La presidenta madrileña y el líder de Vox recibieron la convocatoria del 29-N pidiendo a los electores que no voten por correo, un sistema con garantías acreditadas. La sospecha preventiva de fraude, sumada al programa de «prioridad nacional, desregulación y remigración» que Abascal exige a un futuro Gobierno con el PP, retrata a una derecha española que copia sin disimulo la estrategia de Donald Trump.
Pedro Sánchez anunció ayer la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones generales para el 29 de noviembre. Pocas horas después, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el líder de Vox, Santiago Abascal, coincidían en el mismo mensaje: desconfiar del voto por correo. Ayuso pidió en un desayuno informativo que a la ciudadanía «ni se le ocurra» utilizarlo y aseguró que el Gobierno «buscará nuevos señuelos con trampas». Abascal, en Antena 3, animó a votar en la urna porque no se fía «absolutamente de nada» de lo que pueda hacer el presidente.
La coincidencia no es casual ni inédita. Sembrar dudas sobre el escrutinio antes de que se emita una sola papeleta es la secuencia que Donald Trump convirtió en estrategia en 2020. Durante meses presentó el voto postal como un fraude en marcha y, tras su derrota, ese relato alimentó la campaña «Stop the Steal» y el asalto al Capitolio. La lógica es tan simple como eficaz. Si se gana, la sospecha se olvida. Si se pierde, la derrota ya tiene explicación y culpable designado de antemano.
Un sistema con garantías
El procedimiento que Ayuso y Abascal cuestionan figura entre los más vigilados del sistema electoral español. Las papeletas quedan custodiadas en las oficinas de Correos, se trasladan a los colegios al inicio de la jornada y se introducen en las urnas al cierre, antes del recuento. Todo ocurre bajo la supervisión del personal de la Administración y de los interventores y apoderados de cada partido, incluidos los del PP y Vox. Ninguno de los dos dirigentes aportó ayer un solo indicio de irregularidad que respaldara sus advertencias.
El precedente más cercano tampoco avala la sospecha. En julio de 2023, el propio Alberto Núñez Feijóo alimentó la teoría de que el voto por correo no era seguro. El resultado desmintió el augurio. Casi 2,5 millones de electores votaron por correo, la cifra más alta de la democracia, y solo un 5,8% de quienes lo solicitaron no llegó a emitirlo, el porcentaje más bajo registrado. El fraude anunciado nunca apareció. Esta vez, Feijóo evitó pronunciarse sobre el mensaje de Ayuso y Abascal.
Ayuso abrió además un segundo frente al vincular la regularización de inmigrantes del último año y la llamada ley de nietos con un supuesto crecimiento de hasta siete escaños en Madrid, una forma, según ella, de «meter la mano en la urna». La regularización no otorga voto en unas generales, reservado a quienes tienen la nacionalidad. En cuanto a la ley de nietos, el Supremo suspendió cautelarmente el 8 de septiembre los efectos electorales de las inscripciones en el censo de residentes ausentes (CERA) amparadas en ella, a petición de Iustitia Europa y Vox, salvo para quienes acrediten que sus familiares sufrieron exilio.
El programa que Abascal impone al PP
Abascal completó la jornada con una declaración sin preguntas en la sede de Vox, donde fijó tres condiciones para el programa del Gobierno que aspira a compartir con el PP. Exigió «prioridad nacional», «desregulación» y «remigración, para revertir la invasión migratoria». Cada una tiene una genealogía reconocible. La prioridad nacional procede del lepenismo francés y encaja con el «America First» de Trump. La desregulación, que Abascal justificó para quitar a la economía «toda la ideología», remite a la motosierra de Javier Milei y al recorte federal encomendado a Elon Musk.
La remigración, término acuñado por el identitarismo europeo y asumido por Alternativa para Alemania (AfD), designa la expulsión masiva de población de origen extranjero, que en sus versiones más extremas alcanza a personas con papeles o nacionalidad. Abascal la eleva ahora a condición de gobierno. El dirigente ultra insistió también en el riesgo de que Sánchez «consiga manipular este proceso electoral» y acusó a la izquierda de recurrir a sus «milicias» para impedirle hacer campaña, en alusión a la playa del Trampolín de Ceuta, donde se hacinaron miles de inmigrantes.
Una derecha a remolque
La ofensiva llega en el mejor momento de Vox. Las encuestas lo sitúan por encima del 18%, seis puntos más que en julio de 2023 y tres por encima de noviembre de 2019, cuando logró su récord de 52 diputados. Su ascenso contrasta con el estancamiento del PP y aumenta su peso en una coalición de derecha y ultraderecha que los sondeos dan por probable si ambos suman mayoría. Por eso su programa ha dejado de ser retórica de oposición para convertirse en una hoja de ruta con posibilidades reales.
Que Ayuso reproduzca el discurso de Abascal sobre el voto postal muestra hasta qué punto el marco trumpista ha penetrado en el PP. Abascal calificó la convocatoria de «excelente noticia» y reclamó elecciones «libres, limpias y sin violencia» mientras siembra dudas sobre su limpieza. En Antena 3 se mostró prudente y recordó que en 2023 también se auguraba una mayoría de derechas que nunca llegó. «No podemos vender la piel del oso antes de cazarlo», advirtió. Por si acaso, la coartada ya está escrita.