Ricardo Hausmann, economista venezolano, profesor e investigador de la Universidad de Harvard, ha reflexionado extensamente, en entrevista con W Radio (Colombia), sobre varios de los desafíos que hoy enfrenta Venezuela.
Hausmann es Doctor en economía por la Universidad de Cornell y previamente se desempeñó como economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo, fue ministro de Planificación de Venezuela y miembro del directorio del Banco Central de su país. Analizó recientemente en The Economist que “La paz y la prosperidad en Venezuela vendrán de la democracia no del petróleo”.
La estructura política y criminal armada que hoy detenta el poder en Venezuela ha eliminado las libertades, ha perseguido a la oposición y no ha dado garantías mínimas para el ejercicio democrático en el país. No respeta la voluntad popular y tampoco reconoce legítimos vencedores en procesos electorales para evitar el traspaso del poder. Esa es y esa ha sido la realidad de Venezuela. Es difícil pensar en una manera realista diferente, a la que se ha visto el sábado, para que Maduro dejara el poder.
Ahora bien, Hausmann ha dicho una gran verdad y es necesario que más gente como este académico discuta, cuestione y dude de lo que pretende hacer la administración americana en Venezuela.
Controlar el petróleo, como pretende Trump, no traerá la democracia, la paz, la libertad y la prosperidad al país. Hausmann lo explica con claridad: el petróleo está bajo la tierra y convencer a una empresa para que invierta implica también convencerla de que que hay un gobierno legítimo donde las leyes pasan por un Congreso legítimo y el país tiene un marco legal y contractual creíble.
Esas certezas y garantías facilitan las inversiones de miles de millones de dólares, teniendo la idea y la premisa de que los inversores van a recibir los retornos de esos millones de dólares de inversión por un periodo muy largo en el tiempo en el que habrá sucesivos cambios de gobierno de diferente tendencia, pero el sistema político y sus leyes son suficientemente sólidos, respetables, estables y creíbles.
¿Es ese el caso de la Venezuela de Delcy Rodríguez y la cúpula chavista que permanece en el poder? ¿Correrán a invertir las petroleras americanas en esa Venezuela presidida por un gobierno ilegítimo? ¿Por qué para las grandes empresas en el mundo es más razonable invertir en países como Australia que en países de África? Porque en el primer caso el ámbito legal y contractual es incuestionable, según se extrae de las observaciones del académico. Las compañías van a un país como Australia porque, a pesar de que los impuestos son altos, le creen al marco jurídico, le creen al marco contractual, subraya Hausmann. “¿Quieres recuperar la industria petrolera de Venezuela? Tienes que recuperar la democracia, tienes que recuperar la legitimidad política”, añade el profesor.
¿Estarían los venezolanos a favor de otorgar prebendas y trato privilegiado a las empresas americanas frente a las empresas francesas, españolas y todas las demás? Probablemente no. Esto no sería capitalismo, sino usurpación, explotación y abuso. La oposición, que tiene la mayoría de apoyo de los venezolanos, es promercado y así no funcionan el capitalismo y la libre competencia. El profesor agrega que Venezuela va a precisar una nueva legislación petrolera y esa nueva regulación debe tener bases en la legalidad y ser legitimada por los venezolanos, no por el chavismo. “Si tú quieres recuperar la industria petrolera venezolana, debes recuperar la democracia en Venezuela”.
Grandes empresas, no solo estadounidenses, van a querer recuperar su actividad de exploración y explotación del petróleo en Venezuela, pero es el país, no el régimen y no Estados Unidos, quien debe tener la capacidad de negociar con esas empresas dispuestas a competir. Esta transición a lo ‘Donroe’ no puede ser para beneficio personal y de las empresas americanas. Eso sería “dar un poder monopólico a las empresas americanas” para que tengan un mejor trato del que los venezolanos podrían haber negociado, en lugar de poner a competir a todas las interesadas. “Eso suena más a usurpación, a explotación, no suena a capitalismo, no suena a mercado libre”, precisa el académico.
Dudas razonables sobre Trump a partir de sus antecedentes
El presidente estadounidense dijo, meses atrás, que iba a resolver la guerra en Ucrania en un día, también dijo que arreglar el sistema de salud americano sería muy fácil y ahora cree que va a recuperar la economía venezolana de un día a otro sin democracia.
Para Hausmann la cuestión es cuál va a ser el marco de atención que va a tener Trump con Venezuela porque, su temperamento, permite plantear que podría aburrirse antes de resolver el problema. El académico de Harvard teme un escenario donde Trump se plantee: ‘ya saqué a Maduro y me dieron unos contratitos petroleros, ahora déjame sacar el portaaviones para ir a otro lado y déjame dejar esto así’. Es decir, salir de Venezuela dejando el poder en manos de una dictadura feroz, con un control ilegítimo del poder, sin haber desmantelado esa mafia criminal armada que opera en el territorio venezolano.
Por todo ello, insiste en que Trump y su administración no van a poder gestionar Venezuela pasando por encima de la voluntad de los venezolanos y sin cambiar su estrategia política.
El gobierno de Delcy Rodríguez, dice Hausmann, es un gobierno extremadamente frágil. Maduro se robó las elecciones, pero participó en las elecciones. Delcy, en cambio, fue nombrada por un presidente ilegítimo. ¿Cuál es su base y legitimidad? ¿Esa es la base de la que parte Estados Unidos para la recuperación económica de Venezuela?
Hausmann duda de que la estrategia de Trump vaya a dar el resultado económico que espera para la reactivación de la industria petrolera en Venezuela. “No creo que ninguna empresa americana seria se vaya a meter en estas condiciones”. ¿Por qué arriesgarse a invertir miles de millones de dólares con una incertidumbre legal, jurídica y política como la que está planteada en este momento?”, cuestiona.
¿Qué tipo de transición es la que le interesa a Washington?
Tras la euforia por la captura del dictador, vino la declaración del presidente Trump quien desde entonces prácticamente no ha utilizado nunca la palabra democracia y ha dicho que celebrar elecciones no es una prioridad. Lo único que le interesa es el petróleo y, además del petróleo, como bien indica el periodista Félix de Bedout, también están las enormes reservas de oro y todos los demás recursos que posee Venezuela.
El periodista destaca haber oído a muchos venezolanos plantear que, con tal de que se vaya el chavismo, no interesa o no importa que se le entregue el petróleo a Estados Unidos. Y efectivamente muchos lo han sugerido. Pero, la opinión de Hausmann es sumamente pertinente en este sentido: “lo que genera prosperidad son ciudadanos empoderados, ciudadanos que saben que tienen derechos, que pueden soñar, que pueden imaginar hacer cosas”.
¿Ir hacia una transición suave y sin ruido para no alarmar a los cabecillas del chavismo?
“Una transición tiene que involucrar a la sociedad, no puedes quedarte con los miles de presos políticos, con la gente en las salas de tortura, con los millones de venezolanos en el exterior exiliados sin poder regresar a su país. No puedes crear un gobierno unicolor, con puros chavistas, sin llamar a María Corina Machado y a su movimiento político a conversar sobre cómo garantizar la estabilidad política del país”, plantea el académico de Harvard.
Pretender estabilizar el país dejando en el poder a quienes estaban ahí ilegítimamente y sin involucrar a quienes tienen el apoyo popular mayoritario, es un despropósito que no augura resultados favorables para Venezuela.
Estados Unidos no ha dicho nada de que saquen a los presos políticos y no hay nada político dentro de lo que le están pidiendo al gobierno de Delcy Rodríguez. No hay nada que facilite una reconciliación política. La pregunta que hoy deberían hacerle a la administración Trump es ¿cómo va a haber un gobierno sin gente del lado democrático?
Al plan político de Trump para Venezuela le falta política y le falta buena política. Hasta ahora todo ha sido concebido con la premisa de que el petróleo de Venezuela pagará lo que supuestamente le han robado a Estados Unidos y esa devino en la prioridad: tener acceso al petróleo, por ello solo se ha hablado de petróleo, pero no de democracia. “Ellos, Estados Unidos, también tienen que demostrar que se merecen la confianza y el respeto de los venezolanos. Más allá de haberle sacado a un dictador y dejado hasta la fecha a todos los continentes del dictador, nadie se imaginó un escenario tan poco democrático y tan despreciativo de las fuerzas de la sociedad civil como el que se ha generado”, sostiene Hausmann.
Decenas de medios de comunicación han sido expropiados en este medio cuarto de siglo chavista, más de 50 medios dejaron de operar, decenas de periodistas han sido perseguidos, detenidos, hostigados y forzados al exilio. Tras la caída del dictador, en estas horas de presunta transición, ya se cuenta más de una docena de periodistas detenidos, la mayoría extranjeros. De eso no está hablando la administración Trump.
Hay que alertar y advertir las desviaciones que están teniendo lugar, no otorgar un cheque en blanco y un voto de confianza a ciegas, condescendiendo acríticamente con afirmaciones, hechos políticos y decisiones insólitas donde la democracia, las libertades y el libre mercado brillan por su ausencia.
Un país prospera, avanza y evoluciona con ciudadanos empoderados, con individuos que conocen su valía y que no están buscando salvadores, redentores y papás. Es con adultez, eligiendo ser adultos que integran una nación adulta, de ciudadanos en el sentido cabal del término, como sujetos de derechos y de obligaciones, pero no con ese infantilismo y esa servidumbre que algunos exhiben sin pudor en los últimos días.