Desde Bolivia llegan acusaciones intensas. Evo Morales, ex presidente y padre político de Luis Arce, dispara contra su sucesor. Dice que Arce no solo ha dejado caer la economía; afirma que la ha “destruido”, un golpe bajo ante la creciente crisis .
Morales recuerda el periodo en que dejó el poder con 10 000 millones de dólares en reservas, baja pobreza y una economía fuerte. Ahora denuncia «escasez de dólares, crisis energética y colapso productivo» que golpean a la población .
La disputa entre maestro y alumno se volvió pública. Arce acusó a Morales de destruir el MAS, su instrumento político. Morales respondió recordando que fue Arce quien socavó logros sociales y estabilidad económica .
El escenario boliviano se complica. Hay inflación cercana al 10 %, bloqueos, cortes de rutas y muertos entre policías y civiles, además de presión sobre el sistema energético . Esto ocurre mientras las elecciones de agosto se acercan sin consenso interno en el MAS.
El ex presidente acusó al actual de convertir al país en un “campo de batalla”. El ministro de Economía respondió que son alegaciones infundadas . Se incrementan las tensiones en el aparato estatal, y la opinión pública se polariza.
Más allá de palabras, quedan efectos reales. La población vive inflación, escasez de combustibles y una sensación de inestabilidad económica. Y en agosto, todo esto puede inclinar la balanza electoral.
En resumen, Bolivia se debate entre dos versiones de la misma historia: la del pasado glorioso y la del presente incierto. Y mientras ambos se culpan, el futuro económico y político de cientos de miles de bolivianos pende de un hilo.