Francis Halzen gana el Nobel de Física por convertir el hielo de la Antártida en una ventana al universo

07 octobre 2026 - 10:24

El físico belga-estadounidense Francis Halzen ha sido galardonado con el Premio Nobel de Física 2026 por sus contribuciones decisivas al observatorio IceCube y al descubrimiento de neutrinos de alta energía procedentes del cosmos. Su trabajo permitió transformar un kilómetro cúbico de hielo del Polo Sur en uno de los instrumentos científicos más extraordinarios construidos para observar el universo. 

La Real Academia Sueca de Ciencias concedió este martes el Premio Nobel de Física 2026 a Francis Halzen, una de las figuras fundamentales de la astrofísica de partículas contemporánea. El científico, nacido en Bélgica y profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison, ha dedicado buena parte de su carrera a perseguir unas partículas casi imposibles de capturar: los neutrinos.

El jurado reconoció a Halzen por sus «contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube y el descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico». Detrás de esa formulación se encuentra una aventura científica iniciada décadas atrás y basada en una idea que parecía extremadamente audaz: utilizar el hielo profundo de la Antártida como un gigantesco telescopio.

Las «partículas fantasma» del universo

Los neutrinos son partículas extraordinariamente difíciles de detectar porque apenas interactúan con la materia. Millones de ellas pueden atravesar cuerpos, edificios e incluso el planeta sin dejar prácticamente rastro.

Precisamente esa característica las convierte en mensajeros excepcionales del cosmos. A diferencia de otras partículas, pueden recorrer enormes distancias sin perder apenas información sobre los fenómenos que las produjeron, ofreciendo pistas sobre algunos de los entornos más violentos del universo.

Halzen comprendió que el hielo extraordinariamente transparente del Polo Sur podía utilizarse como medio para detectar las débiles señales luminosas generadas cuando un neutrino interactúa excepcionalmente con la materia.

De aquella idea nació IceCube.

Un telescopio enterrado bajo el Polo Sur

IceCube no se parece a un telescopio convencional. Miles de detectores ópticos fueron instalados a profundidades que llegan aproximadamente hasta los 2.450 metros bajo la superficie antártica. En conjunto, instrumentan alrededor de un kilómetro cúbico de hielo.

Cuando determinadas partículas producidas por la interacción de un neutrino atraviesan el hielo, generan una tenue radiación que los sensores pueden registrar. A partir de esas señales, los científicos reconstruyen la energía y la dirección de procedencia del neutrino.

La apuesta dio un resultado histórico. En 2013, IceCube anunció el descubrimiento de un flujo de neutrinos de altas energías procedentes del espacio, demostrando que estas partículas podían utilizarse para estudiar el universo de una manera completamente nueva. Desde entonces, el observatorio ha obtenido indicios y observaciones relacionados con fuentes extragalácticas y, en 2023, anunció la detección de neutrinos procedentes de nuestra propia galaxia.

Una carrera entre Bélgica y Estados Unidos

Nacido en Bélgica en 1944, Halzen cursó sus estudios universitarios en la actual KU Leuven, donde obtuvo su máster y su doctorado. En 1972 se incorporó al departamento de Física de la Universidad de Wisconsin-Madison, institución a la que quedaría vinculada buena parte de su trayectoria científica.

Su aventura antártica comenzó mucho antes de IceCube. En 1987 empezó a trabajar en AMANDA, un experimento pionero que demostró que era posible utilizar el hielo del Polo Sur para construir un telescopio de neutrinos. Esa experiencia acabaría abriendo el camino al proyecto mucho más ambicioso de IceCube.

Hoy, la colaboración internacional reúne alrededor de 450 científicos de 58 instituciones pertenecientes a 14 países, una dimensión que Halzen quiso destacar inmediatamente después de conocer la concesión del Nobel. El científico presentó el premio como un reconocimiento al esfuerzo colectivo de quienes hicieron posible un proyecto que durante años estuvo rodeado de enormes desafíos técnicos.

Una nueva astronomía

La trascendencia del trabajo premiado va mucho más allá de la detección de una nueva clase de partículas. Durante siglos, la humanidad observó el universo fundamentalmente mediante la luz. Posteriormente llegaron la radioastronomía, los rayos X, los rayos gamma y, más recientemente, las ondas gravitacionales.

Los neutrinos han añadido otro sentido a esa observación.

Su estudio puede ayudar a comprender algunos de los aceleradores naturales de partículas más potentes del cosmos y fenómenos asociados a galaxias activas y agujeros negros.

IceCube continúa además evolucionando. Durante 2025 y 2026 se instaló una importante ampliación destinada a mejorar la calibración del hielo y aumentar la capacidad del observatorio para reconstruir la trayectoria de los neutrinos. En el horizonte se encuentra IceCube-Gen2, un proyecto todavía más ambicioso.

El Nobel concedido a Francis Halzen reconoce así algo más que una larga carrera científica: la idea de que un inmenso bloque de hielo situado en uno de los lugares más inhóspitos de la Tierra podía convertirse en una nueva ventana para mirar el universo.

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