España apuesta por drones propios para ganar autonomía estratégica

02 octobre 2026 - 02:05

Indra, Sener, Arquimea, Instalaza y Escribano forman la red industrial con la que Defensa quiere cubrir una de las grandes carencias de las Fuerzas Armadas, la lucha contra drones y misiles de bajo coste. La apuesta por desarrollos nacionales busca evitar la dependencia exterior en plena aceleración del rearme europeo, que la alta representante de la UE, Kaja Kallas, reclama hacer con más rapidez y eficacia ante la amenaza híbrida rusa

Un dron nodriza despega con varios aparatos más pequeños adosados al lomo y a las alas. A unos 80 kilómetros del punto de partida los libera, y cada uno recorre otros 50 en busca de su objetivo. Si se lanzan varios a la vez, el cielo se llena de un enjambre difícil de contener. La tecnológica española Indra ha bautizado el sistema como Llovizna, Drizzle en inglés. Sirve como arma de ataque aéreo de saturación, pero también como protección de vehículos, instalaciones y tropas sobre el terreno, una función que los expertos del Ejército llevan tres años reclamando.

El proyecto de Indra es la última pieza de un rearme español que tiene un objetivo cada vez más explícito, depender lo menos posible del exterior. El pasado agosto, Defensa adjudicó a la firma Sener un contrato de 292.751 euros para el «desarrollo de un demostrador tecnológico nacional de munición merodeadora de alta dinámica». La palabra «nacional» no es un adorno. Garantizar una cadena de suministro propia se ha convertido en una de las líneas rojas del ministerio, que empuja a las empresas del sector a trabajar en alianza para cubrir esa necesidad.

Una guerra de saturación

Durante décadas, la hipótesis de partida de una ofensiva rusa sobre Europa occidental fue la de un alud de carros de combate cruzando fronteras. Esa previsión ha cambiado. Hoy se considera que cualquier ataque vendría precedido por una campaña híbrida de sabotajes y seguido por oleadas de misiles y drones. Es lo que Ucrania sufre cada noche. Las incursiones de aparatos no tripulados han activado alarmas en Alemania, Polonia y Dinamarca, y un dron fue el primer aparato ajeno derribado por los cazas españoles desplegados en Rumanía para defender el espacio aéreo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

La lección que deja Ucrania es sobre todo económica. Defenderse de los drones con misiles Patriot u otros sistemas similares supone gastar proyectiles de un millón de euros contra aparatos que cuestan 40.000. El Kremlin ha obligado al ejército ucraniano a consumir sus escasos y carísimos cohetes antiaéreos contra señuelos de porexpan, diseñados solo para agotar recursos. De ahí que la condición de los nuevos desarrollos sea el bajo coste. España busca drones capaces de salir al encuentro de otros drones y destruirlos, lo que los militares llaman defensa hard kill.

Una red industrial propia

El contrato de Sener corresponde al proyecto MURADE, siglas de Munición Merodeadora de Alta Dinámica Experimental. Es una de las tres propuestas seleccionadas por la división de investigación y desarrollo (I+D) de Defensa dentro del programa Coincidente. Su punto de partida es el Scrab, un dron de dos turbinas con vuelo a reacción que nació como blanco para entrenar a drones efectores, misiles Hawk y cañones de la Armada y el Ejército. A fuerza de investigación, ese aparato pensado para ser abatido se está convirtiendo en un dron de ataque tan veloz como los que golpean Ucrania.

Entre las soluciones ya consolidadas destaca el Q-SLAM de la madrileña Arquimea. Concebido como munición merodeadora contra objetivos terrestres, también funciona como arma antidron y su inteligencia artificial le permite organizarse en enjambre. La Infantería de Marina lo ha adquirido porque es ligero, apenas hace ruido y bastan dos soldados para manejarlo. Ahora evoluciona para integrarse en otro programa español, el plan MAMMA. La aragonesa Instalaza aporta el explosivo en varios de estos proyectos, mientras Escribano suministra munición de fragmentación y sistemas de tiro inteligente, como los del antidron Aracne del Ejército.

Bruselas pide acelerar

El esfuerzo español coincide con la presión creciente de la Unión Europea. Este lunes, tras reunirse con los ministros de Defensa de los Veintisiete, Kaja Kallas afirmó que Europa necesita rearmarse «más rápidamente y de forma más eficaz». La jefa de la diplomacia comunitaria defendió invertir más y antes en «el desarrollo de capacidades, la innovación y la capacidad industrial», a la espera de un informe de la Agencia Europea de Defensa sobre el nivel de preparación del bloque.

Kallas vinculó esa urgencia al aumento de los ataques híbridos rusos. «Los actos continuos de sabotaje» y las violaciones del espacio aéreo, advirtió la política estonia, siguen afectando a la Unión. Aunque Bruselas ha impuesto sanciones y ha expulsado a diplomáticos rusos, considera que no basta. Por primera vez, los ministros debatieron la propuesta de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, de crear un protocolo de seguridad que permita convocar consultas y coordinar la respuesta ante estas agresiones.

En ese contexto, la apuesta española por drones de diseño y fabricación nacional adquiere una dimensión que va más allá de lo militar. Se trata de decidir cuánto de la seguridad del país queda en manos propias en una Europa que acelera su rearme. El éxito dependerá de que proyectos hoy dispersos, entre demostradores, prototipos y sistemas ya adquiridos, lleguen a formar una capacidad coherente y sostenida.

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