Algunos han recuperado algo de tranquilidad, sin que sea definitiva, luego de que el presidente Trump anunciara en Davos que suspendía su amenaza de aranceles para los países europeos y que había un acuerdo marco sobre Groenlandia.
La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, ha enfatizado que la soberanía de Groenlandia no está en discusión y tampoco las reglas democráticas. Reafirmó así el interés de su país en trabajar con Estados Unidos, como siempre ha hecho, en asuntos de seguridad.
Un acuerdo sobre Groenlandia implicaría que el gobierno danés evalúe hacer concesiones, entre estas, ceder —¿soberanía?— zonas específicas para que Estados Unidos construya bases militares. El país americano ya cuenta con la Base Espacial Pituffik, una instalación militar de la Fuerza Espacial de Estados Unidos situada al noroeste de Groenlandia gracias a un acuerdo de 1.951.
Trump arguye que precisa controlar Groenlandia por la amenaza que suponen China y Rusia en el área. El primer ministro británico, Keir Rodney Starmer, ha dicho ayer que los aliados buscan mejorar la seguridad en el Ártico y ha valorado positivamente el anuncio de Trump de suspender sus amenazas arancelarias a Europa.
Sin embargo, si hubo algo de tranquilidad con este anuncio de Trump, el mandatario ha añadido otra cuestión que genera enorme preocupación en la comunidad internacional al anunciar la fundación de una Junta Internacional de Paz, cuyo consejo él mismo presidirá y que cuenta con la participación inicial de más de 15 países, algunos de estos son: Arabia Saudí, Argentina, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Israel, Jordania, Marruecos y Catar. Europa ha rechazado o declinado formar parte del nuevo invento trumpista.
Ese nuevo organismo, del que se sabe poco, supervisará la reconstrucción de Gaza. Pero lo que ha generado más alarmas es que cuando le preguntaron a Donald Trump si su junta llegaría a sustituir a la Organización de Naciones Unidas respondió que podría ser así.
Hay quienes estiman que Trump tiene como objetivo acabar con el orden mundial que empezó con la creación de la ONU en 1945 y en el que también juega un papel clave, en materia de defensa, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) fundada en 1949.
La mesa de trabajo del podcast realizado por el Georgetown Americas Institute de Georgetown University ha entrevistado este viernes al internacionalista Fausto Pretelin Muñoz de Cote, editor y columnista de El Economista (México), quien plantea que la arquitectura que incentivó a Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, reflejada en la creación de la ONU y del Consejo de Seguridad, con sus miembros permanentes, Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido y Francia, ha sido el único órgano de la ONU que tiene la posibilidad de actuar de manera meta constitucional, es decir, sobre las constituciones de los demás países de todo el mundo.
Sin embargo, explica el analista, lo que se ha visto en los últimos años es a un presidente como Donald Trump al que no le gustan los organismos multilaterales como Naciones Unidas. Por ello ha tenido la intención de crear un mundo regido por el más fuerte, conformando, también, un club con membresías pagas, en lo que denomina Consejo de Paz. Esto es lo que se ha anunciado en Davos.
Por otra parte, ese orden que surge durante la Guerra Fría con la OTAN, ha tenido como objeto militarizar geográficamente a Europa e impedir que el comunismo se diseminara por Europa Occidental y América Latina, explica el entrevistado.
Ahora, cuando se habla de un nuevo orden mundial, plantea Pretelin Muñoz de Cote, se mira hacia los BRICS, Brasil, India, China, Rusia, y sobresale allí la contraposición a Estados Unidos. Son adversarios desde el punto de vista incluso monetario frente al dólar. En este sentido, “Donald Trump ha enseñado músculo y lo que nos dice es que él ya no cree en los organismos multilaterales. Es como un partido de fútbol sin árbitro donde cada jugador puede cometer faltas, las que quiera, puede meter el balón con la mano a la portería contraria. Sin embargo, la sociedad puede verse perjudicada porque a través de esta jungla, a través de este mundo sin leyes, puede haber una guerra pronto”, analiza el experto.
Pretelin Muñoz de Cote, analizaba también, en una de sus columnas recientes, que tras la victoriosa operación estadounidense que facilitó la extracción de Nicolás Maduro, Trump se cree “el nuevo conquistador de América”.
“El presidente de Estados Unidos estaría tentado en negociar Ucrania por Groenlandia con tal de parar en seco las inquietudes de los europeos; un quid pro quo con el que Trump rompería lo que Francis Fukuyama consideraba el activo más importante del país norteamericano del siglo pasado, la confianza”. Todo ello, bajo la lógica del chantaje que mueve a Trump quizá con el razonamiento de “sin Groenlandia no habrá paz en Ucrania”.
Trump ha mostrado que desconoce los organismos multilaterales y no se siente obligado por nada, salvo por él mismo y sus deseos y ambiciones y por esa vía no le importa llevar al precipicio la relación con los europeos, aliados tradicionales de Estados Unidos. “Trump paró el corazón de los multilateralistas el día que lanzó la idea de crear su propio Consejo de Seguridad de la ONU llamado Junta de la Paz. Mil millones de dólares la membresía. Putin y Lukashenko como accionistas. El príncipe heredero saudí, emocionado y listo para unirse al club. Erdogan, lamiéndose los bigotes. Por fin un ente privado con el suficiente poder promoverá la pax trumpiana: aranceles y misiles”, señaló el internacionalista.
El mandatario americano ha ido eclipsando el soft power (poder blando) y en términos de comportamiento, mentalidad y carácter es mucho más afín a Putin que a los líderes de Europa Occidental. No ha tenido reparo en divulgar conversaciones privadas con el presidente de Francia y con el secretario deneral de la OTAN. “Si Donald Trump llegara a cruzar la línea roja, Groenlandia, el mundo basado en reglas llegaría a su fin y Estados Unidos se convertiría en un estado canalla (…) en un país enemigo de la democracia y del derecho internacional; la Casa Blanca, en un cuartel militar; Trump, en un Gadafi o Bachar el Asad”, ha escrito Pretelin Muñoz de Cote.