El presidente de Estados Unidos ha vuelto a cargar contra el Gobierno de Pedro Sánchez en declaraciones a la prensa realizadas a la salida de la Casa Blanca, donde respondió a preguntas del corresponsal del diario ABC. Trump reiteró su amenaza de interrumpir el comercio bilateral y reprochó a España su postura ante la guerra en Irán y la negativa a alcanzar el objetivo de gasto en defensa fijado por la OTAN. El intercambio comercial entre ambos países superó los 47.500 millones de dólares en 2025, según datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos.
«No están cooperando en absoluto. Lo están haciendo realmente mal. Puede que corte todo el comercio con ellos», declaró Trump ante los medios de comunicación congregados a la salida de la Casa Blanca. El presidente estadounidense añadió que España «ha sido muy mala con la OTAN» y que no quiere «pagar su parte justa», antes de concluir con una distinción que ya empleó en declaraciones anteriores: «El pueblo de España es fantástico, pero su liderazgo es terrible». Las palabras, pronunciadas en respuesta a una pregunta directa del periodista David Alandete, corresponsal de ABC en Washington, mantienen el tono hostil que Trump ha adoptado de forma sostenida desde el inicio de la ofensiva militar contra Irán.
El Gobierno español no tardó en responder. Fuentes de Moncloa subrayaron que España «cumple con sus compromisos» en el seno de la OTAN y que contribuye «de forma destacada a la defensa del territorio europeo». El Ejecutivo insistió en que, si la administración Trump desea revisar la relación comercial bilateral, deberá hacerlo «respetando la autonomía de las empresas privadas, la legalidad internacional y los acuerdos entre la Unión Europea (UE) y Estados Unidos». La respuesta del Gobierno apunta a que las relaciones comerciales entre Madrid y Washington no son un asunto que pueda resolverse de forma unilateral, dado que España, como miembro de la UE, está amparada por el acuerdo comercial que Bruselas firmó con Washington en el verano de 2025.
Diez días de presión acumulada
Las declaraciones de este miércoles son la última entrega de una escalada que arrancó el 3 de marzo, cuando Trump lanzó sus primeras amenazas directas contra España en el transcurso de una reunión en el Despacho Oval con el canciller alemán Friedrich Merz. En aquella ocasión, el presidente estadounidense describió a España como un aliado «terrible» y amenazó con imponer un embargo comercial. «De hecho, le he dicho a Scott —en referencia al secretario del Tesoro, Scott Bessent— que corte todas las relaciones con España», señaló entonces. Días después redobló la presión al calificar al país de «perdedor» y afirmar que es «muy hostil con la OTAN», acusaciones que en esta nueva ronda se han vuelto a repetir de forma casi idéntica.
La cadena de ataques verbales ha ido acompañada de presiones desde distintos flancos de la administración republicana. El propio Bessent tildó a España de país «poco colaborador», mientras que la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmó en rueda de prensa que Madrid se había abierto a «cooperar militarmente» con Washington, una afirmación que el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, desmintió de inmediato: «No ha cambiado ni una coma». Por su parte, el senador Lindsey Graham, aliado clave de Trump en el Senado, reclamó al presidente que retire las bases militares estadounidenses del territorio español como represalia por la postura del Gobierno Sánchez.
Las bases de Rota y Morón, en el origen del conflicto
El detonante inmediato de la crisis es la negativa del Gobierno español a autorizar el uso de las bases militares de Rota, en Cádiz, y Morón de la Frontera, en Sevilla, para las operaciones ofensivas de Estados Unidos e Israel contra Irán. Ambas instalaciones, donde Washington mantiene una presencia militar permanente en virtud de acuerdos bilaterales suscritos con España, son plataformas logísticas estratégicas para las operaciones del Pentágono en el Mediterráneo y el Atlántico. El Gobierno de Sánchez considera que las mencionadas instalaciones no pueden ser utilizadas para acciones militares que el Ejecutivo español considera contrarias al derecho internacional, una posición que se enmarca en su rechazo más amplio a participar en el conflicto.
A esta fricción se añade el contencioso de larga trayectoria sobre el gasto en defensa. En la cumbre de la OTAN celebrada el pasado junio, Sánchez rechazó el compromiso de elevar el gasto en defensa al 5% del Producto Interior Bruto (PIB) para 2035, más del doble del objetivo del 2% entonces vigente. El mandatario español calificó la propuesta de «no razonable» y «contraproducente». Trump, que ha convertido la presión sobre el gasto en defensa de los aliados europeos en una de las señas de identidad de su política exterior, señaló este miércoles que España fue «el único» país que votó en contra de ese compromiso, algo que los hechos no respaldan con exactitud, dado que varios estados miembros expresaron reservas sobre el calendario y el porcentaje exigido.
La respuesta de Madrid y el peso comercial en juego
La postura del Gobierno no ha variado a pesar de la acumulación de presiones. Sánchez ha reiterado en varias ocasiones el lema «No a la guerra» como marco político de su posición, y en una entrevista reciente aseguró que los «valores y principios de Europa no deberían cambiar» aunque el mundo lo haga. Esta firmeza ha generado un apoyo creciente en el entorno europeo —Francia, Reino Unido e Italia han adoptado posiciones progresivamente más cercanas a Madrid en las últimas jornadas— y le ha valido el respaldo explícito del presidente del Consejo Europeo, António Costa, que también se ha desmarcado públicamente del discurso de la administración Trump.
El volumen comercial en juego hace que las amenazas de Trump no sean retóricamente menores. Los 47.500 millones de dólares en intercambios bilaterales registrados en 2025 representan una relación económica de peso significativo, aunque el marco del acuerdo comercial entre la UE y Estados Unidos limita la capacidad de la Casa Blanca para actuar de forma unilateral contra un único estado miembro. El Gobierno español ha subrayado que cuenta con «los recursos necesarios para contener posibles impactos» y «diversificar cadenas de suministro» en caso de que Washington decida escalar la presión más allá de la palabra. Por el momento, ninguna medida comercial concreta ha sido adoptada.