Tailandia vuelve a enfrentarse a una tragedia que reabre el debate sobre el acceso a las armas de fuego y la violencia en los centros educativos. Un adolescente de entre 14 y 15 años mató este viernes a ocho personas, entre ellas tres profesores y tres estudiantes, tras irrumpir armado en una prestigiosa escuela secundaria de la provincia de Nonthaburi, al norte de Bangkok.
Según informó la Policía tailandesa, el joven había asesinado previamente a sus dos abuelos con una pistola de su propiedad antes de dirigirse al instituto Debsirin Nonthaburi, donde abrió fuego contra alumnos y docentes.
El atacante también murió durante el incidente. Las autoridades investigan si fue abatido por la Policía o si se quitó la vida antes de ser detenido.
Además de las víctimas mortales, 15 estudiantes resultaron heridos mientras intentaban escapar del edificio, según confirmó el viceministro del Interior, Polapee Suwunchwee.
Un país conmocionado
El primer ministro, Anutin Charnvirakul, calificó el suceso de «terrible» y expresó su consternación por una tragedia que ha conmocionado al país.
«Nunca debió ocurrir. ¿Cómo pudo suceder algo así en nuestro país?», declaró ante los medios.
Testigos describieron escenas de pánico dentro del centro escolar.
«Escuché disparos uno tras otro. Pensé que iba a morir y que nunca podría cumplir mis sueños», relató una estudiante al canal público Thai PBS.
En los alrededores del colegio, miles de alumnos fueron evacuados mientras numerosos padres acudían desesperadamente a recoger a sus hijos.
Un problema recurrente
Aunque la legislación tailandesa regula la posesión de armas, el país registra una de las tasas más elevadas del Sudeste Asiático, con alrededor de 10 millones de armas de fuego en circulación, aproximadamente una por cada siete habitantes.
Los tiroteos masivos siguen siendo relativamente poco frecuentes, pero en los últimos años se han repetido episodios de gran impacto.
En 2022, un exagente de policía protagonizó una de las peores masacres de la historia reciente del país al asesinar a 36 personas, entre ellas 24 niños, en una guardería del norte de Tailandia.
Más recientemente, en febrero de este año, otro adolescente abrió fuego en un colegio del sur del país, causando la muerte del director e hiriendo a dos estudiantes.
El nuevo ataque vuelve a situar sobre la mesa el debate sobre el control del acceso a las armas, la salud mental de los menores y los protocolos de seguridad en los centros educativos, un desafío que preocupa cada vez más a las autoridades tailandesas.