La celebración en la capital española de conversaciones sobre el Sáhara patrocinadas por Estados Unidos ha brindado al ministro José Manuel Albares una oportunidad de gestión simultánea: consolidar la sintonía con Marruecos y avanzar en la delicada rehabilitación del vínculo con Argelia, su primer proveedor de gas. El gesto ilustra el margen de maniobra de Madrid en un conflicto en el que está alineada con Rabat desde 2022, pero del que depende energéticamente de Argel.
La embajada de Estados Unidos en Madrid acogió el 8 y el 9 de febrero conversaciones de alto nivel sobre el Sáhara, con la participación de delegaciones de Marruecos, Argelia, Mauritania y el Frente Polisario. España no fue invitada a sentarse a esa mesa. Sin embargo, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, desplegó en los márgenes del proceso una agenda bilateral intensa que refleja la compleja posición de Madrid en el conflicto más prolongado del norte de África.
La reunión fue organizada por Massad Boulos, enviado especial de Donald Trump para África, y Michael Waltz, representante de Estados Unidos ante la ONU —quienes eligieron Madrid como escenario de forma unilateral—, y se celebró en la residencia del embajador estadounidense Benjamín León. El ministerio español no participó en su preparación. Aun así, el hecho de que la capital española fuera escogida como sede confirma su papel como plataforma diplomática de referencia para EEUU en la región, tal como ya ocurrió en septiembre pasado, cuando Washington eligió también Madrid para sus negociaciones arancelarias con China.
Albares recibe a sus homólogos en el Palacio de Viana
La agenda paralela de Albares se extendió a lo largo de cuatro días. El sábado 7 de febrero, víspera de la reunión principal, el ministro recibió en el Palacio de Viana —sede del ministerio— a sus homólogos de Argelia, Ahmed Attaf, y de Mauritania, Mohamed Salem Ould Merzoug. El lunes 9, una vez concluidas las negociaciones en la embajada, le tocó el turno a Nasser Bourita, canciller marroquí, quien también se reunió con el enviado de la ONU, Staffan de Mistura. Para el martes 10, Exteriores tenía prevista la cita con el propio Waltz, cuya celebración era inminente al cierre de esta edición.
El trato de Albares no fue idéntico para todos los participantes en las conversaciones: ningún representante del Frente Polisario fue recibido en el Palacio de Viana. La asimetría no es casual. En marzo de 2022, el presidente Pedro Sánchez remitió una carta al rey Mohamed VI en la que respaldaba la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara como la base más seria y creíble para una solución política. La decisión alineó a España con Marruecos y con la posterior resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU —aprobada en octubre de 2025—, que fija ese plan como referencia central de la negociación.
La reunión con el canciller argelino Attaf produjo un resultado tangible. El Ministerio de Exteriores argelino anunció, tras el encuentro del sábado, que Albares viajará próximamente a Argel para preparar la primera cumbre bilateral entre los dos países desde 2018. Fuentes del ministerio español precisaron a Europa Press que «no hay una fecha aún fijada», pero confirmaron la intención de realizar la visita. «Somos amigos, socios y vecinos. Argelia es nuestro primer proveedor de gas, un socio estratégico, fiable y constante», declaró Albares al término de la reunión, destacando el «momento extraordinario» que viven las relaciones comerciales bilaterales.
La crisis de 2022 y la lenta recomposición con Argelia
La fractura arranca precisamente de aquella carta de Sánchez a Mohamed VI. Argelia, que apoya la causa independentista saharaui y acoge en su territorio los campamentos de refugiados de Tinduf, en el suroeste del país, interpretó el gesto como una ruptura de la equidistancia española. La respuesta fue llamar a consultas a su embajador en Madrid en marzo de 2022, y suspender en junio de ese año el Tratado de Amistad firmado con España en 2002. Las consecuencias comerciales fueron inmediatas: las exportaciones españolas a Argelia cayeron de 1.022 millones de euros en 2022 a 331 millones en 2023, una reducción de casi el 68%.
El suministro de gas natural, sin embargo, no se interrumpió en ningún momento. Argelia es el primer proveedor de gas de España, con una cuota del 38,5% de las importaciones españolas del combustible en 2024 —superando conjuntamente a Rusia y a Estados Unidos—, según datos del operador Enagás. Esa dependencia energética hizo que la normalización fuera un objetivo constante de la diplomacia española, aunque avanzara de forma muy discreta.
La recomposición avanzó gradualmente. Argel envió de vuelta a su embajador a Madrid en diciembre de 2023. En noviembre de 2024 eliminó el bloqueo bancario que obstaculizaba el comercio bilateral, lo que impulsó un repunte inmediato de los intercambios. Las exportaciones españolas crecieron un 141% en 2024 y un 190% en 2025, según los datos citados por el propio Albares el sábado. El Tratado de Amistad, no obstante, sigue formalmente suspendido, y el viaje a Argel podría ser el paso que abra la puerta a su restauración.
Interés español en una solución regional estable
La posición de Madrid en este proceso combina alineamiento político con Marruecos e interés estratégico en la estabilización de Argelia. El respaldo al plan de autonomía en 2022 fue el detonante de la crisis con Argel, pero también abrió una nueva fase de entendimiento con Rabat, que había protagonizado una grave crisis migratoria en Ceuta en 2021. La sintonía entre los dos países se ha consolidado desde entonces y quedó de nuevo patente en la reunión Albares-Bourita del lunes, ampliamente difundida por ambas cancillerías.
La dependencia energética convierte además la estabilidad del Magreb en una cuestión de primer orden para España. El gasoducto Magreb-Europa, que durante décadas transportó gas argelino a través de Marruecos hacia la Península Ibérica, fue clausurado por el presidente Abdelmadjid Tebboune en octubre de 2021, en un contexto de máxima tensión entre Argel y Rabat. La eventual reconciliación entre los dos países —uno de los objetivos declarados de la diplomacia de Trump en el marco del proceso iniciado en Madrid— podría abrir la puerta a la reactivación de esa infraestructura, cuya capacidad anual se situaba antes del cierre en torno a los 10.000 millones de metros cúbicos.
Del 7 al 10 de febrero, Madrid ha sido el escenario de un proceso que España no pilota pero que le concierne directamente. Sin participar en la negociación de fondo, Albares recibió a los cancilleres de las tres delegaciones estatales presentes —Marruecos, Argelia y Mauritania—, obtuvo el compromiso de una visita a Argel y escenificó la estrecha sintonía con Rabat. En un tablero redefinido por la presión de Washington, Madrid gestiona sus propios equilibrios con la discreción que impone su posición: alineada con el plan marroquí, dependiente del gas argelino, y empeñada en que ninguna de las dos relaciones quede comprometida por la otra.