Alberto Núñez Feijóo ha planteado directamente a Junts per Catalunya y al Partido Nacionalista Vasco un pacto para presentar una moción de censura contra Pedro Sánchez con el compromiso explícito de convocar elecciones generales de inmediato si la iniciativa prospera. El líder del Partido Popular subraya que la moción sería instrumental: no gobernaría con ninguno de los dos partidos. La aritmética parlamentaria exige al PP los siete escaños de Junts para alcanzar la mayoría absoluta de 176 diputados.
Alberto Núñez Feijóo planteó en una entrevista a Servimedia un ofrecimiento directo a Junts per Catalunya y al Partido Nacionalista Vasco para impulsar una moción de censura contra Pedro Sánchez con un compromiso explícito: si la iniciativa prospera, convocaría elecciones generales de inmediato. «La moción de censura la plantearía para convocar elecciones», afirmó el líder del Partido Popular (PP), subrayando que su objetivo no es gobernar en coalición con los partidos independentistas, sino forzar una nueva cita electoral que le permitiera concurrir con opciones reales de mayoría.
Feijóo dejó claro que pactar una fecha de convocatoria no le genera reservas políticas: «Yo no tengo ningún inconveniente en pactar una fecha», aseguró, recordando que la presente legislatura se encamina a su tercer año sin que el Ejecutivo haya presentado ningún proyecto de presupuestos, una situación que el líder popular califica de inédita en la historia democrática española. El ofrecimiento a Junts y al Partido Nacionalista Vasco (PNV) representa un giro táctico en la estrategia de la oposición, que lleva meses calibrando los tiempos para formalizar la iniciativa.
La oferta a Junts y el veto del PNV a Vox
La propuesta parte de un cálculo aritmético preciso. El PP y Vox suman 170 escaños, seis por debajo de los 176 que constituyen la mayoría absoluta. Los siete diputados de Junts serían suficientes para completar esa cifra. En las últimas semanas, Junts ha suscrito con el PP diversas modificaciones legislativas en contra del criterio del Gobierno, lo que en el entorno de Feijóo se interpreta como una señal de que el partido de Carles Puigdemont mantiene abierta una línea de comunicación con la oposición conservadora.
El razonamiento del PP sobre Junts es el siguiente: si el partido independentista continúa vinculado al Ejecutivo de Sánchez, perderá margen de negociación con un futuro gobierno popular en la Moncloa. Feijóo argumentó que Sánchez está usando la situación judicial del exdirigente catalán «para tener al señor Puigdemont cercado judicialmente» y dosificar sus decisiones con el fin de agotar la legislatura. En la lectura del PP, Junts se expone a perder todos sus activos negociadores si el Gobierno logra llegar al final del mandato sin que el partido haya materializado sus demandas de fondo.
La aritmética y sus obstáculos
La respuesta del PNV complica la ecuación. Maribel Vaquero, portavoz del partido en el Congreso, descartó en declaraciones públicas que los nacionalistas vascos «nunca va a dar apoyo a una ecuación en la que esté Vox». La condición implícita del ofrecimiento de Feijóo —que Vox respaldaría la moción desde el bloque de los 170— choca de frente con esa posición, aunque el PNV ha iniciado un deshielo con el PP a raíz de una llamada del portavoz parlamentario Aitor Esteban a Feijóo, que se ha producido en los últimos meses y que abre una vía de comunicación no traducida todavía en compromisos concretos.
Coalición Canaria, con un escaño en el Congreso, ha señalado igualmente que no apoyaría una moción en la que participara Vox. El resultado es que el PP necesita a Junts para alcanzar los 176 votos, pero que incorporar a Junts a una moción impulsada desde el bloque PP-Vox requeriría que el partido de Puigdemont asumiera una contradicción política de primer orden: respaldar una iniciativa sostenida por la misma formación de extrema derecha que el PNV rechaza como condición sine qua non de cualquier acuerdo.
El flanco Vox y los plazos autonómicos
Las relaciones entre el PP y Vox han atravesado un período de frialdad. En el entorno de Abascal circula la valoración de que «Feijóo no quiere a Abascal de vicepresidente del gobierno», lo que evidencia la tensión entre ambas formaciones del espacio conservador pese a su dependencia mutua en la aritmética parlamentaria. Los dirigentes nacionales de ambos partidos se reunieron en Mérida y registraron avances programáticos parciales, pero con numerosas cuestiones pendientes de cierre, entre ellas la posición de cada partido ante los gobiernos autonómicos compartidos.
Los barones del PP en las comunidades gobernadas en coalición con Vox ejercen una presión adicional sobre Feijóo. Los ejecutivos de Extremadura, Aragón y Castilla y León aparecen en el debate como elemento de fricción entre la dirección nacional del PP y la formación de Abascal, que ha utilizado su posición en esas administraciones para presionar a Génova. Vox exige que las relaciones se rijan por criterios estrictamente programáticos, presupuestarios y constitucionales. La fortaleza reciente del PP en Castilla y León y las presiones que Junts recibe de la Aliança Catalana en su propio espacio electoral conforman el telón de fondo sobre el que Feijóo extiende su oferta a Puigdemont: un momento de oportunidad que, en su cálculo, no durará indefinidamente.