La decisión de Washington de permitir nuevamente la compra de petróleo, gas y carbón rusos supone un alivio económico para Moscú y un nuevo motivo de tensión con Kiev. Zelenski denuncia una concesión que, a su juicio, debilita la presión sobre Rusia mientras continúa la guerra en Ucrania.
Donald Trump no felicitó públicamente a Vladímir Putin por su 74 cumpleaños, celebrado el pasado 7 de octubre, pero le ofreció algo que el Kremlin llevaba años reclamando: el levantamiento de las restricciones estadounidenses a las importaciones de combustibles rusos. La decisión, presentada por Washington como una respuesta a las tensiones del mercado energético, abre un nuevo capítulo en las relaciones entre ambas potencias y plantea interrogantes sobre el futuro de las negociaciones de paz en Ucrania.
Un alivio para las finanzas de guerra rusas
La medida llega en un momento delicado para la economía rusa. Pese al encarecimiento internacional del petróleo, los ingresos procedentes de las exportaciones de hidrocarburos han disminuido y el Gobierno se enfrenta a crecientes dificultades para financiar el esfuerzo militar y contener el déficit público.
Moscú prepara un presupuesto trienal con un gasto en defensa estimado en unos 600.000 millones de dólares. La recuperación del acceso al mercado estadounidense, aunque su alcance comercial efectivo dependerá de las operaciones autorizadas, podría proporcionar ingresos adicionales y aliviar parte de la presión sobre las cuentas públicas.
Para el Kremlin, la decisión también representa una ventaja diplomática. La reducción de las sanciones disminuye uno de los principales instrumentos de presión económica utilizados por Washington desde la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022.
Zelenski denuncia una concesión a Moscú
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha reaccionado con indignación y considera que Trump ha hecho un «regalo» a Putin, impropio de un país aliado de Ucrania. Su malestar es compartido por dirigentes europeos y legisladores estadounidenses que defienden mantener la presión económica sobre Moscú hasta alcanzar un acuerdo de paz.
La controversia se extiende a los ataques ucranianos contra refinerías e instalaciones petroleras rusas. Según informaciones difundidas por medios estadounidenses, Trump ha pedido reiteradamente a Zelenski que suspenda esas operaciones por sus consecuencias sobre el abastecimiento mundial de combustible.
Kiev sostiene, sin embargo, que cualquier suspensión debe ir acompañada del cese de los bombardeos rusos contra la infraestructura energética ucraniana. Aceptar una tregua unilateral equivaldría, según esa posición, a renunciar a un instrumento de presión sin obtener garantías recíprocas.
La energía complica las negociaciones de paz
El levantamiento de las restricciones estará vigente, según los términos anunciados, hasta abril de 2027. Este horizonte temporal introduce un nuevo elemento en unas conversaciones de paz que permanecen estancadas.
Mientras Rusia puede interpretar la flexibilización de las sanciones como una oportunidad para reforzar su posición negociadora, Ucrania mantiene su intención de atacar instalaciones energéticas vinculadas al esfuerzo bélico ruso mientras no exista una tregua recíproca.
La decisión de Trump revela así una contradicción difícil de resolver: abaratar la energía internacional puede exigir concesiones económicas a Moscú, pero esas mismas concesiones pueden reducir los incentivos del Kremlin para alcanzar un alto el fuego.
Para Putin, el regalo llega en un momento oportuno. Para Zelenski, supone una nueva señal de incertidumbre sobre el compromiso estadounidense con la seguridad de Ucrania.