El desprecio hacia la libertad de prensa desde el poder y las maneras autoritarias en contra de quienes ejercen esta profesión y oficio no son nuevas. Pero que sea el presidente de Estados Unidos quien exhibe desdén y formas que humillan y denigran a los periodistas y reporteros es altamente preocupante. En las últimas horas, tres escenas protagonizadas por el presidente estadounidense evidencian tanto el deterioro de la libertad de expresión bajo su mandato, como el placer y la admiración que le producen las presencias autoritarias.
Primera escena: ‘cállate, cerdita’
Ha sido en cuestión de segundos que el presidente Donald Trump despachó a la reportera que le preguntaba sobre la aparición de su nombre en los correos electrónicos y archivos del delincuente sexual, condenado y misteriosamente suicidado, Jeffrey Epstein. El mandatario la mandó a callar y adicionalmente la llamó “cerdita”.
Segunda escena: la banalización del brutal asesinato perpetrado contra Khashoggi
Jamal Khashoggi fue un periodista y ciudadano saudí, residente estadounidense y columnista de The Washington Post, asesinado y desmembrado en la embajada de su país, en Turquía, en 2018. Su apellido ha quedado consignado en una calle a unos cuantos metros de la embajada saudí en Washington. Un recordatorio eficiente de los terribles eventos que rodearon la muerte de ese hombre.
Este martes, Khashoggi ha sido referido por Donald Trump como un periodista “extremadamente polémico” y “controvertido”. Lo hizo mientras estaba en compañía del príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman. La aseveración es brutal viniendo del jefe de Estado de un país libre. “Estás mencionando a alguien que fue extremadamente polémico. A mucha gente no le caía bien ese señor del que hablas. Te guste o no, las cosas pasan”, dijo Trump. Nunca ser “extremadamente polémico” justifica ser asesinado y desmembrado por agentes y funcionarios saudíes en la sede de una representación diplomática saudí en el extranjero.
“No tiene por qué avergonzar a nuestro invitado con una pregunta como esa”, expresó el presidente americano a la reportera Mary Bruce.
La investigación de la CIA en 2021 reveló que el príncipe saudí dio la orden de cometer el asesinato. “Basamos esta evaluación en el control del príncipe heredero sobre la toma de decisiones en el Reino, la participación directa de un asesor clave y miembros del equipo de protección de Muhammad bin Salman en la operación, y el apoyo del príncipe heredero al uso de medidas violentas para silenciar a los disidentes en el extranjero, incluido Khashoggi”, señala el informe de la CIA.
Pese a la evidencia, el presidente Trump estima que el príncipe heredero no está involucrado. “Él no sabía nada al respecto, y podemos dejarlo así”, ha zanjado Trump.
Por demás está decir que el aislamiento diplomático que experimentó el príncipe bin Salman tras el crimen de Khashoggi ha terminado gracias a Trump. La falsificación de los hechos por parte del presidente es inaceptable y le resta dignidad a su cargo.
Tercera escena: la irritación de Trump porque la prensa incomoda a su invitado
El trabajo de la prensa en los países libres es cuestionar al poder y hacer preguntas incómodas. ¿Acaso es responsabilidad de la prensa que existan dictaduras y países con regímenes que violan sistemáticamente los derechos humanos y las libertades fundamentales?
Pretender silenciar a la prensa desde el poder para que los dictadores-socios-amigos no sean incomodados con preguntas indeseables solo devela el perfil autoritario del liderazgo actual en Estados Unidos. El hecho de que el presidente Trump mostrase molestia reiterada y oposición a las preguntas ‘embarazosas’ de la prensa, durante la sesión fotográfica con el príncipe heredero saudí, en la Oficina Oval, solo constata la inclinación del jefe de Estado estadounidense.
La receptora de los ataques de Donald Trump este martes se llama Mary Bruce y es corresponsal de ABC. Bruce mencionó el crimen de Jamal Khashoggi, los negocios de la familia Trump en Arabia Saudí y los ataques del 11-S. “¿Es apropiado, señor presidente, que su familia haga negocios en Arabia Saudí mientras usted es presidente? ¿No constituye eso un conflicto de intereses? Y, alteza real, la inteligencia estadounidense concluyó que usted orquestó el brutal asesinato de un periodista. Las familias de las víctimas del 11-S están furiosas de que usted esté aquí en la Oficina Oval. ¿Por qué deberían los estadounidenses confiar en usted? Lo mismo va para usted, señor presidente”.
Trump, quien desearía atemorizar, inducir a la autocensura y tomar represalias contra los periodistas que no le sirven, le preguntó para quien trabaja, la llamó insubordinada y espetó que Brendan Carr, presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés), debería “considerar” sancionar a ABC por su cobertura informativa. “Creo que deberían quitarle la licencia a ABC porque sus noticias son tan falsas y tan erróneas”, indicó. Y después usó expresiones soeces y escatológicas para referirse a ese medio. “No tengo nada que ver con los negocios familiares. Me he desvinculado”, ha declarado el jefe de la Casa Blanca.
La reportera reiteró la pertinencia de su pregunta, mientras que las respuestas de Trump fueron desnudando su sentir más íntimo hasta que el príncipe saudí entró en acción, mostrando admirable impasibilidad, imperturbabilidad, cinismo y total control de las emociones durante sus intervenciones. Dijo, por ejemplo, que el asesinato de Khashoggi ha sido “doloroso para nosotros” y defendió la investigación saudí sobre el crimen. Ante otra pregunta, Trump reprendió a la reportera por tener una “actitud” desagradable y hacer preguntas de una forma que no al presidente no le satisface.