Feijóo presiona a Abascal: «Solo hay una fórmula, que gobierne el PP con Vox»

16 mars 2026 - 21:22

El líder popular lanzó un mensaje directo a Santiago Abascal ante la dirección nacional de su partido reunida en Madrid: la única fórmula de gobernabilidad viable pasa por el apoyo de Vox al PP, y los bloqueos de la ultraderecha en Extremadura y Aragón han tenido un coste electoral demostrable. Feijóo exigió a la formación de ultraderecha que abandone las excusas y formalice acuerdos en las tres comunidades autónomas que aún carecen de gobierno estable.

Alberto Núñez Feijóo convocó esta mañana a la dirección nacional del Partido Popular (PP) en la sede de Génova 13, en Madrid, para analizar los resultados de las elecciones autonómicas de Castilla y León celebradas el pasado domingo. El presidente del PP, que siguió la noche electoral desde su despacho junto a su núcleo más próximo, fue recibido con una ovación por los asistentes y presidió una junta directiva que quienes la vivieron describieron como «la más alegre de los últimos tiempos», según fuentes de la formación trasladadas a varios medios.

En su intervención ante los dirigentes reunidos, Feijóo empleó un tono inusualmente directo hacia Vox. Afirmó que los resultados de las últimas tres convocatorias autonómicas demuestran que el bloqueo de la formación de Santiago Abascal a las investiduras en Extremadura y Aragón pasó factura en las urnas de Castilla y León. «Solo hay una fórmula: que gobierne el PP con el apoyo de Vox. Si no, nos estamos jugando la alternativa en España», declaró el dirigente gallego, en palabras recogidas por medios presentes en la sede popular.

El reproche a los bloqueos en Extremadura y Aragón

El presidente del PP fue contundente al describir la actitud de Vox en las negociaciones poselectorales de los últimos meses. «Nadie conoce una objeción de fondo de Vox sobre los programas del PP», señaló Feijóo, que añadió: «Solo se han puesto excusas y creo que ya está bien». El dirigente popular apeló a la responsabilidad de la ultraderecha en la estabilidad institucional del país y advirtió de que «no se puede jugar con la gobernabilidad de Extremadura y de Aragón», en alusión directa a las dos investiduras bloqueadas desde las elecciones celebradas en el último trimestre de 2025.

La presión de Feijóo sobre Vox tiene como telón de fondo la aritmética de tres comunidades autónomas pendientes de gobierno estable. En Castilla y León, PP y Vox suman 47 de los 82 procuradores que componen las Cortes autonómicas, por encima de la mayoría absoluta fijada en 42. En Extremadura y Aragón, las negociaciones iniciadas tras las elecciones no han concluido en acuerdo, lo que mantiene a los presidentes populares en funciones y somete a las instituciones autonómicas a una prolongada interinidad que, según el PP, ha empezado a irritar a su electorado.

Feijóo también lanzó un mensaje más amplio sobre el significado político del resultado del 15 de marzo. Subrayó que los españoles «están poniendo su parte para hacer el cambio» y destacó que el PP ha ganado diez de las doce convocatorias electorales celebradas desde que asumió la dirección del partido, en abril de 2022. Para el dirigente, el resultado de Castilla y León confirma que existe «una mayoría que quiere decencia y madurez», en contraste con lo que describió como la «inacción» del Gobierno de Pedro Sánchez ante las consecuencias del conflicto bélico en el Estrecho de Ormuz.

Abascal quiere más: entrada en el gobierno, no apoyo externo

La respuesta de Santiago Abascal fue inmediata y supuso un desafío a la posición de Feijóo. El líder de Vox reclamó públicamente que su partido no se limite a apoyar desde fuera al PP, sino que acceda a las consejerías de los gobiernos autonómicos de Castilla y León, Extremadura y Aragón para, en sus palabras, «cambiar el rumbo» de las políticas aplicadas. El candidato de Vox en Castilla y León, Carlos Pollán, señaló que su partido va a «influir de forma determinante» en las políticas de la comunidad y exigió que el PP aplique cambios concretos en materia de inmigración, el tratado con el Mercosur y la reducción impositiva.

La distancia entre ambas posiciones es notable. Mientras el PP de Mañueco prefiere un acuerdo de apoyo externo que le permita gobernar en solitario, Abascal reclama participación directa en el ejecutivo autonómico con carteras ministeriales. Esta misma tensión ya se reprodujo en Extremadura y Aragón, donde los bloqueos se han prolongado durante meses sin solución. Los dirigentes populares consultados por medios nacionales señalan que la negociación en Castilla y León se acelerará en los próximos días, dado que Feijóo ha dejado claro que espera acuerdos antes de las elecciones andaluzas, cuya convocatoria está próxima.

Pollán reconoció, no obstante, que Vox «tendrá ninguna prisa» en cerrar un acuerdo, estrategia que le permite maximizar sus condiciones en la mesa de negociación. El resultado del 15M, con Vox estancado en el 18,9% y lejos de su objetivo del 20%, ha debilitado la posición negociadora de Abascal frente a Feijóo, aunque la ultraderecha sigue siendo el único partido capaz de garantizar la estabilidad de los gobiernos autonómicos del PP en las tres comunidades pendientes. 

El marco andaluz como test de fuego del pacto

Las elecciones en Andalucía, previstas para el periodo de mayo a junio de 2026, se perfilan como el gran examen al que se someterá la capacidad de PP y Vox para articular una estrategia común. El presidente de la Junta andaluza, Juan Manuel Moreno, ha convocado ya los comicios para ese periodo y la candidata socialista, María Jesús Montero, encabeza la oposición. Feijóo dejó claro en su discurso de este lunes que cualquier desencuentro con Vox antes de esa cita beneficia directamente al Gobierno de Pedro Sánchez y a la narrativa socialista de la «mafia del PP y Vox».

Para el PP, el riesgo de un bloqueo en Andalucía similar al de Extremadura y Aragón es estratégicamente inaceptable. Una tercera comunidad sin gobierno estable pondría en cuestión la narrativa de alternativa de gobierno que Feijóo ha construido desde 2022. El mensaje del lunes en Génova fue leído por los observadores como un ultimátum velado: o Vox formaliza acuerdos en los plazos que marca el PP, o asume el coste político de aparecer como el partido que impide la gobernabilidad en las comunidades donde ha ganado la derecha, justo antes de la cita electoral más importante del año.

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