El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ejerció de anfitrión en la final del Mundial de fútbol disputada en Nueva Jersey, donde compartió palco con Pedro Sánchez pese a las diferencias bilaterales por el gasto en defensa y el cierre del espacio aéreo español a la aviación militar vinculada a la guerra de Irán. Los reyes Felipe VI y Letizia, también presentes, contribuyeron a rebajar la tensión entre los mandatarios durante el partido.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ejerció ayer de anfitrión en la final del Mundial de fútbol 2026, el partido que disputaron España y Argentina en el estadio MetLife de Nueva Jersey. Trump ocupó un palco rodeado de cristal blindado, en un recinto sometido a fuertes medidas de seguridad. Junto a él estuvieron varios líderes con los que mantiene mayor distancia política, en lo que la crónica del encuentro describió como una representación de dos visiones antagónicas del mundo. El mandatario estadounidense saludó con cortesía al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pese a las diferencias recientes entre ambos países.
La relación entre Washington y Madrid arrastra fricciones en los últimos meses. España se ha negado a elevar el gasto militar hasta el 5% del Producto Interior Bruto (PIB), el objetivo acordado en la cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) celebrada en La Haya el año pasado. A ello se suma el cierre del espacio aéreo a la aviación militar vinculada a la guerra de Irán y la negativa a ceder las bases de Rota y Morón. La ministra de Defensa, Margarita Robles, subrayó que «desde el primer momento se le trasladó clarísimamente al Ejército americano».
Trump ha expresado en varias ocasiones su malestar con la posición española. «Es un aliado terrible», ha llegado a decir sobre Sánchez, y semanas antes había declarado desde la Casa Blanca que «no queremos tener nada que ver con España», en referencia al bloqueo de las bases militares. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, defendió la decisión española resumiendo la lógica del Gobierno: «El objetivo es no hacer nada que permitiera escalar esta guerra». Ambas posturas reflejan el pulso diplomático que ha marcado buena parte de la legislatura en materia de política exterior.
El deshielo parcial de Ankara
La tensión, sin embargo, parece haberse aparcado parcialmente en las últimas semanas. Trump y Sánchez mantuvieron un primer acercamiento en la cumbre de la OTAN celebrada este mes en Ankara, Turquía, donde ambos presidentes conversaron de fútbol y golf durante un breve encuentro bilateral. El acercamiento coincidió con el compromiso español de sufragar una partida adicional de gasto en defensa y con la participación de España en una misión conjunta en Finlandia, dos gestos que habrían contribuido a suavizar el tono de las últimas semanas entre ambos gobiernos.
La foto del saludo entre ambos líderes en el palco de Nueva Jersey fue, según la crónica del encuentro, el segundo episodio visible de esa reconciliación todavía frágil. Durante el partido, disputado en un ambiente de máxima seguridad, la tensión bilateral quedó en un segundo plano. Trump, que acudió acompañado de su esposa, Melania, mostró escaso interés por el desarrollo del juego y llegó a sestear en algún momento del encuentro, según pudo observarse desde la grada oficial reservada a los mandatarios invitados por la organización.
La familia real y otros mandatarios en el palco
El palco reunió también a otros jefes de Estado y de Gobierno con relaciones tensas con Washington. Estuvieron presentes la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y el primer ministro de Canadá, Mark Carney, ambos enfrentados al giro proteccionista del republicano en los últimos meses. El único aliado incondicional de Trump en el palco fue el presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), Gianni Infantino, quien se ha esforzado por atender las demandas del mandatario estadounidense a lo largo del torneo.
Los reyes Felipe VI y Letizia acudieron también al palco de la final y ayudaron a rebajar la tensión entre los distintos mandatarios presentes. Ambos han respaldado sin reservas a la selección española a lo largo del torneo y desplegaron su papel diplomático en un entorno descrito como una auténtica pecera de posiciones enfrentadas. El presidente español había dudado hasta última hora sobre su presencia en el estadio, y finalmente viajó a Nueva York tras recibir una invitación oficial de la FIFA.
El encuentro deportivo sirvió, en todo caso, para escenificar una tregua puntual entre dos gobiernos que mantienen posiciones distantes en materias como el gasto militar y la guerra de Irán. La final del Mundial reunió en un mismo palco a mandatarios con visiones contrapuestas sobre el papel de Estados Unidos en el escenario internacional, sin que esas diferencias llegaran a trasladarse abiertamente al terreno durante las dos horas de partido disputadas anoche en el estadio de Nueva Jersey.