El Ministerio de Defensa confirmó el envío de la fragata Cristóbal Colón al Mediterráneo oriental, integrada en el grupo naval del portaaviones francés Charles de Gaulle junto a buques griegos. La misión, enmarcada en la respuesta europea a los ataques iraníes contra la base británica de Akrotiri, en Chipre, tiene por objetivo reforzar la defensa aérea de la isla y está previsto que el grupo naval alcance las costas de Creta en torno al 10 de marzo.
El Gobierno de España ha confirmado el envío de la fragata Cristóbal Colón a las aguas del Mediterráneo oriental para participar en la protección de Chipre ante la creciente tensión derivada del conflicto en Oriente Próximo. El buque, considerado por el Ministerio de Defensa como la embarcación tecnológicamente más avanzada de la Armada española, se integró el 3 de marzo en el grupo naval liderado por el portaaviones nuclear francés Charles de Gaulle en el mar Báltico, donde venía realizando labores de escolta y adiestramiento. Ahora, ese conjunto de navíos pone rumbo al Mediterráneo.
El detonante del despliegue fue el impacto de un dron de fabricación iraní —lanzado desde el Líbano, según confirmó el Ministerio de Defensa británico— contra la base militar de Akrotiri el pasado 2 de marzo. Akrotiri es uno de los dos enclaves soberanos que el Reino Unido mantiene en suelo chipriota, junto a Dhekelia, y su ataque encendió las alarmas en las capitales europeas. Chipre es Estado miembro de la Unión Europea desde 2004, lo que convierte cualquier agresión a su territorio en un asunto de seguridad colectiva para el bloque.
La misión de la Cristóbal Colón en el Mediterráneo oriental será proporcionar protección y defensa aérea, complementando las capacidades de la batería de misiles Patriot que España ya tiene desplegada en Turquía en el marco de la OTAN. El grupo naval tiene previsto llegar a las costas de Creta en torno al 10 de marzo. Además, el buque estará preparado para apoyar eventuales operaciones de evacuación de ciudadanos europeos si la situación de seguridad se deteriora en la región. El buque de aprovisionamiento Cantabria saldrá brevemente a la mar para suministrar combustible al grupo naval durante su tránsito por el Golfo de Cádiz.
Una fragata de alta tecnología en misión europea
La Cristóbal Colón, con designación F-105, es la quinta unidad de la clase F-100, conocida también como clase Álvaro de Bazán. Con un desplazamiento de alrededor de 6.400 toneladas, mide 146,7 metros de eslora y puede alcanzar velocidades cercanas a los 28 nudos, con una autonomía de aproximadamente 4.500 millas náuticas a velocidad de crucero. Su elemento más destacado es el sistema de combate AEGIS, el mismo que utilizan la Marina de Estados Unidos y otras armadas aliadas de la OTAN. La fragata cuenta con una dotación de unos 200 tripulantes, incluido personal especializado en guerra electrónica.
Desde su entrega a la Armada en octubre de 2012, el buque ha acumulado un extenso historial operativo en misiones internacionales. Ha participado en la Agrupación Naval Permanente de la OTAN número 2 (SNMG-2), en ocasiones como buque de mando; en la operación Sea Guardian de vigilancia marítima en el Mediterráneo; y en 2021 lideró las maniobras aliadas At Sea Demonstration/Formidable Shield, en las que efectuó con éxito el lanzamiento de un misil Evolved Sea Sparrow Missile (ESSM) contra un blanco supersónico. El historial del buque lo convierte en uno de los activos navales más experimentados de la flota española.
Madrid traza la línea entre defensa y ataque
El envío de la fragata se produce en un contexto de considerable tensión entre España y Estados Unidos. El Gobierno de Pedro Sánchez se ha negado a autorizar el uso de las bases de Rota y Morón para las operaciones ofensivas de Washington e Israel contra Irán, una decisión que el presidente Donald Trump respondió con advertencias de represalias comerciales. La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha sido explícita al marcar la diferencia entre ambos tipos de intervención: «Una cosa son las misiones de ataque y otras las de defensa», señaló en una entrevista en la Cadena Ser, subrayando que el nombre del ministerio —Defensa, no Guerra— no es un detalle menor.
Robles también rechazó los argumentos de Washington que acusan a España de no colaborar con sus aliados, recordando que el país participa en la OTAN en Turquía, en la misión de la ONU en el Líbano y en la operación Atalanta de lucha contra la piratería. «España va a estar siempre con la UE, defendiendo los principios básicos de la paz», afirmó la ministra. Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, precisó que «cada cosa tiene un espacio distinto» y que España es «solidaria con todo lo que sea garantizar la seguridad de nuestro espacio, que es la Unión Europea».
Una coalición naval en construcción
España no actúa en solitario. La iniciativa de desplegar medios navales europeos en el Mediterráneo oriental responde a un llamamiento del presidente francés, Emmanuel Macron, para construir lo que describió como «una coalición que reúna medios militares» capaz de proteger rutas esenciales para la economía mundial y garantizar la soberanía del espacio marítimo chipriota. Al grupo franco-español-griego se sumará Italia en los próximos días. El ministro de Defensa italiano, Guido Crosetto, anunció ante la Cámara de los Diputados que Roma enviará buques «junto con los españoles y los franceses», además de sistemas de defensa antidrones y antimisiles a países del Golfo.
Los Países Bajos también han confirmado su participación en el despliegue. Crosetto reveló que actualmente hay 2.570 efectivos militares italianos en la zona y que los países del llamado E5 —Francia, Alemania, Polonia, Italia y España— mantienen un mecanismo de consulta permanente para coordinar las operaciones. El ministro de Defensa británico, John Healey, viajó este jueves a Chipre para reunirse con su homólogo chipriota y con el personal militar destinado a las bases de Akrotiri y Dhekelia. El conjunto del despliegue dibuja una respuesta europea que busca disuadir nuevas escaladas sin comprometer a los aliados en la dimensión ofensiva del conflicto.