¿Ha tocado Vox su techo electoral?

23 mars 2026 - 20:59

Los resultados de las elecciones autonómicas de Castilla y León han reavivado la discusión sobre el recorrido de Vox. El partido de Abascal obtuvo el 18,92% de los votos, su mejor registro histórico en porcentaje en unas elecciones autonómicas, pero quedó por debajo de las expectativas internas que apuntaban a superar el 20%. Politólogos consultados discrepan sobre si la formación ha llegado a su techo o atraviesa una fase de consolidación con margen de crecimiento.Por algo más de 3.000 votos, el debate sobre Vox podría haber tenido otro tono. Con 1.680 papeletas más en Valladolid, 284 en Zamora y 1.068 en Segovia, el partido hubiera sumado tres escaños adicionales para alcanzar 17 en el Parlamento regional, en lugar de los 14 finalmente obtenidos. En un cuerpo electoral de 1.250.000 votantes, ese margen es estadísticamente estrecho, pero políticamente significativo. La noche electoral dejó a Abascal en una posición incómoda: había batido su récord histórico de voto en unas autonómicas y, al mismo tiempo, se quedaba lejos del umbral que él mismo había anticipado como objetivo. Las declaraciones del líder de Vox, en las que insistió repetidamente en haber «roto su techo electoral», generaron el efecto contrario al buscado y alimentaron la duda sobre si la formación ha llegado a su límite.

El resultado se produce en un contexto de tensión interna en el partido y de relaciones complejas con el Partido Popular (PP), su eventual socio de gobierno en varias comunidades autónomas. Vox y el PP negocian en distintos territorios con una dinámica que oscila entre la competencia por el mismo electorado y la necesidad mutua de sumar mayorías. Ese equilibrio inestable constituye uno de los factores centrales que los analistas señalan para entender la evolución futura del espacio de la extrema derecha en España, en un momento en que los sondeos reflejan cierto frenazo tras más de un año de ascenso en las encuestas nacionales.

El politólogo Juanjo Domínguez descarta cualquier interpretación pesimista sobre el recorrido de Vox: «No tiene techo a corto plazo» por dos razones que identifica como estructurales. La primera es demográfica: el segmento de mayor afinidad con el partido se concentra entre los votantes jóvenes, que representan el electorado del futuro. La segunda es de ciclo político: «Hay una tendencia a escala global en Occidente donde la ultraderecha vive un momento dulce». En su análisis, el resultado de Castilla y León no indica estancamiento sino que refleja, en parte, el efecto de voto disperso hacia Se Acabó la Fiesta (SALF), la formación liderada por Álvaro Núñez Feijóo. Para Domínguez, ese voto es recuperable: «El de SALF es un voto friki, de descontento, pero si ese votante percibe que Vox está más cerca de lograr algo, se irá a Vox».

Un resultado récord que no convenció a los propios

María Silvestre Cabrera, catedrática de Sociología de la Universidad de Deusto y directora del Deustobarómetro social, propone una lectura más matizada. A su juicio, hablar de techo es inexacto: «Más que un techo, lo que se observa es un cambio de fase». Vox habría dejado atrás el crecimiento explosivo de sus primeros años para entrar en «una especie de meseta expansiva», en la que el avance no es brusco pero tampoco hay retroceso, mientras el partido se consolida como actor con capacidad de influir en la formación de gobiernos. Silvestre Cabrera apunta a un elemento que considera decisivo y que ubica fuera del propio partido: «La normalización que está alcanzando Vox se la debe principalmente al PP, que ha legitimado el discurso y las demandas de la extrema derecha, apropiándose de algunas y abriendo debates políticos que estaban cerrados».

Mikel Gómez, del equipo de análisis Silvan & Miracle, añade otra variable sobre el comportamiento del votante. En su lectura de los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), identifica dos tipos de electorado que confluyen en Vox: uno con alta afinidad ideológica al partido y otro que vota «para evitar que salga otro partido», sin fidelidad programática. Ese segundo segmento es, en su criterio, el más volátil: «Es posible que esos votantes migren a otro partido» dependiendo de cómo evolucione la oferta electoral en los próximos comicios. La distinción es relevante porque determina la solidez del suelo electoral de la formación frente a posibles competidores en el espacio de la derecha radical.

La tesis de la meseta frente a la del crecimiento sostenido

Xavier Calafat, politólogo de la Universitat de València, considera que mantenerse en el entorno del 20% ya sitúa a Vox en una posición de influencia determinante en la política nacional, aunque señala dificultades para la conquista de nuevos caladeros de voto. El dato que utiliza para ilustrar el límite es revelador: solo el 9,8% de los votantes del PP afirman preferir a Abascal sobre Alberto Núñez Feijóo como presidente. «Si Abascal no ha mejorado en este indicador, algo no está saliendo bien si el objetivo es suplantar al PP», argumenta. El obstáculo es estructural: el electorado histórico del PP está culturalmente vinculado a los valores de la Transición y la monarquía, dos referencias con las que Vox mantiene una relación de tensión permanente.

Itziar García Carretero, analista de comunicación política, coincide en que el factor PP es determinante. En su lectura, Vox solo seguirá creciendo en dos escenarios: un PP «débil, sin rumbo, fragmentado y excesivamente centrado», o bien la activación del electorado mediante «tensiones territoriales, choques culturales o crisis migratorias», ya que la formación tiene dificultades para atraer a un votante más transversal. Isaac Hernández, consultor político, añade un argumento basado en el comportamiento de voto: «La gente premia la gratitud y Vox no puede vender lo que ha hecho, porque no ha hecho nada». En su investigación sobre las motivaciones del electorado, Hernández detecta que el 33% de los ciudadanos vota según el candidato y que los vetos de Vox a determinados medios de comunicación le hacen perder fuerza ante ese segmento.

Los factores que pueden frenar o acelerar el avance

El contexto geopolítico de las últimas semanas introduce una variable nueva en el análisis. La guerra en Irán y sus consecuencias económicas han reordenado, según varios sondeos recientes, el mapa de intención de voto en España, con una caída registrada de Vox en algunas encuestas y una recuperación de los partidos mayoritarios. Ese movimiento podría responder a la lógica descrita por los analistas: en momentos de crisis institucional, los votantes menos fieles a Vox tienden a reagruparse en torno a opciones percibidas como más solventes para gestionar la emergencia.

El resultado final de Castilla y León, con independencia de la lectura que cada partido haga de él, confirma que Vox es ya un actor estable del sistema político español. Con 14 escaños en el Parlamento autonómico castellanoleonés, el partido ha consolidado una presencia que le otorga capacidad de negociación real. La pregunta que plantean los politólogos consultados no es si Vox sobrevivirá, sino si tiene potencial para crecer más allá de la franja del 18% al 20% en la que ha instalado su suelo electoral, o si ese rango constituye el equilibrio en el que se estabilizará como fuerza de presión permanente sobre la derecha española.

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