La muerte de tres soldados indonesios de la misión de paz de la ONU en el sur del Líbano, en menos de 24 horas, ha llevado al Gobierno de Sánchez a exigir a las Naciones Unidas que proteste ante Israel y Hezbolá. El incidente agudiza la posición de España ante el conflicto en Oriente Medio: el Gobierno ha cerrado su espacio aéreo a los aviones militares de EE.UU. que participan en la Operación Furia Épica y ha negado el uso de sus bases militares.
El Gobierno de Pedro Sánchez expresó el lunes su máxima preocupación tras la muerte de tres soldados indonesios pertenecientes a la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FINUL) en dos ataques distintos registrados en menos de 24 horas en el sur de ese país. La ministra de Defensa, Margarita Robles, exigió a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que proteste ante Israel y ante la milicia chií Hezbolá para garantizar la seguridad de los 10.000 cascos azules desplegados en la zona, unos 650 de los cuales son españoles.
Robles señaló que «La situación es gravísima desde todos los puntos de vista» y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, fue más allá al advertir que en Oriente Medio se ha cruzado «una nueva línea roja». Los soldados caídos formaban parte de la misión en el Sector Este de la FINUL, bajo el mando del general español Antonio Ramón Bernal, con base en el municipio de Marjayoun. Indonesia está encuadrada en ese sector junto a España, lo que sitúa a tropas bajo mando español en el mismo entorno operativo en que se produjeron los ataques.
La posición de España ante el conflicto
La muerte de los cascos azules indonesios se produce en un contexto de máxima tensión en el sur del Líbano. La Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada en 2006 para poner fin a la guerra entre Israel y Hezbolá, estableció la denominada blue line como línea de demarcación y fijó la retirada de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) al sur del río Litaní. La base española Miguel de Cervantes se encuentra a escasos tres kilómetros de ese río, una referencia estratégica central en los acuerdos que regulan la presencia militar en la zona.
Con la orden del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, de «expandir la zona de seguridad en el Líbano», las condiciones para las tropas de la ONU se han ido complicando. Fuentes militares señalan que los cascos azules pasan gran parte del día en búnkeres y se dedican principalmente a patrullar la blue line, ayudar a los civiles que están siendo evacuados y entregar suministros en la zona. El mandato de la misión concluye a final de este año, y ya está previsto que los cascos azules abandonen el Líbano de manera progresiva durante el próximo año.
El espacio aéreo cerrado a los aviones de EE.UU.
La muerte de los soldados indonesios se produce cuando la posición de España ante la guerra en la región ya había generado fricción con Washington. El Ministerio de Defensa confirmó que el Gobierno no ha autorizado el uso de las bases de Rota (Cádiz) y Morón de la Frontera (Sevilla) para operaciones relacionadas con la Operación Furia Épica, la ofensiva militar lanzada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra Irán. Según la ministra Robles, esa posición fue comunicada a Washington desde el primer momento del conflicto.
España cerró también su espacio aéreo a los aviones militares de combate de EE.UU. que participan en la operación, entre ellos cazas, aviones de guerra electrónica y aeronaves cisterna para el reabastecimiento en vuelo. El Ministerio de Defensa precisó que el Gobierno «no autorizaba el uso de las bases de Rota y Morón» para actuaciones relacionadas con la guerra. La medida no afecta al tráfico civil ni a las aeronaves no relacionadas con el conflicto y responde a la posición del Ejecutivo de no implicarse en operaciones bélicas contra Irán.
Las presiones sobre el Gobierno
La posición española generó reacciones en Washington y en Jerusalén. Un funcionario de la Administración Trump señaló que Estados Unidos está cumpliendo sus objetivos en la guerra contra Irán y subrayó que «no necesitan ayuda de España ni de nadie más». El ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, fue más directo y acusó al Gobierno de Sánchez de adoptar «una postura parcial e incitadora contra Israel» en un mensaje publicado en la red social X, como respuesta a las declaraciones del presidente español en esa misma plataforma.
El intercambio diplomático tensó aún más las relaciones bilaterales. En su mensaje, Sánchez condenó los ataques, exigió a Israel que aclarase el origen del proyectil y pidió a Netanyahu que «detenga las hostilidades». El secretario general de la ONU, António Guterres, señaló por su parte que los ataques, cuya autoría no estaba determinada, podrían constituir un crimen de guerra. La portavoz del Senado israelí indicó que el conflicto en Líbano seguiría mientras Hezbolá mantuviera su presencia armada en el sur del país.
La muerte de los tres cascos azules indonesios añade urgencia a una posición que el Gobierno afronta con el peso de tener 650 soldados propios sobre el terreno. España mantiene una de las posturas más definidas de la Unión Europea respecto al conflicto en Oriente Medio, tanto en lo relativo a la guerra en Gaza como en su negativa a facilitar operaciones militares vinculadas a la Operación Furia Épica. La confluencia de ambos frentes —el Líbano y el Irán— somete al Ejecutivo a una presión diplomática sin precedentes desde el inicio del conflicto.