Turquía endurece el tono con Irán tras un segundo misil interceptado por la OTAN

09 mars 2026 - 17:44

La crisis regional añadió este lunes un nuevo elemento de tensión: Turquía denunció que un segundo misil balístico lanzado desde Irán entró en su espacio aéreo en menos de una semana y fue interceptado por sistemas de defensa de la OTAN. El proyectil, según Ankara, penetró ya en el espacio turco antes de ser destruido; sus restos cayeron en una zona despoblada de Gaziantep, sin causar víctimas.

La reacción del presidente Recep Tayyip Erdogan fue inmediata y más severa que en días anteriores. Tras la reunión del gabinete, acusó a Teherán de seguir dando pasos “equivocados y provocadores” y advirtió de que ninguna acción debe dañar unos vínculos de vecindad que Ankara presenta como históricos. Al mismo tiempo, insistió en que el objetivo turco sigue siendo evitar que la guerra se extienda y mantener al país fuera de una espiral regional de fuego.

El episodio tiene una carga estratégica evidente. A diferencia del misil interceptado el 4 de marzo, que fue abatido antes de entrar en Turquía, el de este lunes sí logró penetrar en su espacio aéreo. La Alianza Atlántica confirmó la interceptación y reiteró que está preparada para defender a sus miembros, aunque de momento no contempla activar el Artículo 5. Tras el primer incidente, la OTAN elevó además su postura de defensa antimisiles ante los ataques iraníes en la región.

Ankara, sin embargo, intenta combinar firmeza y contención. Erdogan aseguró que Turquía mantiene contactos intensos con sus aliados y dijo haber hablado con 16 líderes desde el inicio de la guerra. También subrayó que el país vigila su espacio aéreo de forma permanente y que se reserva nuevas medidas de seguridad, después de anunciar incluso el despliegue de seis F-16 en el norte de Chipre.

La lectura política es delicada: Turquía no quiere aparecer como un actor pasivo ante un misil iraní sobre su territorio, pero tampoco desea convertirse en el siguiente frente de una guerra que ya ha obligado a la OTAN a intervenir dos veces en cinco días. Ahí reside, precisamente, la gravedad del momento: no se trata solo de un misil interceptado, sino del riesgo de que la frontera entre disuasión y escalada empiece a desdibujarse.

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