías de Madrid: que el ataque «se hizo para cambiar la dirección política de España» y que ETA, al menos, sabía que iba a producirse. Señaló como indicios el «extraño silencio» de la organización terrorista durante la campaña electoral de 2004 y reprodujo el testimonio que atribuye al exministro del Interior marroquí Driss Basri, quien según Mayor Oreja le dijo en 2005 que el atentado había sido «obra de un servicio secreto». El exministro también aludió a una supuesta «red paralela» de inteligencia vinculada a la masonería dentro del Estado francés. Ninguna de estas afirmaciones está respaldada por prueba judicial alguna.
Las tesis del libro y la respuesta judicial
La Audiencia Nacional condenó en 2007 a 22 personas por los atentados del 11 de marzo de 2004 y estableció de forma concluyente que la autoría correspondió a una célula yihadista vinculada a Al Qaeda. El tribunal descartó expresamente cualquier participación de ETA en la planificación o ejecución de los ataques. Esa sentencia, que adquirió firmeza tras ser confirmada por el Tribunal Supremo, constituye la verdad judicial sobre los hechos. Las tesis que Mayor Oreja mantiene en su libro contradicen ese fallo de forma directa.
Lo que sí está documentado es el comportamiento del Gobierno de Aznar en las horas y días posteriores al atentado, cuando sus portavoces y el propio presidente insistieron públicamente en la autoría de ETA pese a que los indicios apuntaban desde el primer momento a una célula yihadista. Esa estrategia se mantuvo hasta pocas horas antes de las elecciones generales del 14 de marzo, en las que el PP fue derrotado por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) de José Luis Rodríguez Zapatero. La derrota electoral y la gestión informativa de aquellos días se convirtieron en uno de los episodios más controvertidos de la democracia española reciente.
Aznar, entre el silencio y el respaldo implícito
El expresidente Aznar asistió al acto como figura central del escenario, aunque su intervención evitó entrar directamente en las tesis conspirativas de Mayor Oreja. Cuando habló de los atentados del 11-M, lo hizo para reivindicar que su Gobierno «dijo la verdad en todo momento, en todos los minutos del día», en palabras extraídas de una entrevista reciente en el documental La última llamada de Movistar Plus+. En sus intervenciones públicas de ese día no desmintió ninguna de las afirmaciones de Mayor Oreja sobre ETA o los servicios secretos. Sus palabras se centraron en elogiar la trayectoria del exministro y en llamar a construir una «mayoría sólida» de la derecha para «sacar a España de la crisis».
Horas antes del acto en Madrid, Aznar había estado en Valencia justificando los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y reclamando que «España debe apoyar a sus aliados». Ese posicionamiento le sitúa en el extremo opuesto al del Gobierno de Sánchez, que ha recuperado el lema «No a la guerra» y ha vetado el uso de las bases de Rota y Morón para las operaciones militares en la región. El acto reunió también al vicesecretario de Hacienda del PP, Juan Bravo, y concluyó con llamamientos explícitos al entendimiento entre el PP y Vox para frenar lo que Mayor Oreja denominó el «frente popular» encabezado por Sánchez.
El 11-M como arma política en el debate de Irán
La reactivación de las teorías sobre el 11-M por parte de la derecha española no se produce en un vacío. Ocurre en un momento en que la guerra de Irán ha trazado una línea divisoria nítida en la política española, con el Gobierno reivindicando una posición de no intervención y apelando al recuerdo de la guerra de Irak de 2003, con la que Aznar comprometió a España desde la llamada Cumbre de las Azores. La izquierda ha subrayado ese paralelismo de forma deliberada: tanto en 2003 como en 2026, un conflicto bélico impulsado por Washington divide a la opinión pública española y enfrenta al Ejecutivo con sus aliados anglosajones.
Mayor Oreja fue precisamente el ministro del Interior durante los atentados de 2004, y su presencia en el debate público actual tiene, en ese sentido, una carga simbólica doble. Su libro, presentado en el aniversario exacto de la masacre, contribuye a mantener viva una lectura de aquellos hechos que los tribunales descartaron hace casi dos décadas. Para el Gobierno, el momento elegido para la presentación no es neutral: refuerza su discurso de que la derecha recurre a la memoria del 11-M como instrumento político cada vez que el debate sobre las guerras y el papel de España en ellas vuelve a primer plano.