El PP busca su sitio entre Sánchez e Irán intentando no abrazar la causa de Trump

13 mars 2026 - 20:50

El conflicto desatado por los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán ha colocado al Partido Popular en una posición incómoda: criticar con dureza la gestión de Pedro Sánchez sin respaldar la ofensiva militar de Donald Trump. Las tensiones internas del bloque de la derecha española —agravadas por el protagonismo de José María Aznar y la presión de Vox— complican aún más una estrategia de oposición que oscila entre la contundencia y la ambigüedad.

Desde que Estados Unidos e Israel lanzaron su ofensiva contra Irán el 28 de febrero, el Partido Popular (PP) ha tenido que navegar en aguas turbulentas. Su líder, Alberto Núñez Feijóo, ha construido su discurso sobre dos ejes que no siempre encajan con facilidad: la crítica a la política exterior del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la negativa a validar la operación militar de Donald Trump. El resultado es una posición que sus propios dirigentes reconocen como incómoda. «Hay incomodidad. Este no es el marco que nosotros queremos», admitía esta semana un dirigente popular citado por El País, resumiendo el estado de ánimo en las filas del partido.

La incomodidad tiene razones concretas. Las encuestas sitúan a alrededor del 70% de los ciudadanos españoles en contra de la ofensiva militar, lo que convierte el respaldo explícito a la operación en un riesgo electoral mayúsculo. Al mismo tiempo, la posición de Sánchez —condensada en el lema «No a la guerra», recuperado del ciclo del conflicto iraquí de 2003— ha ganado tracción en la opinión pública y en los foros europeos, lo que estrecha el margen del PP para diferenciarse con eficacia. El partido trata de hallar un espacio propio entre el rechazo al régimen iraní y la negativa a avalar las decisiones unilaterales de Washington.

Entre la crítica a Sánchez y el rechazo a Trump

La estrategia de Feijóo ha consistido en atacar al Gobierno por sus consecuencias, no por su posición de fondo. El presidente del PP acusó a Sánchez de «ir contra la seguridad de España» por su gestión del conflicto, que atribuyó a intereses electorales, y le exigió «situarse junto a sus aliados» preservando la relación con Estados Unidos al margen de las discrepancias con Trump. Esta semana, en el último día de campaña para las elecciones de Castilla y León, Feijóo elevó el tono y acusó al Gobierno de decir «no a la guerra, pero sí al dinero que les da la guerra», al tiempo que reclamó medidas urgentes para paliar el impacto económico del conflicto en los ciudadanos.

Sin embargo, la posición del PP sobre la intervención militar en sí resulta deliberadamente ambigua. Feijóo ha afirmado que «cuantos menos tiranos haya en el mundo, mejor» y que «antes del derecho internacional están los derechos humanos», en una formulación que se acerca al argumento que justifica la ofensiva pero que evita respaldarla explícitamente. El Gobierno ha explotado esa ambigüedad: el ministro Óscar López acusó al líder del PP de defender «la guerra ilegal en Irán» y calificó de «patético» su comportamiento, mientras Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda, le instó a decidir «si quiere ser un patriota o un siervo de Donald Trump».

Aznar, Vox y las tensiones internas del bloque derechista

La figura de José María Aznar añade una variable adicional a la ecuación. El expresidente, que gobernó España durante los ataques a Irak en 2003 y cuya posición entonces resultó enormemente impopular, ha mantenido una presencia activa en el debate actual. Aznar ha apostado por apoyar la operación y ha cruzado mensajes en la red social X con el canciller alemán Friedrich Merz y con representantes del Partido Republicano estadounidense, lo que le ha situado en una posición más alineada con la ofensiva que la adoptada por la dirección oficial del PP. Fuentes del partido reconocidas por la prensa apuntan que su influencia dificulta la labor de Feijóo y que la fundación de Aznar, la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), ha difundido hasta cinco comunicados en una semana criticando la postura gubernamental.

Vox, por su parte, ha mostrado desde el principio un respaldo más explícito a la operación, aunque con matices. La formación de Santiago Abascal avala la llamada Operación Furia Épica «si no dura más de un mes», según fuentes internas citadas por La Vanguardia, por los perjuicios económicos que podría acarrear una guerra prolongada. Esta posición coloca a Vox en una línea más cercana a Trump que el propio PP, lo que tensiona al bloque de la derecha en un momento de por sí delicado: las elecciones en Castilla y León este domingo añaden presión a un partido que necesita a Vox para gobernar en las autonomías y que, al mismo tiempo, trata de frenar su crecimiento en el electorado conservador.

La embajada evacuada y la presión de los hechos

La decisión del Ministerio de Asuntos Exteriores de evacuar la embajada española en Teherán ha contribuido a materializar la urgencia del conflicto. Todos sus miembros han sido evacuados con seguridad, según confirmó el Gobierno, aunque la operación de repatriación de ciudadanos españoles varados en la zona sigue en curso. El ejecutivo ha confirmado que continúan los vuelos de repatriación desde los países del Golfo afectados, en coordinación con las Fuerzas Aéreas.

El PP ha respondido a este escenario con una propuesta de «plan de emergencia» orientada fundamentalmente a la rebaja de impuestos como mecanismo de contención del impacto económico. La portavoz socialista, Montse Mínguez, señaló la contradicción entre esa propuesta y el voto del PP hace apenas doce días en contra de medidas de protección social.

El presidente del Gobierno ha anunciado que comparecerá ante el Congreso el 25 de marzo para explicar la posición de España, a petición del propio PP. Esa comparecencia será el próximo escenario en el que la principal formación de la oposición deberá precisar, ante la representación nacional, cuál es exactamente su alternativa. De momento, la respuesta del PP al conflicto de Irán ha generado más preguntas que certezas, tanto en el interior del partido como en el debate público español.

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