Feijóo y Abascal han disparado su apoyo entre los menores de 45 años durante el último año, un electorado que el PSOE dominaba tradicionalmente. Afectados por la precariedad laboral y la crisis de vivienda, los jóvenes españoles experimentan un giro político sin precedentes que sitúa a la derecha en el 57% entre menores de 30 años y abre un debate sobre la rebelión de la generación Z contra las políticas progresistas.
La derecha española ha ganado en solo un año el 13,7% de intención de voto entre los menores de 45 años, según el último sondeo de Sigma Dos para El Mundo publicado en enero de 2026. Este desplazamiento electoral, que afecta particularmente a la llamada generación Z (menores de 30 años), marca un punto de inflexión en las tendencias políticas tradicionales de España. Hace apenas un año, en marzo de 2025, el denominado «bloque de la izquierda» (Partido Popular y Vox) contaba con el apoyo del 43% entre los jóvenes de 18 a 29 años. En enero de 2026, esa cifra ha saltado al 57%, mientras que la izquierda (PSOE, Sumar y Podemos) ha caído del 46,3% al 35,2% en el mismo periodo.
El fenómeno resulta aún más pronunciado entre las franjas de edad más jóvenes. Entre los menores de 30 años, PP y Vox suman actualmente el 57% del voto, con el PP alcanzando el 38,2% y Vox el 9,1%. En contraste, el PSOE obtiene apenas el 28,2% entre este segmento de edad, Sumar el 6% y Podemos ha quedado reducido al 2,3%. Los datos revelan que la brecha entre bloques ideológicos se amplía conforme desciende la edad: entre los jóvenes de 18 a 29 años, la derecha supera a la izquierda en 21,8 puntos porcentuales, una distancia que contrasta radicalmente con los equilibrios tradicionales que caracterizaban el voto juvenil español en las últimas décadas.
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La derecha gana 13,7 puntos entre la generación Z
El ascenso de la derecha entre los votantes jóvenes no constituye un fenómeno puntual sino una tendencia sostenida a lo largo del último año. Según los datos de Sigma Dos, en los meniales (generación Z) la derecha ha ganado 13,7 puntos en 10 meses, pasando del 43% en marzo de 2025 al 56,7% en enero de 2026. En el mismo periodo, el voto de izquierdas entre este segmento ha caído del 46,3% al 35,2%, una pérdida de 11,1 puntos que evidencia el trasvase directo de electores jóvenes desde formaciones progresistas hacia opciones conservadoras y de extrema derecha.
El Partido Popular lidera este crecimiento con 13,7 puntos de incremento entre los menores de 30 años durante el último año, alcanzando el 38,2% de intención de voto en enero de 2026. Vox, aunque con cifras más modestas, mantiene una base estable del 9,1% entre este electorado, resistiendo mejor que otras formaciones el desgaste electoral. La suma de ambas formaciones sitúa a la derecha española en una posición dominante entre la juventud, invirtiendo completamente la tradicional hegemonía de la izquierda en este segmento demográfico que se había mantenido desde la Transición democrática.
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El hundimiento del voto joven de izquierdas
El desplome del voto joven hacia formaciones de izquierda afecta de manera diferenciada a los distintos partidos del espectro progresista. El PSOE, que en marzo de 2025 obtenía el 30,4% entre los menores de 30 años, ha caído hasta el 28,2% en enero de 2026, una pérdida de 2,2 puntos que, aunque moderada en términos absolutos, resulta significativa en un contexto de fuerte competencia electoral. Sumar ha experimentado un descenso más pronunciado, pasando del 13% al 6% en el mismo periodo, lo que representa una caída de 7 puntos porcentuales que sitúa a la formación al borde de la irrelevancia entre el electorado más joven.
Podemos, por su parte, ha quedado prácticamente borrado del mapa electoral juvenil, cayendo del 9,3% al 2,3% entre marzo de 2025 y enero de 2026. Esta caída de 7 puntos refleja el desgaste de una formación que en su momento canalizó el descontento de la generación del 15-M pero que ahora ha perdido capacidad de atracción entre los votantes que entonces eran adolescentes o niños. Los datos muestran que la izquierda alternativa a la socialdemocracia tradicional, representada por Sumar y Podemos, ha perdido más de 14 puntos combinados en apenas diez meses entre el electorado juvenil, un desplome que contrasta con la relativa resistencia del PSOE.
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Vivienda y precariedad como motores del cambio
Los expertos consultados por El Mundo coinciden en señalar la crisis de la vivienda y la precariedad laboral como factores determinantes del giro electoral juvenil. La generación Z se enfrenta a un mercado inmobiliario donde el acceso a la vivienda resulta prácticamente inalcanzable con los salarios disponibles para los menores de 30 años. El precio medio del alquiler ha aumentado un 45,3% en las principales ciudades españolas entre 2019 y 2025, mientras que los salarios de entrada al mercado laboral apenas han crecido un 12% en el mismo periodo, según datos del Instituto Nacional de Estadística.
Esta combinación explosiva de vivienda inaccesible y salarios precarios genera una frustración profunda entre los jóvenes españoles, que perciben que las políticas progresistas implementadas en los últimos años no han logrado mejorar sus condiciones materiales de existencia. Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal han capitalizado este descontento centrando su discurso en la barrera del 50% que representaría el pago de vivienda sobre los ingresos juveniles, prometiendo medidas para abaratar el acceso a la propiedad mediante desgravaciones fiscales y reducción de trabas administrativas.
La precariedad laboral constituye el segundo gran eje del malestar juvenil. A pesar de la reforma laboral de 2021 y las sucesivas subidas del Salario Mínimo Interprofesional, los jóvenes españoles continúan enfrentándose a contratos temporales, jornadas parciales no deseadas y salarios que no permiten la emancipación. El 67,4% de los menores de 30 años vive aún en casa de sus padres, según datos de Eurostat de 2024, una tasa que sitúa a España muy por encima de la media europea del 48,2%. Esta imposibilidad de construir proyectos de vida independientes alimenta la percepción de que el sistema actual no funciona para la juventud.
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La respuesta del PSOE ante la sangría electoral
Pedro Sánchez anunció el lunes 13 de enero en Madrid un paquete de medidas destinadas específicamente a recuperar el voto joven, reconociendo implícitamente la sangría electoral que sufre su partido entre este segmento demográfico. El presidente del Gobierno presentó iniciativas centradas en vivienda, con la propuesta de que el Estado actúe como avalista para jóvenes que quieran comprar su primera vivienda, así como medidas para limitar el precio de los alquileres en zonas tensionadas. Estas propuestas intentan responder directamente a la principal preocupación del electorado joven.
El paquete incluye además medidas en el ámbito laboral, con incentivos fiscales para empresas que contraten jóvenes menores de 30 años con contratos indefinidos, así como programas de formación profesional vinculados a sectores con déficit de mano de obra cualificada. Sánchez busca presentar estas iniciativas como una respuesta concreta a los problemas materiales de la juventud, intentando contrarrestar el discurso de la derecha que presenta al Gobierno socialista como desconectado de las necesidades reales de los ciudadanos más jóvenes.
Sin embargo, el impacto electoral de estas medidas resulta incierto. Los jóvenes españoles han desarrollado un escepticismo profundo hacia los anuncios gubernamentales tras años de promesas incumplidas en materia de vivienda y empleo. El sociólogo Javier Redondo, en un análisis publicado en El Mundo, argumenta que «la rebelión de los milennial y Z» responde a una crisis más profunda que las medidas puntuales no pueden resolver. Los jóvenes, según Redondo, «quieren labrarse su propio futuro y creen que Sumar, PSOE y Podemos les han repetido gominolas para narcotizarles», buscando ahora alternativas que prometan cambios estructurales más radicales.
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Crisis identitaria y nuevas prioridades generacionales
El giro electoral juvenil hacia la derecha refleja también una crisis identitaria de la izquierda española entre las nuevas generaciones. Los jóvenes de la generación Z no vivieron la Transición democrática ni el franquismo, contextos históricos que marcaron profundamente las identidades políticas de generaciones anteriores. Para ellos, los debates sobre memoria histórica, identidad nacional o derechos LGTBI, que ocupan espacio central en el discurso de la izquierda, resultan menos relevantes que cuestiones materiales inmediatas como conseguir un trabajo estable o poder independizarse.
Esta desconexión generacional se manifiesta en el rechazo explícito que muchos jóvenes expresan hacia lo que perciben como «políticas identitarias» o «agenda woke» de la izquierda. PP y Vox han capitalizado este malestar presentándose como defensores del «mérito individual» frente a las «políticas de cuotas» o el «buenismo progresista». El mensaje de que cada persona debe forjarse su futuro mediante el esfuerzo personal, sin depender de ayudas estatales, conecta con jóvenes frustrados que perciben que las políticas redistributivas no han mejorado sus oportunidades vitales.
La politóloga Anna López señala que «la generación Z se mueve por códigos distintos a los millenials» y advierte que «su base social es distinta». Mientras los millenials vivieron la crisis de 2008 y desarrollaron una conciencia crítica hacia el capitalismo financiero, la generación Z ha crecido en un entorno de precariedad normalizada donde la expectativa de movilidad social ascendente ha desaparecido. Este contexto genera, paradójicamente, tanto movimientos hacia la izquierda radical que propone transformaciones sistémicas como giros hacia la derecha que promete liberación individual mediante desregulación y reducción de impuestos, predominando actualmente esta segunda opción en el caso español.