La tensión en Oriente Medio entra en una nueva fase crítica. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó este sábado un ultimátum de 48 horas a Irán para que alcance un acuerdo que permita la reapertura del estrecho de Ormuz, advirtiendo de que, en caso contrario, Teherán se enfrentará al “infierno”.
El mensaje, difundido a través de su plataforma Truth Social, reitera la presión directa de Washington sobre uno de los puntos neurálgicos del comercio energético mundial, por donde transita cerca del 20 % de los hidrocarburos consumidos globalmente.
Trump recordó que ya había ampliado en dos ocasiones el plazo concedido a Teherán, fijando ahora como límite el lunes 6 de abril a las 20:00, hora de Washington.
La advertencia llega en un contexto de escalada militar tras semanas de ataques cruzados entre Estados Unidos, Israel e Irán, que han alcanzado instalaciones energéticas, infraestructuras estratégicas y zonas próximas a una planta nuclear.
Según informaciones difundidas este sábado, bombardeos recientes impactaron en una zona cercana a la central nuclear de Bushehr, lo que provocó una inmediata reacción del OIEA y de Moscú, que condenaron cualquier acción militar en el entorno de instalaciones nucleares.
Más allá del frente militar, la reapertura o no del estrecho de Ormuz tiene una dimensión económica global.
Cualquier prolongación del bloqueo podría traducirse en:
- nuevas tensiones sobre el precio del petróleo,
- aumento de costes logísticos,
- presión inflacionaria internacional,
- impacto directo en Europa y los mercados emergentes.
La nueva dirigencia iraní, nombrada tras los recientes ataques que acabaron con varios altos cargos, habría mostrado —según Trump— una actitud “más racional” y abierta a un acuerdo.
Sin embargo, sobre el terreno, la situación sigue deteriorándose.
La guerra, iniciada el pasado 28 de febrero, ha dejado ya repercusiones que desbordan el marco regional y afectan a la economía global y a la seguridad energética internacional.