La cumbre de Alaska expuso la contradicción del presidente estadounidense: promete sanciones y firmeza, pero ofrece gestos de condescendencia hacia Vladimir Putin. Entre las sonrisas y los plazos incumplidos, el papel de Estados Unidos como mediador en la guerra de Ucrania queda cada vez más en entredicho.
El fin de semana ofreció imágenes desconcertantes. El mundo observó como se extendió la alfombra roja para recibir al presidente autocrático Vladimir Putin mientras el presidente de Estados Unidos aplaudía emocionado. Tras el estrechón de manos, las sonrisas. El lenguaje corporal no es mera casualidad. Este espectáculo contrastó, desde luego, con el trato humillante dispensado, meses atrás, a Volodymyr Zelenskyy, presidente del país agredido, Ucrania.
Tras la reunión, el presidente estadounidense dejó que su invitado tomase la palabra, ante la prensa y, sin mención de cómo inició la guerra, Putin se marchó satisfecho. Trump hizo lo propio, pero se fue con las manos vacías, dejando su rol de pacificador en entredicho. El presidente que se comprometió poner fin a la guerra en Ucrania, en 24 horas, abandonó la cumbre de Alaska con las manos vacías, describió con precisión Jonathan Lemire en The Atlantic.
Anne Applebaum también comentó en The Atlantic el que a la luz de los resultados fue más un desencuentro que un encuentro. La reconocida autora no ahorró críticas punzantes sobre este evento y habló de la combinación de tragedia y de farsa. Admitió la vergüenza o indignación que para los estadounidenses significa recibir en su suelo a un criminal de guerra y lo humillante que fue ver al presidente del país receptor actuando como “un cachorro feliz” al encontrarse con “el dictador” y, no solo esto, reservándole un trato superior cuando Rusia no es un Estado más poderoso que Estados Unidos. “Es extraño que los informes rusos sobre la reunión se centraran en la cooperación empresarial”, citó la autora tomando textualmente la declaración de Putin: «La asociación empresarial y de inversión ruso-estadounidense tiene un enorme potencial».
Applebaum fue enfática al señalar que si Estados Unidos pretende jugar un rol determinante para poner fin a esa guerra debe ganar la guerra. Es decir, involucrarse a fondo en la defensa del país invadido, solo de esa manera habrá paz. Planteó que se debe armar a Ucrania, ampliar las sanciones a Rusia, detener los drones letales rusos contra Ucrania y desmantelar la economía rusa, cosa que no sucederá si el anuncio de Putin se concreta en relación con las ingentes potencialidades de las relaciones económicas bilaterales.
Emmanuel Macron no parece estar muy lejos de la postura de la intelectual liberal quien ha planteado una mirada muy realista de la cuestión. El presidente francés indicaba en la mañana de este martes, tras su encuentro en Washington con Trump, Zelenskyy y los representantes de los otros países europeos que respaldan a Ucrania, que Putin es una suerte de organismo depredador y, por lo mismo, insta a los europeos a no ser ingenuos ante Rusia, porque esta será «una potencia desestabilizadora permanente».
El presidente francés contextualizaba que, desde 2007-2008 (tras la intervención rusa en Georgia), el presidente Putin “rara vez ha cumplido sus compromisos”. Lo percibe como un factor desestabilizador que pretende extender sus fronteras para ampliar su poder. Y, desde esa perspectiva, Rusia se ha convertido en “una amenaza potencial” para Europa. Hecho que se corrobora a través de la inversión y gasto en Defensa y armamento, por parte de Rusia, así como en la movilización de hombres para sus propósitos expansionistas. Nada de esto da cuenta de que la intención sea volver a un estado de paz y a un sistema democrático abierto en el futuro cercano, ha advertido el mandatario francés en entrevista con el medio LCI.
La prensa norteamericana también indica este martes que el presidente Trump, quien ha cuestionado inmisericorde a sus antecesores por hacer amenazas vacías, ha caído en lo mismo que antes criticaba y que sus amenazas sobre las sanciones a Rusia han quedado en palabras.
La cadena CNN ha indicado incluso que hace 10 días venció el plazo que Trump había dado a Rusia para aceptar un acuerdo de paz o de lo contrario se enfrentaría a sanciones económicas, amenazas que no se concretaron. Es más, Putin ha castigado con más severidad a India con la imposición de aranceles por comprar petróleo a Rusia que a la misma Moscú por prolongar la guerra contra Ucrania.
La fecha límite para imponer las sanciones a Rusia fue justo el día del encuentro en Alaska. El presidente Trump no sólo dio marcha atrás a las sanciones contra Rusia sino a impulsar un alto el fuego, pretendiendo un acuerdo de paz que tomará mucho más tiempo y que le dará más oxígeno a Putin sin que este haya dado una señal creíble de que le interesa la paz.
Casi siete meses después del “pronto” habrá sanciones lo cierto es que estas no llegaron tras su arribo al poder, tampoco en mayo, menos aún en la fecha límite del 8 de agosto, ni tampoco el 15 de agosto que terminó sin las “consecuencias muy severas” anunciadas en la víspera, si Putin no aceptaba detener la guerra después de la reunión de Alaska.
La excusa de la administración estadounidense es que las sanciones serán un impedimento para un posible acuerdo de paz. Pero a la fecha nadie cree que la condescendencia con el invasor llevará a una paz creíble, realista y duradera.