La escritora estadounidense Siri Hustvedt (70), oriunda de Northfield, Minnesota, de padres noruegos, pareja del escritor fallecido en 2024, Paul Auster, y residente en Nueva York, ha publicado un ensayo muy relevante y del que algunos analistas y periodistas en las Américas se han hecho eco.
El ensayo lo publicó en español El País en su edición del domingo y se titula: “Un nuevo tipo de fascismo avanza en el mundo”. La novelista y ensayista analiza y comenta lo que está sucediendo en su país, con el ascenso del trumpismo y su movimiento MAGA. Es enfática al observar que debe dejar de designársele como un movimiento o gobierno conservador, populista o autoritario para llamársele como lo que es: una nueva forma de fascismo.
Siri Hustvedt inicia su ensayo con una cita y la definición de fascismo planteada por el autor Robert Paxton en su libro Anatomía del fascismo (2004). “El fascismo puede definirse como una forma de comportamiento político que se caracteriza por la obsesión por el declive, la humillación o el victimismo de la comunidad y el culto compensatorio a la unidad, la energía y la pureza; y en la que un partido de masas formado por militantes nacionalistas entregados -con los que colaboran de forma incómoda pero eficaz las élites tradicionales- abandona las libertades democráticas y persigue, con violencia redentora y sin restricciones legales, unos objetivos de limpieza interna y expansión externa”.
Contrastar la definición de Paxton tanto con los vídeos de las actuaciones de agentes de ICE (en estos meses y especialmente en los días recientes en Minnesota que evidentemente han desbordado la legalidad), como con las declaraciones de la administración defendiendo tales procedimientos, por parte de sus agentes, o encasillando y estigmatizando a la prensa y a los periodistas que hablan de ello como “izquierdistas”, cosa que ha hecho la jefe de prensa de la Casa Blanca en horas recientes; y sumándole las declaraciones explícitas del presidente Trump en relación con Groenlandia, resulta elocuente teniendo la elaboración conceptual de Paxton. El trumpismo está ofreciendo la representación gráfica de la definición y ello deja poco que objetar a quienes tratamos de evitar el uso de conceptos o palabras tan grandes.
La escritora explica que, para Paxton, destacado estudioso del fascismo, el violento asalto al Capitolio cometido el 6 de enero de 2021 fue lo que signó la transición del movimiento trumpista, de populista y autoritario, a movimiento fascista. La autora admite la complejidad que entraña definir el concepto, la polémica que genera y la enorme bibliografía existente sobre este fenómeno en tanto “forma genérica y posdemocrática de política que trasciende el tiempo y el espacio”.
Hustvedt cuestiona si es importante saber si al régimen que ha consolidado su poder a toda velocidad en su país debe denominársele “populismo autoritario o fascismo”.
Esas emociones de “júbilo beligerante” de los mítines de Trump “son una especie de exorcismo colectivo”, nota, donde “los demonios internos del malestar cultural generalizado se descargan sobre algún otro muy conveniente” que es visto y señalado como el ‘culpable’ del malestar de “los verdaderos estadounidenses” que vendrían a ser, desde esa perspectiva, “los blancos inocentes y asediados” que finalmente han empezado a ‘levantarse’ para “ocupar el lugar que nos corresponde en la cima de la jerarquía”, siguiendo los dictámenes de Dios, la naturaleza o el propio ‘Gran Líder’.
Lo que ha hecho Trump es proporcionar a sus seguidores el acceso, la vía que les ha permitido transitar “de la vergüenza al orgullo” en breve. Los blancos estadounidenses nunca han perdido su estatus, pero han digerido muy mal que en tiempos recientes otras personas marginadas en el espectro político e invisibilizadas en espacios de poder hayan ascendido a posiciones que no habían ocupado antes. Y, al parecer, muchos se sienten humillados por ello y lo interpretan como graves afrentas contra el orden establecido.
Ahora, cuando Trump muestra abiertamente su intolerancia y crueldad autoriza a los demás, a los suyos, a hacerlo, a emularlo, y con ello libera de todo sentimiento de culpa social sus propios prejuicios y reconforta a sus fieles y militantes.
La verificación de hechos realizada por diferentes medios y que han demostrado y evidenciado todas las falsedades dichas por Trump no ha tenido ningún valor para los militantes de MAGA.
La escritora añade un elemento muy pertinente y visible, a la definición de Paxton del fascismo, este es “el culto compensatorio a la masculinidad”. Sostiene la ensayista que “la unidad, la energía y la pureza” están presentes en todas las versiones del fascismo que ha estudiado, sean del pasado o del presente. Sobresale esa enfermiza obsesión con la virilidad, la gloria del heroísmo, la exhibición y ostentación de la brutalidad viril en términos de fondo, forma, hábitos, comportamientos, mentalidades, orientaciones y, desde luego, en la cultura política. Abstracciones como la compasión, la negociación y la propia democracia no encajan con ese perfil del ‘macho trumpista’.
La escritora tiene a bien recordar e ilustrar a los más escépticos que los asaltantes del Capitolio, el 6 de enero de 2021, iban disfrazados de guerreros o bestias, vikingos, vaqueros, colonos, revolucionarios, hombres de las cavernas, animales con cuernos y cazadores y hasta superhéroes de MARVEL. “La masculinidad belicosa y la misoginia que la acompaña no son secundarias en el fascismo. Los trajes alimentaban la fantasía de un cuerpo masculino, al mismo tiempo impenetrable y sobrenatural. Los carteles, llaveros, tazas calzoncillos y otros artículos del movimiento MAGA retratan a Trump como Superman, Ironman, un héroe del oeste, un caballero con su reluciente armadura y muchas otras imágenes de este tipo reinventan al anciano, cada vez más frágil, grueso y de facultades intelectuales mermadas, como una criatura musculosa y a prueba de balas, propiedad de los cómics y la ficción cinematográfica”, abunda la autora.
Ellos han hecho de su líder un ser infalible, casi omnipotente, reconocer la derrota o las derrotas destruye la mitología y, sin ella, MAGA no existe. El fascismo no respeta el principio de realidad, sino que establece un mundo hermético propio con su propia lógica alternativa, puntualiza la escritora.
El segundo mandato de Trump y de sus secuaces, dice la autora, debe ser llamado por su nombre y los medios de comunicación estadounidenses deben dejar de utilizar la palabra conservador para referirse a los personajes que promueven políticas de extrema derecha y a quienes los apoyan. Esta gente no está conservando nada, su objetivo es destruir la institucionalidad, fabricar mentiras oficiales sin parar, afectar las libertades, el pluralismo, pasar por encima de la ley y del Estado de Derecho, pisotear a los ciudadanos, sean legales o irregulares, amenazar a otros países y hacerse de otros territorios.
Este accionar no se corresponde con un partido conservador en un sistema democrático como lo sostiene la escritora en algunas de sus frases más impactantes en el texto: “Muchos de ellos desean instaurar una nación patriarcal, cristiana y blanca”. “A nadie se le ocurriría decir hoy que si unos grupos judíos se hubieran sentado a conversar amigablemente con Hitler se habría podido evitar el Holocausto”. “El ICE se dedica a la limpieza interna. Se está muriendo gente. El ejército se ocupa de la expansión externa”. “La resistencia es fundamental y en este país hay un movimiento amplio y perseverante que va a seguir luchando, aunque aumenten los peligros, pero es esencial saber a qué nos oponemos. No es conservadurismo es un nuevo tipo de fascismo que alcanza al mundo entero”, concluye la escritora.