Trump y África: la geopolítica reducida a un “¿cómo te llamas?”

10 juillet 2025 - 12:33

La escena parece menor, casi anecdótica, pero revela mucho. Donald Trump, de regreso en la Casa Blanca, recibe a un grupo de presidentes africanos. Entre ellos, el mauritano Mohamed Ould Ghazouani, el senegalés Bassirou Diomaye Faye, el guineano Umaro Sissoco Embaló, el liberiano Joseph Boakai y el gabonés Brice Oligui Nguema. Cinco mandatarios reunidos con el presidente de la mayor potencia mundial. Un momento diplomático importante para sus países. Para Trump, apenas un trámite.

“Tenemos la agenda muy cargada… ¿puedes decirme tu nombre y país? Gracias”. La frase no fue una broma. Fue su manera de despachar rápido, de dejar claro que África ocupa un lugar marginal en su jerarquía de prioridades.

En la lógica Trump, el poder es un escenario con focos claros: China, Rusia, Irán, Europa y el propio Estados Unidos. África aparece como espacio de recursos y contratos, no de alianzas estratégicas. Por eso, este desliz comunicativo, que para otros sería un error de protocolo, para él es coherente. Se permite ignorar nombres porque cree que los países no cuentan, cuentan sus negocios.

En realidad, Trump sigue el patrón histórico de la política exterior estadounidense hacia África: visitas esporádicas, cumbres fotográficas, planes de ayuda sin seguimiento real y un claro desinterés por el destino democrático o social de sus socios africanos. Pero él lo hace sin maquillaje. Expresa en palabras lo que Washington a veces disfraza con diplomacia burocrática.

Los presidentes africanos asistentes no reaccionaron. Sonrieron. Asumieron la escena como parte del costo de sentarse frente a quien decide sanciones, préstamos o contratos. En su continente, la humillación diplomática se normalizó hace décadas. No obstante, esta vez no se trató de un funcionario menor, sino del jefe del Estado anfitrión, que ni siquiera consideró preparar sus nombres antes del encuentro.

La imagen revela la jerarquía real en el tablero global. Muestra también el efecto de una política exterior que no construye alianzas, sino dependencias. Trump no necesita memorizar nombres porque para su administración la región se resume en tres palabras: contratos, seguridad y migración.

Mientras en los foros internacionales se habla de “nuevo orden multipolar” y “voz del sur global”, en la Casa Blanca las viejas lógicas persisten. África sigue siendo vista como un escenario, no como un actor. La pregunta de Trump fue torpe, pero brutalmente honesta. La verdadera pregunta es si algún día los líderes africanos responderán con la misma honestidad sobre lo que piensan de quienes los tratan así.

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