La UE cierra filas con España y advierte que responderá si es necesario

05 mars 2026 - 21:42

La Comisión expresó su «plena solidaridad» tras la amenaza comercial de Trump y dejó claro que actuará para proteger los intereses del bloque si Washington ejecuta sus represalias. El presidente del Consejo, António Costa, respaldó personalmente a Pedro Sánchez, mientras el presidente francés Emmanuel Macron también trasladó el apoyo de París. El episodio evidencia la fortaleza del escudo comunitario ante la presión del Despacho Oval, pero también las grietas en la respuesta europea.

La respuesta de la Unión Europea a las amenazas comerciales de Donald Trump contra España no tardó en articularse. Apenas horas después de que el presidente estadounidense declarara su intención de «cortar todo el comercio» con Madrid en represalia por la negativa a ceder las bases de Rota y Morón para la ofensiva contra Irán, el portavoz comunitario de Comercio, Olof Gill, difundió una declaración de respaldo inequívoco: Bruselas se solidariza «plenamente con todos los Estados miembros» y está «dispuesta a actuar si es necesario para salvaguardar los intereses de la UE». La afirmación no era una declaración de intenciones retórica.

Bruselas dispone de un arsenal de instrumentos para responder a represalias comerciales unilaterales, empezando por el Instrumento Anticoerción —que la Comisión ya activó como advertencia durante la crisis de Groenlandia— y los mecanismos de la política comercial común. Esta última competencia, exclusiva de la Unión, impide a EEUU tratar a un solo Estado miembro de forma diferente al resto del bloque: cualquier medida contra España es, técnicamente, una medida contra los veintisiete. La Comisión también exige a Washington el cumplimiento del acuerdo comercial firmado el pasado julio, que fijó aranceles del 15% para los productos europeos exportados a EEUU.

Bruselas activa su escudo comercial

El portavoz Gill fue rotundo al añadir que «la Comisión garantizará la plena protección de los intereses de la Unión Europea». La declaración llega en un momento en que el propio acuerdo comercial de julio está bajo tensión: el Tribunal Supremo de EEUU anuló los aranceles recíprocos generalizados de Trump, dejando en suspenso parte del andamiaje legal del pacto. La parte europea del acuerdo también está congelada porque el Parlamento Europeo ha aplazado su ratificación tras el fallo judicial. A pesar de estas complicaciones, diversas fuentes comunitarias consideran poco probable que las amenazas de Trump se traduzcan en medidas concretas contra España.

La Comisión, no obstante, se cuida de precisar que su respaldo a Madrid se enmarca en la defensa colectiva de todos sus socios, y no supone un endoso automático de la posición política del Gobierno de Sánchez sobre el conflicto en Irán. La institución reitera su compromiso con el derecho internacional y aboga por una solución diplomática, pero rechaza que las discrepancias en política exterior sirvan de justificación para erosionar el principio de no discriminación comercial que rige las relaciones entre el bloque y terceros países.

Costa y Macron respaldan a Sánchez

Más allá de la Comisión, los respaldos llegaron también desde los más altos niveles políticos de la Unión. El presidente del Consejo Europeo, António Costa, llamó personalmente a Pedro Sánchez para transmitirle la «plena solidaridad de la UE» y reafirmar el compromiso del bloque con el respeto al derecho internacional y la protección de sus Estados miembros frente a presiones externas. El jefe del Ejecutivo español agradeció públicamente las llamadas de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, de Costa, de Macron y de «otros aliados europeos», acompañando el mensaje con su consigna: «No a la guerra».

El presidente francés Macron trasladó la solidaridad de París en una conversación telefónica con Sánchez, en la que expresó el respeto de Francia a la soberanía española y a su decisión de no ceder las bases. Sin embargo, Francia mantuvo una postura más matizada respecto al conflicto en sí: desplegó fuerzas en la región junto a Alemania y Reino Unido para defender a Chipre tras los ataques iraníes sobre una base británica. París apoyó a Madrid en lo comercial pero no avaló explícitamente su negativa a la operación militar, evidenciando las fracturas de la unidad europea ante el conflicto.

El instrumento anticoerción, sobre la mesa

Si Trump ejecutara sus amenazas, la Comisión podría activar el Instrumento Anticoerción, diseñado precisamente para responder a presiones de terceros países sobre Estados miembros. Este mecanismo permite imponer contramedidas comerciales coordinadas en nombre de todo el bloque. La política comercial es competencia exclusiva de la Unión Europea, lo que significa que EEUU no puede negociar represalias bilaterales con España sin contar con Bruselas como interlocutor obligado. Esta estructura institucional es, en la práctica, el mayor escudo con el que cuenta Madrid en la disputa con Washington.

El escenario de una guerra comercial abierta entre la UE y EEUU es considerado, no obstante, poco probable. España exportó a EEUU bienes por valor de 16.716 millones de euros en 2025 e importó por valor de 30.174 millones, arrojando un saldo comercial favorable a Washington. Cortar esos flujos perjudicaría también a grandes empresas estadounidenses con inversiones relevantes en España, como Amazon —que invirtió más de 33.000 millones en centros de datos en Aragón— o Microsoft, con compromisos de 10.000 millones en la misma comunidad autónoma.

La posición de Alemania, en entredicho

La actuación del canciller alemán Friedrich Merz generó incomodidad en Madrid y en Bruselas. Presente en el Despacho Oval cuando Trump lanzó sus amenazas contra España, Merz no salió en defensa de Madrid en ese momento. Solo posteriormente precisó que había recordado al presidente estadounidense que España es miembro de la UE y que el bloque «solo negocia acuerdos aduaneros con EEUU conjuntamente». La aclaración llegó tarde: para entonces la Comisión ya había tomado la iniciativa de defender a España, evidenciando una fractura en la respuesta europea al episodio y la incomodidad de Berlín ante la encrucijada entre Washington y Bruselas.

El incidente con Merz pone de relieve una tensión de fondo en la Unión Europea: la divergencia entre los socios que priorizan preservar la relación con Washington —aunque sea a costa de la solidaridad comunitaria— y los que defienden una postura más autónoma. Mientras varias capitales europeas evitaron confrontar abiertamente a Trump, Bruselas, Costa y París eligieron el respaldo explícito a España. La crisis de Irán se convierte así en un nuevo test de la cohesión del bloque ante la política exterior de la segunda Administración Trump, con resultados que revelan la dificultad de articular una voz europea verdaderamente unida.

 

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