PP y Vox superan juntos por primera vez el 50% de la estimación de voto en el barómetro de 40dB, mientras retroceden PSOE, Sumar y Podemos. Los movimientos son todavía modestos y no permiten atribuir a Ceuta por sí sola el avance de la derecha, pero la crisis ha situado en el centro del debate la inmigración, las fronteras y la seguridad, un terreno especialmente favorable para Vox.
La crisis de Ceuta no ha provocado un vuelco electoral, pero sí coincide con un nuevo avance de la derecha y la ultraderecha. PP y Vox alcanzan conjuntamente el 50,2% de la estimación de voto en el barómetro de 40dB, la primera vez que superan la mitad durante esta legislatura. Si se añade el 2,2% de Se Acabó la Fiesta, las tres fuerzas estatales situadas a la derecha suman un 52,4%. Al otro lado, PSOE (Partido Socialista Obrero Español), Sumar y Podemos retroceden. La diferencia fundamental no está, sin embargo, en unas variaciones mensuales todavía pequeñas. Ceuta ha colocado la inmigración y el control de las fronteras en el centro de la conversación pública y ha desplazado la competición hacia un terreno en el que PP y, sobre todo, Vox parten con ventaja.
El Partido Popular (PP) alcanza un 32,4%, cuatro décimas más que en julio, mientras el PSOE pierde otras cuatro y queda en el 27,6%. La distancia entre ambos se amplía hasta 4,8 puntos. Vox es el que más crece entre las tres principales fuerzas, seis décimas, y llega al 17,8%. Los movimientos no permiten hablar de una transformación repentina. PP y Vox ya habían rozado conjuntamente el 50% en abril y junio y se encontraban muy cerca de esa barrera antes de la crisis. El barómetro muestra más bien la continuidad de una tendencia que Ceuta puede estar reforzando.
La agenda se desplaza hacia la derecha
El momento en que se realizó la encuesta resulta especialmente significativo. Las 2.000 entrevistas fueron recogidas entre el 31 de agosto y el 2 de septiembre, aproximadamente un mes después de la entrada masiva. La crisis había tenido tiempo para instalarse en la opinión pública, pero todavía no se conocía el posterior informe policial que apuntó a la posible colaboración de agentes marroquíes ni se había producido la comparecencia de Pedro Sánchez ante el Congreso. Más del 83% de los encuestados afirma haber seguido de cerca lo sucedido, un nivel de atención que supera el 75% entre todos los electorados y generaciones.
El efecto político aparece con mayor claridad cuando se pregunta por las respuestas a la inmigración. El 70% prefiere endurecer los controles fronterizos aunque eso dificulte la entrada de personas vulnerables que necesitan protección, frente a menos del 20% que antepone la acogida. Un 81,7% respalda aumentar vallas y medios de vigilancia y el 81,4% acelerar las devoluciones de quienes hayan entrado irregularmente. Las posiciones favorables a reforzar el control no se limitan a la derecha. En estas dos últimas cuestiones superan también el 60% entre quienes tienen intención de votar al PSOE.
La percepción general de la inmigración se ha desplazado igualmente hacia posiciones negativas. El 53,6% considera que es «más bien negativa» para España, frente al 33,1% que la juzga «más bien positiva». La preocupación es, además, la emoción que más ciudadanos relacionan con Ceuta, con un 53,2%, muy por encima de la inseguridad o la impotencia. Más de seis de cada diez sitúan lo ocurrido entre los mayores desafíos actuales del país y un 72,2% cree que episodios semejantes volverán a producirse regularmente.
Vox domina cuando se habla de inmigración
Es en este punto donde aparece la principal ventaja de la ultraderecha. Vox es considerado el partido más capacitado para gestionar la inmigración por el 27% de los encuestados. El PSOE queda en segundo lugar con un 18,4% y el PP baja al 13,9%. El resultado indica que el desplazamiento de la agenda beneficia al bloque de la derecha, pero no necesariamente de la misma manera a sus dos principales fuerzas. Cuando el debate se concentra específicamente en inmigración, Santiago Abascal dispone de una posición más favorable que Alberto Núñez Feijóo.
La diferencia resulta todavía más evidente dentro del propio electorado conservador. Cerca de uno de cada cuatro ciudadanos que actualmente piensa votar al PP considera que Vox gestionaría mejor la inmigración. El movimiento contrario prácticamente no existe. Solo un 2,4% de quienes se inclinan por Vox señala al PP como la fuerza más capacitada. La competencia entre ambos partidos se desarrolla así sobre un asunto en el que Feijóo corre el riesgo de asumir un discurso más duro sin conseguir desplazar a Abascal como referente.
Los trasvases electorales apuntan en la misma dirección. Un 12,8% de quienes votaron al PP en las generales de 2023 afirma ahora que optaría por Vox. En sentido inverso, apenas un 3,4% de los antiguos votantes de Abascal se decanta por Feijóo. Vox presenta además la mayor fidelidad electoral: el 85,9% de quienes lo apoyaron hace tres años repetiría actualmente, frente al 77,5% del PP y el 68,4% del PSOE. También tiene un electorado especialmente movilizado, con un 71,6% que asegura que acudirá a votar con total seguridad.
La izquierda pierde terreno
El problema para el bloque progresista no se limita al descenso del PSOE. Sumar se queda en el 5,7% y Podemos en el 2,8%, de manera que ninguna de las dos fuerzas capitaliza el retroceso socialista. Entre ambas suman un 8,5%, lejos del 12,3% obtenido conjuntamente por el espacio que concurrió agrupado en las generales de 2023. PSOE, Sumar y Podemos alcanzan en conjunto el 36,1%, más de 16 puntos por debajo del 52,4% que reúnen PP, Vox y Se Acabó la Fiesta.
También resulta preocupante para los socialistas la dirección de sus pérdidas. Entre quienes votaron al PSOE en 2023 son más los que ahora se desplazan hacia el PP, un 6,8%, o Vox, un 4,3%, que quienes se inclinan por Sumar, un 3,9%, o Podemos, menos del 2%. El PSOE conserva su principal fortaleza entre los mayores de 65 años. Vox presenta el patrón inverso y aparece como la fuerza con mayor intención directa de voto entre los menores de 35 años, lo que confirma que su crecimiento precede a Ceuta y tiene raíces más profundas que la actual crisis.
Una percepción que amplifica la crisis
Existe además una distancia relevante entre la situación real y la percepción ciudadana. Pese a que la gran mayoría de quienes entraron en Ceuta ya había regresado a Marruecos cuando se realizó la encuesta, un 57,3% creía que todavía permanecía en la ciudad la mitad o más. La preocupación social se construye así sobre una imagen de permanencia de la crisis considerablemente superior a la realidad. A ello se añade la expectativa ampliamente extendida de que acontecimientos semejantes volverán a repetirse.
La relación entre estos datos y la intención de voto exige cautela. Una encuesta realizada después de Ceuta no permite demostrar que la crisis haya causado el avance de PP y Vox. La derecha ya encabezaba las estimaciones y Vox lleva buena parte de la legislatura creciendo. Pero sí permite observar cómo un episodio de enorme impacto desplaza el debate hacia cuestiones sobre las que las preferencias sociales se han endurecido y donde la derecha dispone de mayor credibilidad entre los electores.
Ese mecanismo beneficia especialmente a quien lleva más tiempo situando la inmigración en el centro de su oferta política. PP y Vox avanzan cuando la crisis de Ceuta domina la agenda, pero es Abascal quien obtiene una ventaja específica dentro de ese bloque. La ultraderecha no necesita que todos los ciudadanos compartan su programa migratorio. Le basta con que inmigración, fronteras y seguridad ocupen una posición central en el debate y que una parte creciente de la sociedad considere prioritarias respuestas más restrictivas. Los datos de 40dB muestran que ese escenario ya existe.