Junts vota con PP y Vox la dimisión simbólica de Sánchez

26 juin 2026 - 10:27

El último pleno ordinario del Congreso antes del verano dejó al Gobierno de Pedro Sánchez con tres derrotas en una sola jornada: una moción no vinculante que le insta a dimitir y a plantear una cuestión de confianza, aprobada con los votos de PP, Vox y Junts per Catalunya, y el rechazo de un decreto de créditos extraordinarios para Renfe y otras empresas públicas. El Ejecutivo descartó cualquier efecto práctico de las votaciones y retó a la oposición a presentar una moción de censura.

El Congreso de los Diputados cerró este jueves su último pleno ordinario antes del paréntesis estival con una imagen que condensa el momento político de la legislatura: el Gobierno de Pedro Sánchez encajó tres derrotas consecutivas, incluida una moción del Partido Popular (PP) que insta al presidente a considerar una cuestión de confianza y a asumir su dimisión por la acumulación de investigaciones por corrupción en su entorno. La iniciativa salió adelante con 178 votos a favor y 171 en contra gracias al concurso de Junts per Catalunya (JxCat), que completó así el tercer punto aprobado de los cinco que integraban la moción original. Los dos primeros, que reclamaban la convocatoria inmediata de elecciones y la dimisión en bloque del Ejecutivo, habían sido inadmitidos previamente por la Mesa del Congreso.

El resultado consolida una tendencia que el propio pleno ilustró con nitidez: JxCat no actúa como bloque estable de ninguna de las dos grandes coaliciones. En la misma sesión en que votó con PP y Vox para exigir la dimisión del presidente, la formación de Carles Puigdemont se abstuvo en otro punto de la moción, se ausentó de una votación casi idéntica celebrada el miércoles en el Senado —aprobada por 145 votos frente a 106 sin su participación— y respaldó dos leyes del bloque de investidura: la que prohíbe las terapias de conversión LGTBIQ+ y la transferencia de la autopista AP-9 a la Xunta de Galicia. «Votar lo mismo no es votar juntos», resumió la dirección del grupo parlamentario de JxCat para explicar su lógica de voto iniciativa por iniciativa.

Tres derrotas en una sesión

La primera derrota de la jornada fue la propia moción. El cuarto punto, que exige a Sánchez asumir responsabilidades «en forma de dimisión» ante la acumulación de investigaciones sobre corrupción, obtuvo 177 votos a favor, uno de abstención y 171 en contra, de nuevo con el respaldo de JxCat. El quinto punto, que reprocha el veto de la Mesa a determinadas iniciativas parlamentarias, se aprobó con 171 votos a favor y 166 en contra, en este caso con la abstención de la formación posconvergente. La secuencia de votaciones, en la que JxCat moduló su posición punto a punto, reflejó la estrategia que el partido practica desde hace meses: máxima presión sobre el Ejecutivo sin comprometerse con ninguna alternativa de gobierno.

La segunda derrota llegó cuando JxCat volvió a alinearse con PP y Vox para tumbar el decreto del Ministerio de Transportes que contemplaba créditos extraordinarios por cerca de 1.000 millones de euros para Renfe, Puertos del Estado, Salvamento Marítimo y el Instituto de Comercio Exterior. El ministro Óscar Puente intentó sin éxito que la formación separara el contenido técnico de la norma de la confrontación política, subrayando que parte de las inversiones irían destinadas a Rodalies y al puerto de Tarragona. Era la quinta vez en lo que va de año que el Gobierno veía rechazado un decreto por falta de acuerdo con JxCat. La tercera derrota, de menor calado, fue la inadmisión de los dos primeros puntos de la moción por la propia Mesa.

El cálculo de Junts

El diputado de JxCat Josep Maria Cruset utilizó la tribuna del Congreso para elevar la presión sobre el Ejecutivo sin ambigüedad. «Los socialistas deben saber que cada vez están más tocados, hundidos y asediados por la corrupción», advirtió, para añadir a continuación que sin mayoría parlamentaria el Gobierno «no puede contar con nuestros siete votos». La fórmula de JxCat sigue siendo la misma desde hace semanas: que Sánchez dé un paso al lado y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) proponga otro candidato para agotar la legislatura, la llamada «vía Starmer», que la Mesa del Congreso también inadmitió como enmienda a la moción.

La posición de JxCat tiene una tensión interna que varios analistas señalan: el partido pierde votos por la competencia de Aliança Catalana y necesita exhibir resultados ante su electorado, pero un apoyo a una moción de censura del PP con los votos de Vox tendría un coste político en Cataluña que la formación considera inasumible. El PP, por su parte, celebró la jornada como un éxito de proyección política. Alberto Núñez Feijóo afirmó haber tomado «buena nota» de lo expresado por la Cámara y sostuvo que existe «un antes y un después del sanchismo», aunque evitó concretar sus próximos pasos y no descartó ni confirmó la presentación de una moción de censura.

El Gobierno resta efectos a la votación

El Ejecutivo respondió con una lectura jurídica destinada a neutralizar el impacto político de las votaciones. El ministro de Justicia, Félix Bolaños, señaló nada más producirse el resultado que «esta votación tiene efecto político cero», argumentando que la moción no es vinculante y que tanto la dimisión como la convocatoria de una cuestión de confianza son prerrogativas exclusivas del presidente del Gobierno, a las que nadie puede obligarle por vía parlamentaria. Fuentes del Ejecutivo insistieron en que JxCat está evitando hacer lo único que realmente podría tumbar a Sánchez: respaldar una moción de censura del PP.

La jornada dejó también un saldo positivo para el Gobierno, aunque de menor envergadura política. El Congreso convalidó la prórroga de los descuentos al transporte para jóvenes, dotada con 130 millones de euros, con la abstención de JxCat, lo que permitió al bloque de investidura apuntarse una victoria en medio de las derrotas. Aunque el Congreso volverá a reunirse en la segunda quincena de julio para dos plenos extraordinarios, el último pleno ordinario antes del verano fijó una fotografía precisa del estado de la legislatura: un Gobierno que gestiona su supervivencia victoria a victoria, y una oposición que acumula presión simbólica sin haber construido todavía la mayoría alternativa que le permita sustituirlo.

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