El Foro Económico Mundial deviene escenario de la fractura histórica entre Estados Unidos y Europa. Trump exigió negociaciones inmediatas sobre Groenlandia y amenazó con aranceles masivos a ocho países europeos, provocando la respuesta contundente de los líderes continentales. La presidenta de la Comisión advirtió de un cambio permanente en el orden mundial, mientras el primer ministro canadiense Mark Carney pronunció uno de los discursos más duros contra la política estadounidense, declarando muerto el sistema internacional basado en reglas.
El tradicional ambiente de diplomacia cordial del Foro Económico Mundial ha dado paso este año a una confrontación sin precedentes entre las dos orillas del Atlántico. La llegada de Donald Trump a la pintoresca localidad suiza de Davos, tras un contratiempo técnico con el Air Force One que retrasó su vuelo más de dos horas, marcó el punto álgido de una tensión que había ido creciendo durante las jornadas previas. El presidente estadounidense utilizó el escenario del encuentro anual de la élite política y empresarial global para insistir en sus ambiciones territoriales sobre Groenlandia y amenazar con represalias comerciales a quienes se opongan a sus planes, mientras líderes europeos y canadienses respondieron con discursos que cuestionan abiertamente la viabilidad de la alianza transatlántica en su forma tradicional.
- Trump exige Groenlandia y amenaza con aranceles masivos
Durante su discurso del miércoles ante los asistentes al foro, Donald Trump comenzó con un tono aparentemente conciliador al afirmar que era «un placer estar de regreso en el hermoso Davos» y dirigirse a «tantos líderes empresariales respetados, tantos amigos y algunos enemigos». Sin embargo, rápidamente pasó a reiterar su posición sobre el territorio ártico danés, exigiendo el inicio de «negociaciones inmediatas» para discutir la adquisición de Groenlandia por parte de Estados Unidos. Trump descartó explícitamente el uso de la fuerza militar para tomar el control de la isla, aunque añadió una advertencia inquietante: si decidiera hacerlo, Washington sería «francamente, imparable». «No quiero usar la fuerza para adquirir Groenlandia», declaró el presidente, antes de matizar que «nunca pedimos nada, y nunca obtuvimos nada, probablemente no obtendremos nada a menos que decida usar fuerza y poder excesivos».
El mandatario estadounidense defendió que el control de Groenlandia constituye un «interés de seguridad nacional fundamental» para su país, argumentando que ninguna otra nación está en condiciones de garantizar adecuadamente la defensa del territorio ártico frente a amenazas como Rusia o China. Trump criticó duramente el nivel de gasto en defensa de Dinamarca dentro de la OTAN y advirtió que Estados Unidos «recordará» la respuesta europea a su propuesta. «Queremos un pedazo de hielo para la protección mundial, y no lo darán. Nunca hemos pedido nada más. Pueden decir que sí, y estaremos muy agradecidos, o pueden decir que no, y lo recordaremos», sentenció. El presidente estadounidense había amenazado previamente con imponer aranceles del diez por ciento a partir del primero de febrero a ocho países europeos, incluidos Dinamarca, Francia, Alemania, Países Bajos, Suecia, Finlandia, Noruega y Reino Unido, tarifas que escalarían hasta el veinticinco por ciento en junio si persiste la oposición a sus planes.
- Von der Leyen advierte sobre un «nuevo orden mundial»
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, utilizó su intervención en Davos para advertir que el mundo asiste a un cambio «permanente» en el orden internacional, caracterizado por la imposición del poder de la «fuerza bruta», ya sea económica, militar o geopolítica. Von der Leyen defendió la necesidad de que Europa acelere su impulso hacia la «independencia» en múltiples ámbitos, desde la seguridad hasta la economía, la tecnología y la democracia. «Las sacudidas geopolíticas pueden, y deben, servir de oportunidad para Europa. El cambio sísmico que estamos viviendo hoy es una oportunidad, de hecho, una necesidad para construir una nueva forma de independencia europea», afirmó la líder comunitaria. Según Von der Leyen, hace apenas un año el concepto de «independencia europea» generaba reacciones escépticas, pero en este momento de 2026 existe ya un consenso sobre su urgencia.
La presidenta del Ejecutivo comunitario fue contundente al abordar directamente las amenazas arancelarias de Trump. «Consideramos al pueblo estadounidense no solo nuestros aliados, sino nuestros amigos. Sumirnos en una espiral descendente solo ayudará a los adversarios que ambos estamos determinados a mantener al margen», declaró, antes de advertir que la respuesta de la Unión Europea será «firme, unida y proporcionada». Von der Leyen calificó los aranceles propuestos como un «error», especialmente cuando se utilizan como palanca contra la soberanía territorial, y recordó que Washington y Bruselas firmaron un acuerdo comercial el pasado verano que debe respetarse. «Un acuerdo es un acuerdo y cuando dos aliados se dan la mano, tiene que significar algo», subrayó. La presidenta europea reiteró que «la soberanía y la integridad de un territorio no son negociables» y anunció un plan de inversiones masivas en Groenlandia para potenciar la economía local, así como un fortalecimiento de las capacidades de seguridad europeas en el Ártico, incluida una flota de rompehielos.
- Macron rechaza la «ley del más fuerte» y propone la «bazuca comercial»
El presidente francés Emmanuel Macron pronunció uno de los discursos más duros contra la política estadounidense, sin mencionar directamente a Trump pero dejando claro el objeto de sus críticas. Macron acusó a Washington de impulsar una estrategia comercial orientada a «debilitar y subordinar a Europa», en un discurso marcado por un tono inusualmente áspero hacia uno de los principales aliados occidentales de Francia. El mandatario galo sostuvo que la cooperación internacional está cediendo paso a una «competencia implacable», caracterizada por una «acumulación interminable» de aranceles que calificó de «fundamentalmente inaceptables», especialmente cuando se utilizan como instrumento de presión sobre la soberanía territorial.
Macron instó a sus socios de la Unión Europea a no dudar en aplicar el mecanismo anticoerción conocido como la «bazuca comercial», aprobado a finales de 2023 pero aún no estrenado, que permitiría al bloque imponer sanciones económicas, tarifas aduaneras y restricciones al acceso de empresas estadounidenses a licitaciones públicas europeas. «Europa tiene herramientas muy poderosas y debemos utilizarlas cuando no se nos respeta y cuando no se respetan las reglas del juego», afirmó el presidente francés. Macron defendió que Europa debe rechazar «la ley del más fuerte» y mantener su compromiso con «el estado de derecho frente a la brutalidad». Respecto a Groenlandia, el líder galo fue tajante: «Con Groenlandia, no hemos amenazado a nadie, hemos apoyado a un aliado, Dinamarca. No hemos recurrido a presiones económicas». El presidente francés también se opuso abiertamente a la creación del Consejo de Paz propuesto por Trump, que considera un intento de vaciar de contenido a las Naciones Unidas, proponiendo en su lugar revitalizar el G7 como «foro para un diálogo franco».
- Carney declara muerto el orden internacional y desafía a Trump
El primer ministro canadiense Mark Carney pronunció el martes uno de los discursos más contundentes de la historia reciente de Davos, declarando que el «orden internacional basado en reglas» ha muerto y que el mundo atraviesa «una ruptura, no una transición». Carney, ex gobernador del Banco de Inglaterra y del Banco de Canadá, argumentó con autoridad técnica y política que las grandes potencias están utilizando la integración económica como «un arma» para imponer su voluntad sobre países más pequeños. «No se puede vivir con la mentira del beneficio mutuo a través de la integración cuando la integración se convierte en la fuente de la subordinación», afirmó el líder canadiense, citando el ensayo del disidente checo Václav Havel sobre cómo los sistemas autoritarios se sostienen porque la gente está dispuesta a mentirse mutuamente sobre sus realidades.
El primer ministro canadiense instó a las «potencias medias» del mundo a dejar de invocar el orden internacional «como si todavía funcionara como se anuncia» y a crear nuevas alianzas para resistir la coerción de las superpotencias. «Si no estás en la mesa, estás en el menú», advirtió Carney, en una frase que resonó con fuerza en Davos. El mandatario expresó su «firme oposición» a las amenazas arancelarias sobre Groenlandia y respaldó inequívocamente el «derecho único» de la isla semiautónoma y Dinamarca a determinar su futuro. Carney subrayó que el compromiso de Canadá con el Artículo Cinco de la OTAN, la cláusula de defensa colectiva, es «inquebrantable». Trump respondió al discurso de Carney durante su propia intervención del miércoles, mostrando su irritación: «Vi ayer a su primer ministro, que no fue muy agradecido. Canadá vive gracias a los Estados Unidos. Recuerda eso, Mark, la próxima vez que hagas una declaración». El presidente estadounidense añadió que «Canadá recibe un montón de cosas gratuitas. Deberían ser agradecidos pero no lo son».
- Un foro fracturado ante un orden global en transformación
Más allá de los enfrentamientos específicos sobre Groenlandia, el Foro Económico Mundial de 2026 ha puesto de manifiesto fracturas estructurales más profundas en el sistema internacional. El ambiente de Davos, tradicionalmente asociado con el multilateralismo y la economía liberal, se vio sacudido por la colisión entre la visión unilateralista de Trump, resumida en su afirmación de que el único principio que guía su política exterior es su «propia moralidad», y los intentos europeos y canadienses de preservar un marco basado en instituciones y normas compartidas. El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, denunció implícitamente la postura estadounidense al advertir contra líderes que «pisotean el derecho internacional» y «eligen las normas que respetan y las que ignoran», estableciendo «un precedente peligroso».
La crisis ha llevado al Parlamento Europeo a paralizar la ratificación del acuerdo comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos, mientras varios países consideran activar mecanismos de defensa comercial sin precedentes. Von der Leyen intentó contrarrestar el repliegue transatlántico anunciando la consolidación de la zona de libre comercio con Mercosur, que calificó como la más grande del mundo con más del veinte por ciento del PIB global y setecientos millones de consumidores, y anticipó que un acuerdo con India está «al borde» de concretarse. El mensaje europeo fue claro: si Washington opta por el unilateralismo y la coerción, Bruselas diversificará sus alianzas comerciales hacia Asia y Latinoamérica. La ausencia de encuentros bilaterales confirmados entre Trump y los líderes europeos en Davos simboliza la profundidad de la desconfianza mutua, dejando en el aire la pregunta sobre si la alianza transatlántica puede sobrevivir en su forma tradicional o si, como advirtió Carney, el mundo ha entrado definitivamente en una era de «rivalidad brutal» donde las reglas ceden ante el poder desnudo.