Rafael Grossi y los límites reales de la reforma de la ONU

23 décembre 2025 - 12:17

El candidato argentino propone una ONU más activa y menos declarativa. El diagnóstico es compartido, pero el margen de acción del próximo secretario general seguirá condicionado por una arquitectura que apenas ha cambiado desde 1945.

La candidatura de Rafael Grossi a la secretaría general de la ONU reactiva un debate recurrente sobre la distancia entre las ambiciones del multilateralismo y su capacidad efectiva de intervención. La crítica que formula, centrada en una organización excesivamente declarativa, coincide con una percepción ampliamente extendida en la comunidad internacional. El problema aparece cuando ese diagnóstico se confronta con los límites estructurales del sistema.

Grossi llega a esta carrera con un perfil técnico sólido. Desde 2019 dirige el Organismo Internacional de Energía Atómica, una de las agencias que conserva cierto margen operativo en escenarios complejos. Su experiencia en la gestión de expedientes sensibles aporta credibilidad, aunque también evidencia una realidad conocida. Incluso los organismos más especializados dependen de decisiones políticas que escapan a su control.

El respaldo del presidente Javier Milei introduce una dimensión política ambigua. Milei ha cuestionado en diversas ocasiones la utilidad del multilateralismo, pero apoya ahora a un candidato que aspira a reforzarlo. Esta tensión refleja una contradicción frecuente en América Latina. Se exige una ONU más eficaz mientras se desconfía de su funcionamiento y de su capacidad para actuar con imparcialidad.

La propuesta de una reforma consensuada se enfrenta a un obstáculo bien identificado. El Consejo de Seguridad concentra el poder decisorio y mantiene intacto el derecho de veto. Mientras ese núcleo permanezca inalterado, la capacidad de acción de la ONU seguirá supeditada a los intereses de las grandes potencias, como muestran los conflictos recientes.

La rotación geográfica, que favorece a un candidato latinoamericano tras el mandato de António Guterres, aporta legitimidad simbólica. No garantiza, sin embargo, un cambio sustancial en la forma de ejercer el poder dentro de la organización.

La candidatura de Grossi permite visibilizar una realidad incómoda. Reformar la ONU sin intervenir en sus mecanismos centrales equivale a introducir ajustes parciales en un sistema diseñado para preservar equilibrios políticos. El próximo secretario general podrá influir en el tono y en las prioridades, pero difícilmente en la estructura que define los límites de la acción multilateral.

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