El plan de Rufián de presentar una única candidatura progresista por provincia divide a la izquierda

21 février 2026 - 19:16

La propuesta del portavoz de ERC de que cada partido concurra solo en las provincias donde tiene más opciones ha generado un debate inmediato en el espacio progresista. Podemos la rechaza de plano, Sumar pide más concreción, los partidos soberanistas se niegan a diluir sus siglas y, mientras tanto, la coalición entre IU, Más Madrid y Comunes avanza por su propio carril.

Gabriel Rufián lleva días en el centro del debate político español. El pasado miércoles 18 de febrero, el portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) en el Congreso protagonizó un coloquio en la sala Galileo Galilei de Madrid junto a Emilio Delgado, coportavoz de Más Madrid en la Asamblea regional, moderado por la analista política Sarah Santaolalla. Ante unas 500 personas, Rufián lanzó una propuesta que desde entonces no ha parado de generar reacciones: que en las próximas elecciones generales, la izquierda acuerde presentar en cada provincia únicamente la candidatura con más posibilidades de obtener escaños, evitando así la dispersión del voto progresista. «¿Qué sentido tiene que 14 izquierdas que pensamos lo mismo nos presentemos en el mismo sitio compitiendo por migajas?», resumió el diputado republicano. Lo llamó «el mayor ejercicio de generosidad en la historia de la izquierda».

La lógica de la propuesta descansa en las características del sistema electoral español, que premia a las listas más votadas y penaliza especialmente la fragmentación en las provincias pequeñas y medianas, donde los escaños se reparten entre las tres o cuatro candidaturas más votadas y el voto disperso se pierde sin traducción parlamentaria. Rufián subrayó que no exige a ningún partido renunciar a sus siglas ni a su identidad, sino acordar qué fuerza tiene más opciones en cada circunscripción y concentrar allí el voto de la izquierda. Este viernes, ante las críticas recibidas, precisó además que no pide retiradas unilaterales, sino confluencias, y animó a los partidos a presentarle alternativas «en lugar de insultos». 

La propuesta y su lógica electoral

La mecánica concreta que Rufián tiene en mente, según fuentes de su entorno, implicaría que fuerzas como Más Madrid concurrieran en solitario en la capital, Compromís en las provincias valencianas, el BNG en Galicia, EH Bildu en el País Vasco y Navarra, y Esquerra en Tarragona y Lleida. En Barcelona, sin embargo, la lógica de su propio plan jugaría en su contra: en las elecciones generales de 2023, la coalición Comuns-Sumar superó a ERC en la provincia, lo que según la fórmula propuesta daría preferencia a los comunes sobre los republicanos en esa circunscripción.

Rufián reconoció la paradoja sin esquivarla, aunque defendió que el objetivo común —frenar a Vox— debe primar sobre los intereses de cada organización. La propuesta también contempla la creación de un grupo interparlamentario coordinado en el Congreso y la articulación de un programa común en torno a cuatro ejes, aunque sin haber concretado por el momento cuáles serían esos ejes ni el mecanismo de negociación para acordar los repartos territoriales. 

Rechazo de Podemos y los soberanistas

Las reacciones no se hicieron esperar, y la mayoría fueron frías o directamente negativas. El rechazo más articulado llegó este viernes desde Podemos, cuya secretaria general, Ione Belarra, intervino ante el Consejo Ciudadano estatal del partido con un mensaje en sentido opuesto. Belarra sostuvo que subordinar la estrategia de la izquierda al cálculo electoral para sostener al PSOE conduce al fracaso: «Por ese camino lo que habrán barrido no es a la extrema derecha que dicen combatir, sino a la izquierda, al feminismo, al ecologismo, al antirracismo». Desde la formación morada advirtieron de que «fiarlo todo al cálculo electoral destruirá a la izquierda» y apostaron por reforzar el perfil ideológico propio como único antídoto real contra el avance de la ultraderecha.

Los partidos soberanistas rechazaron la propuesta por razones distintas pero convergentes: la defensa de su identidad política y su arraigo territorial. El propio presidente de ERC, Oriol Junqueras, fue el primero en distanciarse de su propio portavoz al confirmar que Esquerra concurrirá en las cuatro provincias catalanas con sus propias siglas. EH Bildu, por boca de su portavoz en el Congreso, Oskar Matute, subrayó que «no hay que confundir la unidad de acción política con la unidad electoral» y rechazó cualquier fórmula que implique «diluir su identidad». El BNG mantuvo una posición similar, insistiendo en que se presentará en todas las circunscripciones gallegas. La exalcaldesa de Barcelona Ada Colau, desde los Comuns, fue más diplomática, pero igualmente clara: «No le diríamos nunca a ERC que tiene que desaparecer y no presentarse, porque todos somos necesarios».

La vía paralela de Sumar

Mientras el debate sobre la propuesta de Rufián copaba la agenda, Sumar avanzaba en silencio por su propio carril. IU, Más Madrid, Comuns y Movimiento Sumar ultiman el lanzamiento de una nueva coalición electoral que está previsto presentar el próximo sábado 21 de febrero. La coordinadora de Sumar, Lara Hernández, reconoció que la «música» del planteamiento de Rufián puede resultar atractiva, pero reclamó concreción: «Hay que terminar de afinar y escribir la letra». La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, se mostró más entusiasta en redes sociales, donde señaló que le había gustado «lo que vi y oí» en el acto del miércoles. Sin embargo, la estrategia real de su espacio político apunta a consolidar primero la coalición estatal antes de negociar con el independentismo.

El coordinador federal de IU, Antonio Maíllo, celebró que Rufián abra el debate pero recordó que la apuesta unitaria ya se materializa en la renovación de la alianza en torno a Sumar. La ministra de Igualdad, Montero, fue de las pocas voces en aplaudir de forma explícita la iniciativa de Rufián, reclamando una candidatura única de la izquierda que no «desperdicie el voto». El resultado del debate, de momento, es una izquierda que reconoce el problema que Rufián señala —la fragmentación electoral— pero que no se pone de acuerdo ni en el diagnóstico ni, mucho menos, en el remedio.

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