La presidenta extremeña en funciones ha afirmado que el feminismo que ella defiende es el mismo que defiende Vox, marcando un cambio sustancial respecto a las posiciones que misma expresó hace unos días cuando rechazó gobernar con un partido que calificó de machista, xenófobo y homófobo. El giro se produce en un contexto de bloqueo negociador a menos de dos semanas de la investidura del 3 de marzo, después de que la dirección nacional del PP defendiera públicamente que prefería una abstención del PSOE que una coalición con la extrema derecha.
La presidenta de la Junta de Extremadura en funciones, María Guardiola, ha protagonizado un cambio radical de posición respecto a Vox en apenas unos días, pasando de reclamar públicamente la abstención del PSOE para evitar una coalición con la ultraderecha a defender que comparte el mismo feminismo que la formación de Santiago Abascal. En una entrevista concedida a OkDiario publicada este domingo, Guardiola afirmó que quiere a Vox como socio de gobierno y que les une mucho más de lo que les separa, asumiendo abiertamente planteamientos ideológicos de la extrema derecha en un intento por desbloquear una negociación que se encuentra estancada a menos de dos semanas del plazo límite para la investidura.
La frase más controvertida de la entrevista se produjo cuando la periodista Pilar R. Losantos le preguntó si el feminismo podría ser un escollo en la negociación. Guardiola respondió que el feminismo que defiende es el feminismo que defiende Vox, estableciendo una equiparación ideológica con un partido que niega la existencia de la violencia de género y que propone derogar las leyes de igualdad. La presidenta extremeña contrapuso su posición al feminismo de Irene Montero, a quien acusó de sacar violadores a la calle en referencia a la reforma de la ley del solo sí es sí, una afirmación que reproduce el argumentario de la derecha pese a que los datos oficiales desmienten que la reforma provocara una excarcelación masiva de condenados.
El cambio de posición de Guardiola contrasta frontalmente con las declaraciones que ella misma realizó tras las elecciones autonómicas de 2023, cuando rechazó un gobierno de coalición con Vox afirmando que no podía dejar entrar en el Ejecutivo a quienes niegan la violencia machista, usan el trazo gordo, deshumanizan a los inmigrantes y tiran a una papelera la bandera LGTBI. Aquellas palabras, que definían a Vox como un partido machista, racista y homófobo, fueron pronunciadas por la misma dirigente que ahora asegura compartir el feminismo de la extrema derecha, evidenciando un giro de ciento ochenta grados que responde más a las necesidades tácticas de la negociación que a una evolución ideológica coherente.
La contradicción con la estrategia defendida por Génova
El viraje de Guardiola hacia Vox resulta aún más llamativo porque se produce apenas unos días después de que la dirección nacional del PP defendiera públicamente una estrategia opuesta. Fuentes de la cúpula popular en el Congreso aseguraron el pasado miércoles que preferían una abstención del PSOE antes que gobernar en coalición con Vox, apoyando explícitamente la petición pública lanzada por la propia Guardiola en ese sentido. La dirección de Alberto Núñez Feijóo manifestó que postergar la negociación en Extremadura era una mala noticia y que debía haber investidura lo antes posible, pero sin ceder a las exigencias desproporcionadas de la extrema derecha.
Estas mismas fuentes del PP indicaron que si Vox no rebajaba sus pretensiones, el escenario se complicaría, y se dirigieron al PSOE afirmando que si los socialistas querían frenar a la extrema derecha, el camino era investir a Guardiola mediante una abstención. La estrategia consistía en presionar a Vox presentando una alternativa que dejara a la ultraderecha fuera del Gobierno, aunque posteriormente matizaron sus palabras señalando que con carácter general prefieren gobiernos en solitario antes que entregar poder a otros partidos. El ejemplo de Cantabria en 2023, cuando el PRC se abstuvo para investir al PP y evitar la entrada de Vox en el Gobierno autonómico, se citó como precedente de esta estrategia.
Sin embargo, Guardiola ha descartado por completo esa vía y ahora centra todos sus esfuerzos en alcanzar un acuerdo con Vox, pese a que la negociación se encuentra bloqueada por las exigencias de la extrema derecha. La presidenta extremeña en funciones ha defendido que los votantes han hablado alto y claro y que su responsabilidad es conformar un pacto de gobierno que dé estabilidad a la región, rechazando cualquier aproximación al PSOE al que acusa de querer destruir Extremadura. El cambio de estrategia evidencia las tensiones internas del PP entre quienes defienden mantener distancias con Vox y quienes consideran inevitable la coalición para garantizar la gobernabilidad en territorios donde los populares no alcanzan la mayoría absoluta.
La secretaria de Igualdad del PSOE federal, Pilar Bernabé, criticó duramente las declaraciones de Guardiola afirmando que siente mucha vergüenza como mujer al escuchar a la presidenta extremeña decir que su feminismo coincide con el de Vox. Bernabé subrayó que ahora más que nunca queda claro que las derechas de este país son un peligro para las mujeres, enmarcando las palabras de Guardiola en una estrategia más amplia del PP de acercamiento a posiciones ultraconservadoras en materia de igualdad. Las críticas desde el ámbito feminista y progresista se han intensificado, considerando que las declaraciones de Guardiola normalizan el discurso negacionista de la violencia de género que caracteriza a la extrema derecha.
El bloqueo negociador y la amenaza de repetición electoral
Pese al acercamiento discursivo de Guardiola, Vox mantiene una posición de máxima exigencia y ha respondido con escepticismo a las palabras de la presidenta extremeña. El portavoz nacional de Vox, José Antonio Fúster, pidió este lunes hechos y no palabras, señalando que ambas formaciones todavía están lejos de sellar un acuerdo para un gobierno de coalición. Fúster estableció un contraste entre la Guardiola que ahora dice estar en sintonía con Vox y la que llamó “señoro” a Abascal o la de la campaña electoral, sugiriendo que la dirigente popular ha pactado más con el PSOE que con la extrema derecha durante la pasada legislatura.
El portavoz de Vox reclamó al PP que rectifique si cree que se ha equivocado gravemente siendo aliado del PSOE, estableciendo como condición para un acuerdo que los populares asuman plenamente el programa de la extrema derecha en áreas como políticas ecológicas, inmigración, gasto político, fiscalidad, memoria histórica e ideología de género. Fúster dejó claro que Vox no negocia en ruedas de prensa ni en entrevistas en medios de comunicación, y que la música está bien pero falta la letra, que debe poner Guardiola sentándose y ofreciendo propuestas concretas. El portavoz nacional adelantó que Vox no se abstendrá en la segunda votación de investidura, donde bastaría una mayoría simple, descartando cualquier fórmula que permita un gobierno del PP en solitario.
La primera sesión de investidura de Guardiola tendrá lugar el 3 de marzo, fecha límite según los plazos del reglamento de la Asamblea de Extremadura. La presidenta en funciones necesita mayoría absoluta en esta primera votación, algo imposible sin el apoyo de Vox que cuenta con cuatro diputados. Si la investidura fracasa, Guardiola dispondrá de dos meses para constituir gobierno antes de que se convoque automáticamente una repetición electoral, un escenario que la dirección nacional del PP contempla con preocupación. Las fuentes populares consideran que repetir elecciones no alteraría sustancialmente el equilibrio de fuerzas, como ocurrió en las convocatorias de 2016 y 2019 a nivel nacional, y temen que una nueva cita electoral en Extremadura añada incertidumbre a un escenario ya tensionado.
El PSOE ha descartado de manera rotunda facilitar la investidura de Guardiola mediante una abstención. Fuentes de Ferraz confirmaron que no va a haber abstención, rechazando convertirse en la muleta de la derecha y la extrema derecha. Pese a que el alcalde de Mérida, Antonio Rodríguez Osuna, abrió la puerta a explorar esta posibilidad si fracasan las negociaciones entre PP y Vox, la dirección regional y federal del partido mantienen una posición unificada de rechazo. Los socialistas argumentan que facilitar un gobierno de Guardiola sin un acuerdo programático sólido no generaría estabilidad sino inestabilidad, y que si el PP quiere gobernar debe llegar a un entendimiento con sus socios naturales de la derecha sin pretender que la izquierda les resuelva sus contradicciones internas.