Defensa sostiene que desde el 9 de julio se trasladaron advertencias escritas, verbales y por mensajería sobre el aumento de la presión migratoria. Interior admite que recibió información, pero asegura que ninguna permitía anticipar una entrada de las dimensiones del 30 de julio. La controversia se desplaza ahora hacia cómo fueron evaluadas esas señales y por qué no activaron mayores medidas preventivas.
La controversia sobre qué sabía el Gobierno antes de la entrada masiva de migrantes en Ceuta ha adquirido una dimensión diferente. Fuentes de Defensa sostienen que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) trasladó durante julio siete avisos operativos relacionados con el riesgo de un incremento importante de las entradas irregulares por mar. Interior no niega que recibiera información, pero mantiene que ninguna de esas comunicaciones permitía prever una avalancha de las dimensiones registradas los días 30 y 31 de julio. La cuestión deja así de reducirse a si existió o no un «informe» y se desplaza hacia el contenido de las alertas, su valoración y las decisiones adoptadas a partir de ellas.
Según la información publicada por El Periódico, que cita fuentes de Defensa, el CNI venía advirtiendo desde enero de manera genérica sobre la presión migratoria y comenzó a transmitir información más operativa desde el 9 de julio. Las siete comunicaciones posteriores se habrían realizado por tres vías diferentes: notas escritas, intercambios verbales en reuniones y mensajería telefónica. Todas advertían de un incremento notable de las entradas irregulares por mar, aunque ninguna anticipaba una movilización de unas 80.000 personas ni utilizaba el término «asalto». Esa diferencia resulta fundamental para determinar hasta dónde llegaba realmente la capacidad de anticipación de los servicios de inteligencia.
Una alerta especialmente relevante el 29 de julio
El último aviso conocido se produjo el 29 de julio, apenas un día antes del comienzo de la avalancha. El CNI habría informado entonces del intenso movimiento registrado en redes sociales marroquíes alrededor de una convocatoria para intentar entrar en Ceuta al día siguiente, coincidiendo con la Fiesta del Trono. La principal cuenta de Facebook vinculada a un gran grupo de WhatsApp denominado «Todos a Ceuta» había experimentado un crecimiento exponencial hasta superar los 180.000 seguidores. La propia Margarita Robles aseguró en el Congreso que los agentes del servicio de inteligencia destinados en la ciudad trasladaron información sobre esa convocatoria a los interlocutores responsables de la seguridad.
No era la única señal disponible. La Guardia Civil había elevado el 27 de julio un informe que contabilizaba alrededor de un millar de entradas a nado durante ese mes. Interior sostiene que esa evolución no provocó una movilización extraordinaria porque episodios similares se habían registrado en 2024 y 2025, incluso con cifras superiores en determinados momentos. Tampoco se suspendieron las vacaciones de los agentes destinados en Ceuta. Sí se habían ordenado desde el 9 de julio refuerzos de la vigilancia marítima, medios navales adicionales y estudios para instalar nuevas barreras compatibles con la sentencia del Tribunal Supremo que había limitado las devoluciones en caliente.
Defensa e Interior discrepan sobre el valor de la información
Ahí reside el núcleo de una discrepancia que inicialmente apareció como una contradicción absoluta. Robles afirmó ante el Congreso que el CNI había realizado la labor que le correspondía y había compartido información con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y personal de la Delegación del Gobierno. Fernando Grande-Marlaska sostuvo prácticamente al mismo tiempo que «no había ningún informe» que permitiera atisbar lo sucedido el 30 de julio. La Delegación del Gobierno en Ceuta también negó haber recibido un documento que advirtiera de la magnitud de lo que iba a ocurrir.
La información conocida posteriormente introduce un matiz decisivo. Defensa sostiene que las alertas no circularon exclusivamente mediante informes formales, mientras Interior considera que las comunicaciones recibidas eran demasiado genéricas o recogían fenómenos ya conocidos. Según las fuentes citadas por El Periódico, un aviso del CNI llegado a la Guardia Civil no recibió especial consideración porque sus responsables entendieron que aportaba información de la que ya disponían. Por tanto, las dos posiciones pueden coincidir en un punto esencial: existieron señales de un aumento de la presión migratoria, pero ninguna cuantificó ni anticipó la dimensión excepcional que alcanzaría pocas horas después.
Qué se sabía y qué se hizo con esos datos
La controversia adquiere así una dimensión más relevante que el enfrentamiento personal entre los titulares de Defensa e Interior. Si existieron sucesivas comunicaciones sobre el aumento de las entradas, una convocatoria concreta para el 30 de julio, una rápida movilización en redes y datos policiales que acreditaban una presión creciente, la cuestión pendiente es cómo se integró toda esa información y qué evaluación de riesgo realizó el dispositivo de seguridad. Que ninguna fuente anticipase una entrada de 80.000 personas impide presentar los avisos como una predicción desatendida. Pero tampoco permite sostener que las autoridades carecieran por completo de señales previas sobre una situación que estaba deteriorándose.
La información disponible añade otro elemento relevante. Según las fuentes citadas, los contactos del CNI con las fuerzas auxiliares marroquíes habían constatado antes del 30 de julio un incremento significativo de personas en Castillejos, localidad fronteriza desde la que partieron numerosos nadadores. Desde los servicios policiales marroquíes también habrían llegado a Interior referencias al aumento de mensajes en redes sociales de personas que pretendían entrar en Ceuta. Este dato no demuestra que Rabat conociera de antemano la dimensión que alcanzaría la movilización ni permite atribuirle su organización, pero sí cuestiona la idea de una ausencia completa de señales a ambos lados de la frontera.
Marlaska comparecerá este viernes en el Congreso con una controversia, por tanto, más precisa que la planteada inicialmente. No tendrá que responder únicamente a la afirmación de Robles de que el CNI hizo su trabajo, sino explicar qué comunicaciones recibió Interior, qué valoración hicieron de ellas sus responsables y por qué las señales acumuladas no llevaron a reforzar de manera extraordinaria el dispositivo antes del 30 de julio. El interrogante fundamental ya no es si alguien predijo exactamente una avalancha sin precedentes. Es si el Estado dispuso de suficientes indicios para comprender que el riesgo estaba aumentando y si reaccionó de manera proporcionada a la información que tenía.