Guardiola tiende la mano a Vox en su discurso de investidura sin un acuerdo cerrado

03 mars 2026 - 23:15

La presidenta en funciones de Extremadura pronunció un discurso cargado de guiños a la extrema derecha —sin mencionar el feminismo, con críticas a la migración y al Pacto Verde europeo— en un intento de desbloquear una investidura que se encamina al fracaso en la primera votación del miércoles. El PP traslada sus esperanzas a la segunda votación del viernes, en la que bastaría la abstención de Vox para que Guardiola repita al frente de la Junta de Extremadura. El líder de la formación ultraderechista, Santiago Abascal, no ha dado señales de ceder.

María Guardiola compareció este martes ante la Asamblea de Extremadura para pronunciar su discurso de investidura en una situación política inédita: candidata del Partido Popular (PP) sin acuerdo previo con ningún socio parlamentario que garantice su reelección. La dirigente popular, presidenta en funciones de la comunidad autónoma española, optó por construir un discurso orientado a seducir a Vox —el partido de extrema derecha sin cuyo concurso la aritmética resulta imposible— aunque sin llegar a anunciar un pacto de gobierno ni compromisos concretos. «No hay un muro entre nosotros», fue la frase más directa que Guardiola dirigió a la formación de Santiago Abascal en una intervención de menos de una hora.

La Asamblea de Extremadura cuenta con 65 diputados: 29 del PP, 24 del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), 11 de Vox y uno de la coalición Unidas por Extremadura. Para salir elegida en la primera votación, prevista para este miércoles, Guardiola necesita la mayoría absoluta, es decir, 33 votos. Sin el respaldo de Vox, esa cifra es matemáticamente inalcanzable. Si fracasa la primera votación, el reglamento parlamentario prevé una segunda 48 horas después —el viernes 6 de marzo— en la que basta la mayoría simple: más votos a favor que en contra. En ese escenario, la sola abstención de Vox permitiría a Guardiola ser investida presidenta.

Un discurso a medida de la extrema derecha

El contenido del discurso de Guardiola siguió un patrón ya visto en otras investiduras del PP condicionadas por Vox. La candidata no pronunció en ningún momento la palabra «feminismo», apenas hizo mención a las políticas de igualdad y de género, y presentó la inmigración como un fenómeno que puede convertirse en «un enorme problema» si no se aborda con las medidas adecuadas. También cargó contra el Pacto Verde Europeo —el conjunto de políticas medioambientales de la Unión Europea (UE)— por dañar a los agricultores y hacer «inviable la rentabilidad de sus explotaciones», y se mostró favorable a la energía nuclear, que definió como «presente y futuro» de Extremadura.

Guardiola también criticó el acuerdo de libre comercio entre la UE y el bloque Mercosur —integrado por Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia—, otro de los puntos que agradan a Vox, y dedicó cuatro menciones al «separatismo» catalán en un discurso pensado para gobernar Extremadura. Arremetió contra Pedro Sánchez por su propuesta de financiación singular a Cataluña y por reunirse con Oriol Junqueras, líder de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), partido independentista: «Han negociado con alguien que no está legitimado para ello, que no ostenta ningún cargo político, que está inhabilitado», señaló. Anunció también una futura ley de apoyo a las familias destinada a impulsar la natalidad y reconocer su valor social, otra medida sintónica con las prioridades de Vox.

Las exigencias de Vox y el pulso de Abascal

Pese al tono conciliador del discurso, Vox no ha dado señales de que vaya a respaldar la investidura en la primera votación. La portavoz de Vox en el Congreso de los Diputados —la cámara baja del Parlamento nacional—, Pepa Millán, había dejado claro horas antes que la decisión de su partido dependería «del todo» del contenido del discurso de Guardiola: «En su mano estará la capacidad de formar gobierno o no», afirmó. El líder nacional de Vox, Santiago Abascal, fue aún más explícito desde Almazán, en la provincia de Soria, donde participa en la precampaña electoral de Castilla y León. Abascal condicionó cualquier pacto en Extremadura y Aragón a un «cambio de rumbo radical» del PP que ofrezca «garantías» a su formación.

El jefe de Vox argumentó que su partido no había abandonado en 2024 los gobiernos de coalición autonómicos que compartía con el PP —incluido el extremeño— para volver a respaldar ejecutivos que, a su juicio, «hagan exactamente lo mismo» que motivó su salida. Vox exige un acuerdo integral de gobierno, no una simple abstención técnica. Sus demandas conocidas incluyen una vicepresidencia de nueva creación con competencias en interior, seguridad e inmigración, dos consejerías y el control de los informativos de Canal Extremadura, la televisión pública regional. «No hemos salido de unos gobiernos para volver ahora a investir a un gobierno que haga exactamente lo mismo», reiteró Abascal.

En junio de 2023, cuando Guardiola fue investida por primera vez, el acuerdo con Vox estaba cerrado antes de que comenzara el debate: 60 medidas pactadas en más de un mes de negociaciones, que incluyeron la incorporación de la formación al gobierno autonómico con una consejería de nueva creación. Hoy, dos años y medio después, no hay acuerdo anunciado ni medidas cerradas sobre la mesa, y las negociaciones, según todas las fuentes consultadas, siguen sin superar la primera fase.

La estrategia del PP: apostar por la abstención del viernes

El PP ha trasladado públicamente su estrategia para los próximos días. La dirección nacional del partido, conocida como Génova por su ubicación en esa calle madrileña, aseguró en un comunicado que está «negociando con discreción» para lograr que Vox no vote junto al PSOE en la segunda votación del viernes, lo que bastaría para que Guardiola fuera investida. «Si Vox no vota con el PSOE, María sería presidenta este viernes», afirmaron los populares, añadiendo que ningún votante de Abascal «quiere ver a su partido votando con la izquierda en contra de un Gobierno de centro-derecha».

La dirección nacional del PP, que desde hace una semana gestiona directamente las negociaciones a través del secretario general Miguel Tellado, trabaja en paralelo en las dos investiduras pendientes: Extremadura y Aragón, donde el candidato popular Jorge Azcón también necesita el concurso de Vox. Los populares han descartado que los plazos electorales de Castilla y León —donde se celebrarán elecciones en las próximas semanas— deban condicionar los procesos de las otras dos comunidades. Si en el plazo de dos meses ningún candidato obtiene la confianza de la Asamblea extremeña, la cámara se disuelve automáticamente y se convocan nuevas elecciones regionales, un escenario que el PP quiere evitar a toda costa y que Abascal, de momento, no descarta.

 

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