Frente Amplio fija el 17 de octubre para presentar su coalición sin haber resuelto el liderazgo, mientras Podemos convoca primarias el 14 y el 15 con Irene Montero como aspirante. El plazo para registrar coaliciones vence el día 16, y la derogación de los decretos de vivienda por PP, Vox y Junts ofrece al espacio una causa capaz de movilizar a un electorado fragmentado.
El pasado viernes, PP, Vox y Junts tumbaron en el Congreso los decretos de vivienda. Esa derrota parlamentaria ha precipitado un adelanto electoral que sorprende a la izquierda alternativa con las piezas esenciales sin encajar. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, convocó el lunes elecciones generales para el 29 de noviembre. El espacio situado a la izquierda del PSOE carece todavía de candidato, de un proyecto cerrado y de alianzas oficializadas. Ni siquiera ha resuelto su relación con Podemos, la pieza más delicada de cualquier acuerdo.
El calendario apenas deja margen. Las coaliciones electorales deben registrarse antes del 16 de octubre, dentro de diez días. Los partidos quieren evitar a toda costa el desgaste de 2023, cuando Sumar y la formación de Ione Belarra apuraron hasta el último momento unas negociaciones a cara de perro. Entonces la urgencia facilitó el pacto. Ahora la situación es más delicada, porque todos los actores son conscientes de su debilidad. El trabajo acumulado durante los últimos meses puede acelerar los acuerdos, pero no garantiza que lleguen a tiempo.
Un frente sin cabeza visible
Izquierda Unida (IU), Movimiento Sumar, Más Madrid y Comuns se han reorganizado bajo la marca Frente Amplio. Ayer quisieron proyectar fortaleza con una comparecencia conjunta en Madrid de los ministros Mónica García y Ernest Urtasun, la portavoz parlamentaria Verónica Barbero y el líder de IU, Antonio Maíllo. Horas antes, las cuatro fuerzas habían calificado el adelanto de «pertinente y necesario» en un comunicado, tras la caída de los decretos y el descontento en la calle. La alianza ha ganado algo de tiempo al fijar para el 17 de octubre su lanzamiento oficial.
La ministra de Sanidad habló la última y dejó entrever un liderazgo que nadie ha ratificado todavía. «Este es un espacio diverso, no competimos entre nosotras, no sobra nadie», afirmó García, que por ahora es la candidata de Más Madrid frente a Isabel Díaz Ayuso en las autonómicas de mayo. En la SER había evitado descartarse y se mostró dispuesta a lo necesario para frenar a la ultraderecha. La exalcaldesa de Barcelona Ada Colau también reúne apoyos. Su perfil encaja con una campaña en la que la vivienda, su bandera política, se ha convertido en el eje del debate.
Podemos insiste en las primarias
Hace menos de un mes, Podemos se adelantó a Sumar al presentar a la eurodiputada Irene Montero como candidata y ofrecer primarias conjuntas. Ayer reiteró la propuesta y fijó la votación para el 14 y el 15 de octubre. «Lo más importante es que nos pongamos a trabajar», señaló la exministra de Igualdad en la plaza del Museo Reina Sofía, escenario de grandes mítines del partido en el pasado. Montero insistió en que estas elecciones deben servir para que bajen de verdad los precios de las casas, los alimentos y la energía.
Urtasun respondió con dureza. «No vamos a hacer un debate a través de los medios», replicó, y recordó que hay una silla disponible para quien quiera plantear una propuesta. Según La Vanguardia, Podemos carece de músculo territorial tras quedar fuera de once parlamentos autonómicos, y de ahí su apuesta por una candidatura común elegida en las urnas. Algunas fuentes citadas por El País añaden que Colau condiciona su paso al frente a que el partido morado forme parte del acuerdo.
Compromís marca distancias
El resto de las alianzas tampoco está cerrado. La parte mayoritaria de Compromís, que ya se apartó del grupo en el Congreso durante esta legislatura, trasladó el lunes bastante distancia con el Frente Amplio. Su portavoz en Les Corts, Joan Baldoví, defendió concurrir con «una opción valenciana 100%» y anunció que no estarán en las reuniones para perfilar la plataforma. Iniciativa, el partido de Mónica Oltra, prefiere en cambio dejar que el frente se constituya y alcanzar después un acuerdo electoral con él.
Más sencillos parecen los pactos con Chunta Aragonesista, el balear Més y el Partido Verde, aunque tampoco están firmados. Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y EH Bildu, socios del Gobierno con mejores perspectivas en las encuestas, temen que la fragmentación termine debilitando a todo el bloque progresista. Lo que ocurra a la izquierda del PSOE no decidirá solo el peso de Podemos o el estreno del Frente Amplio. También pesará en la aritmética que permita, o impida, renovar un Gobierno progresista tras el 29 de noviembre.
Con su voto contra los decretos, PP, Vox y Junts han dado a la izquierda alternativa el marco que buscaba, después de semanas en que la crisis migratoria de Ceuta la dejaba incómoda como socio desgastado del Gobierno. La previsión de nuevos desahucios ofrece un argumento inmediato para movilizar, y Podemos y el Frente Amplio coinciden en convertir el bloqueo en frontera electoral. Pero antes de aprovechar esa oportunidad tienen que resolver cómo concurren, y el reloj apenas deja margen para tensar la cuerda.