Hubo años en que el mundo se detuvo. Años en que el sol dejó de salir o la peste se llevó a medio continente. Años sin estaciones, sin trigo, sin entierros. Y hubo otros en que la muerte llegó con uniformes y números de serie, con un dios vengativo o con un virus nuevo y un encierro largo.
La historia no siempre avanza: a veces se desploma.
El año 536 fue, según varios historiadores, el más oscuro que ha vivido la humanidad. Literalmente. Una neblina volcánica cubrió el cielo del hemisferio norte durante casi dos años. No hubo cosechas, las hambrunas se multiplicaron y pronto llegó la peste. Se derrumbaron imperios y empezó una de las etapas más sombrías de la Edad Media.
En 1348, la peste negra mató a millones. Europa quedó rota. El campo se vació, las ciudades se llenaron de miedo. Lo que llamamos “Edad Moderna” nació, en parte, de ese trauma.
En 1914 se abrió una herida que no se ha cerrado del todo. La Primera Guerra Mundial fue una guerra sin rostro. Trincheras, gases, mutilaciones. Y al final, los escombros no dieron paso a la paz sino a la segunda parte del desastre: 1939-1945. Años donde la técnica industrial perfeccionó el exterminio.
En 1943, Auschwitz era rutina. El mundo ardía.
Y más cerca: 2020. No hubo bombas ni peste bubónica, pero sí miedo, soledad y pantallas encendidas todo el día. La vida se puso en pausa. Murieron millones por el COVID-19, y lo peor: nos acostumbramos. Una pandemia global dejó cicatrices físicas, psíquicas, sociales. Se perdieron abrazos, trabajos, rutinas. Y para muchos, sentido.
Estos años no se parecen, pero dejan una huella común: cada uno quebró algo en la conciencia colectiva. Cambió la idea del tiempo, del otro, del poder, del cuerpo. Cada uno de esos años fue un espejo: revelaron quién tenía privilegios, quién moría primero, quién sobrevivía sin perder la cabeza.
Al recordarlos, no se trata de nostalgia ni de dramatismo. Es un ejercicio de conciencia: el sufrimiento también es parte del relato humano. Y a veces, como ahora, conviene recordarlo. Por dignidad. O por prevención.