La Conferencia de Seguridad de Múnich no solo reunió este fin de semana a jefes de Estado, ministros y responsables militares. En paralelo a las deliberaciones diplomáticas, una multitud estimada en unas 250.000 personas, según datos de la policía alemana, tomó las calles de la ciudad para expresar su rechazo al régimen iraní.
La movilización, celebrada en el amplio recinto de Theresienwiese, congregó a manifestantes llegados desde distintos países europeos. El momento elegido no fue casual: con la atención internacional puesta en Múnich, la diáspora iraní quiso situar la situación interna de Irán en el centro del debate global.
La protesta se produce tras la represión de las manifestaciones que sacudieron el país en los últimos meses. Lo que comenzó como un movimiento contra el encarecimiento del costo de vida derivó en un cuestionamiento directo al sistema político de la República Islámica. Organizaciones de derechos humanos han denunciado miles de víctimas durante la respuesta de las fuerzas de seguridad.
“Cuando un gobierno mata a su pueblo en la calle, no merece confianza”, afirmó Razieh Shahverdi, una ciudadana iraní residente en París que viajó a Alemania para participar en la concentración.
Uno de los momentos más visibles del acto fue la llegada de Reza Pahlavi, hijo del último sah de Irán, quien vive exiliado en Estados Unidos. Aclamado por parte del público, reiteró su disposición a encabezar una eventual transición política y pidió apoyo internacional para “poner fin a la República Islámica”.
En la plaza predominaban las banderas iraníes anteriores a 1979, con el león y el sol, símbolo asociado a la etapa monárquica. Para algunos asistentes, como Riana —médica iraní residente en Alemania— la figura de Pahlavi representa “una opción reconocible” frente a la incertidumbre política.
Mientras tanto, el contexto internacional añade tensión. Estados Unidos mantiene presencia naval reforzada en la región, con portaaviones desplegados en señal de presión estratégica, aunque Washington insiste en mantener abierta la vía diplomática.
La manifestación de Múnich evidenció que la cuestión iraní no es solo un asunto regional, sino un tema que moviliza a amplios sectores de la diáspora en Europa y que se entrecruza con los equilibrios geopolíticos en curso.