Pedro Sánchez abrió en Dos Hermanas una campaña construida sobre la crisis habitacional y la memoria de Maricarmen Abascal, la anciana que murió días después de ser desahuciada. Alberto Núñez Feijóo exhibió unidad en Madrid junto a Aznar y Rajoy y centró su mensaje en la corrupción. Santiago Abascal eligió Estepona para acusar al Gobierno, sin aportar pruebas, de estar dispuesto a «mentir y a matar».
El primer fin de semana de precampaña para las elecciones generales del 29 de noviembre dejó tres relatos difícilmente compatibles. El presidente del Gobierno y secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Pedro Sánchez, convirtió la vivienda en el eje de su candidatura. El líder del Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijóo, apostó por la corrupción y por una demostración de fuerza orgánica. Santiago Abascal, presidente de Vox, llevó el tono al extremo y presentó la cita con las urnas como unas elecciones excepcionales en las que el Gobierno sería capaz de cualquier cosa.
La convocatoria llegó después de que el Congreso tumbara los decretos de vivienda con los votos de PP, Vox y Junts. Las encuestas otorgan la mayoría absoluta a la suma de PP y Vox, y los socialistas confían en repetir la remontada de 2023 movilizando a un electorado progresista que considera la vivienda el principal problema del país. Esa es la apuesta del PSOE. La de sus adversarios pasa por mantener en el centro del debate la crisis migratoria de Ceuta y los casos judiciales que rodean al partido y al entorno del presidente.
Sánchez y la causa de Maricarmen
Sánchez eligió Dos Hermanas (Sevilla), la ciudad donde arrancó en 2017 su regreso a la secretaría general del partido y donde inició las campañas de 2019 y 2023. Ante unas 5.000 personas, según la organización, centró su discurso en Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años que falleció tras ser desalojada de la vivienda madrileña en la que residía de alquiler desde 1956. «La causa social lleva el nombre de una mujer de 87 años», afirmó, antes de recordar que el Consejo de Ministros ha vuelto a aprobar el decreto con la moratoria de desahucios.
El texto está vigente a la espera de su convalidación en la Diputación Permanente del Congreso, y Sánchez prometió que una mayoría progresista lo reforzará en la próxima legislatura. Frente a lo que definió como el mensaje del miedo de PP y Vox, recurrió a la fábula de Pedro y el lobo y resumió su apuesta con una frase pensada para movilizar. «El miedo no gana elecciones, gana elecciones la esperanza», proclamó bajo el lema «La fuerza de la gente». El PSOE difundió además un vídeo que recopila los insultos dirigidos al presidente por sus rivales.
Feijóo exhibe unidad y apunta a la corrupción
Feijóo respondió desde el recinto ferial de Ifema, en Madrid, arropado por Isabel Díaz Ayuso, José Luis Martínez-Almeida, los expresidentes José María Aznar y Mariano Rajoy y buena parte de sus barones territoriales. La dirección del PP cifró la asistencia en unas 2.000 personas, y muchos simpatizantes se quedaron fuera. El candidato prometió un «cambio profundo, sereno, pero contundente» y definió al Gobierno como una «mafia» por los casos que afectan al PSOE y por la llamada trama Leire, investigada por presuntos contactos con narcotraficantes para presionar a una jueza.
El líder popular reivindicó su gestión en Galicia, prometió construir un millón de viviendas en una legislatura y anunció una rebaja del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF). También rescató una alusión que ya había utilizado contra Sánchez en el Congreso. «Yo no vengo de las saunas ni de las cloacas», dijo. Su compromiso de pedir «sacrificio» a los ciudadanos abrió el primer frente de la campaña. El PSOE lo interpretó como un anuncio de recortes, mientras la portavoz del PP, Ester Muñoz, lo vinculó con recompensar el esfuerzo de quien trabaja.
Abascal agita la amenaza de la violencia
Abascal escogió Estepona (Málaga) como escala antes de viajar a Ceuta para el Doce de Octubre, en lugar de asistir al desfile de Madrid, cuya tribuna de autoridades describió como «repleta de traidores». Allí pidió a sus seguidores prepararse «para lo peor» y aseguró que Sánchez está dispuesto «a mentir y a matar». Para sostenerlo aludió a las informaciones sobre la trama de Leire Díez y la jueza Beatriz Biedma, que instruyó el caso del hermano del presidente, pero no aportó ninguna prueba que vincule al Gobierno con semejante intención.
El líder ultraderechista desconfió también de las encuestas que dan ventaja al bloque conservador, a las que llamó «principal enemigo» de la derecha por alentar el exceso de confianza. Repitió los tres ejes de su programa, que son prioridad nacional, remigración y desregulación, y propuso reducir a dos los tramos del IRPF. La remigración, que Abascal presentó como «amor por los de dentro», consiste según sus propias palabras en repatriar a todo aquel que haya llegado a España de forma irregular.
Tres arranques responden a tres estrategias. Sánchez busca que la campaña gire en torno a un problema material que atraviesa a votantes de todo el espectro. Feijóo confía en que el desgaste del Gobierno por la corrupción y por Ceuta consolide su ventaja, mientras Abascal intenta movilizar desde la excepcionalidad y la sospecha. La huelga general convocada por los sindicatos para el 11 de noviembre y la convalidación del decreto de vivienda pondrán a prueba cuál de esos marcos logra imponerse antes de la apertura de las urnas.