El embajador estadounidense ante la OTAN, Matthew Whitaker, reconoció que España está haciendo «grandes progresos» en gasto en defensa a corto plazo y la calificó de «aliado comprometido». Pero el elogio vino acompañado de una advertencia: Washington no cree que los compromisos de capacidades que Madrid asumió en la cumbre de La Haya sean financiables con el 2,1% del PIB que el Gobierno de Pedro Sánchez defiende como techo de inversión. Las declaraciones se producen en vísperas de la reunión de ministros de Defensa de la Alianza, prevista para este jueves en Bruselas.
El embajador de Estados Unidos ante la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Matthew Whitaker, compareció ante los medios de comunicación en una rueda de prensa telemática previa a la cita ministerial que los aliados celebrarán el jueves en Bruselas. Su mensaje sobre España fue el más comentado de la jornada por su doble registro: el reconocimiento de avances y la duda aritmética que persiste en Washington. «Sinceramente, creo que España está haciendo grandes progresos a corto plazo», afirmó el diplomático. Pero a continuación añadió que EEUU no comparte la tesis española de que esos compromisos pueden cumplirse con un gasto equivalente al 2,1% del Producto Interior Bruto (PIB). «No creemos que sea posible», subrayó.
El telón de fondo es conocido. En la cumbre de la OTAN celebrada en La Haya en junio de 2025, los 32 aliados acordaron incrementar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB antes de 2035, distribuido en un 3,5% de gasto militar directo y un 1,5% adicional en resiliencia e infraestructuras. España firmó el acuerdo, pero con una condición: el secretario general de la Alianza, Mark Rutte, reconoció en una carta al presidente Sánchez la «flexibilidad» de España para determinar su propia senda soberana hacia los objetivos de capacidades, sin quedar vinculada a ese porcentaje. Madrid interpretó ese margen como el respaldo a su posición de 2,1%, que Sánchez formuló en términos nítidos: «Ni más, ni menos». El presidente Donald Trump respondió amenazando con aranceles y llegó a plantear la expulsión de España de la Alianza, en un episodio que generó una fuerte tensión bilateral.
El elogio con reservas del embajador
Whitaker no ha reproducido este martes la dureza de Trump. Lejos de ello, ha querido transmitir un mensaje de distensión: España es un aliado que trabaja, que dialogue y que avanza. El embajador destacó que se había reunido en la mañana del martes con el embajador español ante la OTAN, Federico Torres Muro, para abordar, entre otros asuntos, la cuestión del gasto en defensa. «Mantenemos esas conversaciones de forma continua y regular, tanto con el personal internacional como, por supuesto, conmigo y con mi personal aquí», explicó. La mención explícita de esa reunión bilateral es un gesto de normalización: no hay crisis abierta, sino un proceso de seguimiento dentro de los cauces habituales de la Alianza.
Al mismo tiempo, Whitaker dejó claro que el marco de referencia de Washington no ha cambiado. EEUU sigue estimando que los compromisos de capacidades que España asumió en La Haya —los mismos que el Gobierno español dice poder cumplir con su presupuesto actual— requieren en realidad un nivel de inversión bastante superior. «Es evidente que se han adherido al compromiso de defensa de La Haya», reconoció, en alusión al acuerdo firmado por todos los aliados. Pero añadió: «Creemos que las capacidades a las que se han comprometido supondrán un 3,5% de gasto real en defensa, más otro 1,5% en resiliencia e infraestructuras». España, en su opinión, «no estaba de acuerdo» en ese cálculo.
La aritmética que Washington no acepta
El eje del argumento de Whitaker no es político sino financiero: Madrid y Washington tienen cuentas distintas sobre lo que cuesta equipar y sostener las fuerzas militares que la OTAN asigna a España. Para el embajador, esa discrepancia no es un matiz menor sino un problema de fondo. «Si España puede hacerlo más barato, sería fantástico. No creemos que sea posible, pero si lo es, por favor, enséñennos cómo hacerlo. Porque creemos que tenemos una idea bastante clara de cuánto cuestan la artillería, los tanques y los soldados», señaló con un tono que combinaba el desafío y la ironía diplomática.
La posición española descansa en varios pilares. En primer lugar, el gasto en defensa creció significativamente en 2025 —con un incremento adicional de 10.471 millones de euros que permitió alcanzar por primera vez el 2% del PIB—, aunque financiado en parte con partidas extraordinarias y préstamos a interés cero. En segundo lugar, el Gobierno argumenta que una escalada hasta el 3,5% o el 5% exigiría recortes en el Estado de bienestar incompatibles con su programa de gobierno y con el apoyo parlamentario de sus socios de coalición. Sánchez lo expresó con claridad en La Haya: el nivel que exige Washington es «irrazonable» e «incompatible» con las obligaciones sociales del Estado. Whitaker no entra en ese debate político; se limita a señalar que los números no cuadran.
El jueves en Bruselas y el examen de julio en Ankara
Las declaraciones de Whitaker se producen en un momento de actividad intensa en el seno de la Alianza. Este jueves, los ministros de Defensa de los 32 países aliados se reúnen en la sede de la OTAN en Bruselas, con la ministra española Margarita Robles en la delegación española. El orden del día tiene como eje principal el aumento del gasto en defensa y el seguimiento de los compromisos adquiridos en La Haya, con la guerra en Ucrania como telón de fondo permanente. El embajador señaló que «todavía hay algunos aliados que deben dar un paso adelante, en particular aquellos que se encuentran geográficamente más alejados del flanco oriental de la OTAN», en una alusión a los países del sur y el oeste de Europa que avanza más lentamente que los del norte y el este.
El gran examen colectivo, sin embargo, está previsto para julio en Ankara, donde la OTAN celebrará su próxima cumbre de jefes de Estado y de Gobierno. Para entonces, los aliados deberán presentar sus planes nacionales y la Alianza evaluará el grado de cumplimiento de los compromisos de La Haya. La reunión turca pondrá a prueba no solo la estrategia española de capacidades a bajo coste, sino la coherencia general de un acuerdo que ya genera dudas en países como Bélgica y cuyo principal impulsor, Donald Trump, mantiene la presión aunque haya moderado el tono en las últimas semanas. España llega a ese horizonte con un reconocimiento de progresos, una duda aritmética sin resolver y un margen de maniobra que sigue siendo objeto de interpretaciones divergentes entre Madrid y Washington.