La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, advirtió ante el Parlamento Europeo que la guerra abierta en Oriente Medio tras la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán amenaza con prolongar la crisis energética global y obligará a Europa a acelerar su autonomía estratégica.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, lanzó este miércoles una advertencia clara desde Estrasburgo: Europa debe prepararse para un impacto prolongado de la guerra en Oriente Medio.
“Las consecuencias de este conflicto podrían prolongarse meses o incluso años”, afirmó ante el pleno del Parlamento Europeo durante el debate sobre la escalada regional tras la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Von der Leyen subrayó que la crisis actual representa la segunda gran sacudida energética para Europa en apenas cuatro años, después del impacto provocado por la guerra en Ucrania y la ruptura del equilibrio gasístico con Rusia.
“La lección debe ser clara para todos: en un mundo turbulento como el nuestro, no podemos depender demasiado de la energía importada”, sostuvo.
La presidenta comunitaria insistió en que la Unión Europea debe acelerar su estrategia de soberanía energética, reforzando las inversiones en renovables, interconexiones y almacenamiento, así como la diversificación de proveedores.
El conflicto con Irán ha vuelto a colocar al estrecho de Ormuz en el centro de la preocupación internacional, dado que por esa vía marítima transita cerca de una quinta parte del petróleo y gas mundial.
Las tensiones en la zona ya han provocado fuertes oscilaciones en los precios del crudo y un aumento de la inquietud en los mercados europeos.
Bruselas teme que una prolongación del bloqueo o una escalada militar más amplia afecte directamente al suministro energético del continente y reactive la presión inflacionaria sobre hogares e industrias.
El debate en Estrasburgo coincide con una creciente presión sobre los gobiernos europeos para definir una posición común frente a la crisis, en un contexto donde la seguridad energética vuelve a convertirse en una cuestión de soberanía política.