Junts afronta el nuevo curso atrapado entre la pérdida de influencia en Cataluña y Madrid, el ascenso de Aliança Catalana y unas tensiones internas cada vez más visibles. El Tribunal Constitucional comenzará en septiembre a resolver los recursos sobre la aplicación de la amnistía, una decisión que condicionará el eventual regreso de Carles Puigdemont y puede convertirse en la principal baza del partido para intentar revertir su deterioro.
Junts per Catalunya llega al nuevo curso político en una posición mucho más frágil que hace apenas un año. Salvador Illa ha logrado estabilizar su Gobierno con la aprobación de los presupuestos, mientras el partido de Carles Puigdemont pierde centralidad en el Parlament y acusa también un desgaste evidente en Madrid. A ese debilitamiento se suma ahora una amenaza electoral inédita: Aliança Catalana, la formación de ultraderecha independentista liderada por Sílvia Orriols, aparece ya por delante de Junts en el último barómetro del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) de la Generalitat.
El dato es especialmente duro para una formación que todavía conserva 35 diputados. El CEO de julio sitúa a Aliança Catalana en una horquilla de 23 a 25 escaños, mientras Junts caería hasta 16-18, prácticamente la mitad de su representación actual. El PSC seguiría siendo primera fuerza y ERC ocuparía la segunda posición. El sondeo dibuja así un cambio de equilibrio dentro del independentismo y convierte el regreso de Puigdemont, todavía condicionado por los tribunales, en una de las pocas operaciones capaces de alterar una tendencia que amenaza con relegar a Junts a la cuarta posición.
El Constitucional decide el calendario
El próximo movimiento relevante no se producirá, sin embargo, en Waterloo ni en el Parlament, sino en el Tribunal Constitucional. El pleno tiene pendiente resolver los recursos de amparo interpuestos contra la negativa del Tribunal Supremo a aplicar la amnistía al delito de malversación. El primero que debe marcar doctrina es el presentado por Jordi Turull, secretario general de Junts. El Constitucional admitió su recurso al apreciar una «especial trascendencia constitucional» y porque el asunto puede tener consecuencias políticas generales.
Lo que decida sobre Turull servirá previsiblemente de referencia para los demás recursos, incluido el de Puigdemont. El Constitucional ya avaló en 2025 la constitucionalidad de la ley de amnistía en términos generales, pero el conflicto decisivo está ahora en su aplicación concreta a la malversación. El Tribunal Supremo ha mantenido hasta ahora una interpretación restrictiva. Junts confía en que el Constitucional la corrija, desbloquee definitivamente la amnistía de su líder y haga posible un regreso que el partido lleva meses presentando como un acontecimiento capaz de modificar el escenario político.
Junts pierde influencia en los dos tableros
Mientras espera esa resolución, el balance político del partido ofrece pocos motivos para el optimismo. En Cataluña, Junts ha quedado arrinconado por la dinámica parlamentaria entre PSC, ERC y Comunes. Illa superó en julio una prueba importante con la aprobación de los presupuestos y, salvo una crisis inesperada, dispone de margen para prolongar la legislatura. Junts ya no ocupa el centro de gravedad de la oposición y debe competir además con una fuerza emergente situada en su flanco más duro.
En Madrid, la situación tampoco compensa ese retroceso. Tres años después de facilitar la investidura de Pedro Sánchez, Junts mantiene capacidad para condicionar votaciones, pero su relato de haber doblegado al Gobierno ofrece resultados limitados. Asuntos que presentó como fundamentales siguen pendientes, entre ellos el reconocimiento del catalán en la Unión Europea o el traspaso de competencias migratorias a la Generalitat. ERC, mientras tanto, puede exhibir avances en financiación autonómica que Junts no ha logrado igualar.
Aliança amenaza con ocupar su espacio
La irrupción de Aliança Catalana multiplica esa presión. El último barómetro del CEO sitúa a la formación de Orriols no solo por delante de Junts, sino muy cerca de ERC. Los datos muestran además que una parte relevante de su crecimiento procede precisamente del electorado posconvergente: RTVE recoge que alrededor del 28% de quienes votaron a Junts podrían desplazarse hacia Aliança. El partido ultra combina independentismo, rechazo a la inmigración y una impugnación frontal de la estrategia seguida desde el fracaso del procés.
Ese avance está generando tensiones internas en Junts sobre cómo responder. La dirección de Puigdemont y Turull evita normalizar posibles acuerdos con Aliança, pero dirigentes como el candidato municipal en Barcelona, Jordi Martí Galbis, han mostrado una posición menos tajante. A ello se suman otras fracturas, como la salida del exconsejero Jaume Giró, crítico con el rumbo del partido, o la derrota del candidato promovido por Puigdemont en las primarias barcelonesas. El deterioro electoral empieza así a mezclarse con una discusión más profunda sobre identidad, estrategia y liderazgo.
Puigdemont sigue siendo el principal activo capaz de alterar esa dinámica. Su regreso tendría una enorme carga simbólica y podría devolver temporalmente a Junts el centro de la agenda. Incluso el director del CEO, Joan Rodríguez Teruel, considera que su vuelta podría frenar la tendencia favorable a Aliança Catalana. Pero nada garantiza que ese efecto sea suficiente. Puigdemont regresaría a un sistema político distinto del que dejó, con Illa asentado en la Generalitat, un independentismo más fragmentado y un partido que debe explicar qué ha obtenido después de años condicionando la política española.
Por eso el futuro inmediato de Junts depende hoy menos de una decisión propia que de lo que resuelva el Constitucional. Si la amnistía permite finalmente el regreso de Puigdemont, el partido dispondrá de una oportunidad para intentar recomponer su espacio político. Si la situación judicial vuelve a prolongarse, tendrá que afrontar sin ese revulsivo un otoño en el que Aliança Catalana amenaza ya con arrebatarle buena parte de su electorado y de su papel dentro del independentismo.