Los Demócratas de Suecia ya condicionan al Ejecutivo conservador desde el Parlamento. La elección de este domingo decidirá si dan el paso hacia los ministerios.
Suecia celebra este domingo unas elecciones legislativas que pueden alterar de forma decisiva el equilibrio político del país. No está en juego solo la continuidad del primer ministro conservador, Ulf Kristersson, o el regreso de la socialdemócrata Magdalena Andersson al poder. La votación determinará también si los Demócratas de Suecia (SD), hasta ahora socios parlamentarios de la derecha, entran por primera vez en el Gobierno.
Más de ocho millones de ciudadanos están llamados a elegir los 349 escaños del Riksdag. La autoridad electoral sueca prevé publicar los primeros resultados preliminares a partir de las 21.00 horas de este domingo; el escrutinio definitivo no llegará hasta el fin de semana posterior a la jornada electoral.
Desde 2022, Kristersson gobierna con los Moderados, los Demócratas Cristianos y los Liberales, gracias al apoyo externo de SD a través del Acuerdo de Tidö. Esa fórmula permitió a la fuerza dirigida por Jimmie Åkesson influir en la política migratoria y de seguridad sin asumir responsabilidades ministeriales. El partido quiere ahora cambiar ese estatus y acceder directamente al Ejecutivo si el bloque de derechas conserva la mayoría.
La evolución de SD explica la trascendencia de esta elección. La formación, que obtuvo el 20,5 % de los votos en 2022, nació en un entorno vinculado a la extrema derecha y a figuras con conexiones neonazis. Con el paso de los años ha buscado normalizar su imagen y consolidarse como fuerza nacionalista y antiinmigración, pero sus posiciones sobre multiculturalismo, islam e integración siguen provocando un amplio rechazo político y social.
Las encuestas previas situaban al bloque de centroizquierda ligeramente por delante, aunque la diferencia se había reducido durante la campaña. Andersson, que fue primera ministra entre 2021 y 2022, plantea reforzar la sanidad y la educación mediante una mayor contribución de la banca y de las rentas altas. Sin embargo, tampoco tiene asegurada una mayoría sencilla: sus posibles aliados discrepan sobre fiscalidad, energía nuclear y la composición de un futuro gabinete.
En la derecha, el resultado del Partido Liberal será especialmente decisivo. La formación necesita superar el umbral del 4 % para entrar en el Parlamento; de no lograrlo, las opciones de Kristersson y de sus socios se complicarían de forma notable.
La campaña ha girado en torno al coste de la vida, la criminalidad de las bandas, la inmigración, la energía y la seguridad. Pero la pregunta política de fondo es otra: si Suecia, país asociado durante décadas a un modelo social liberal y universalista, acepta incorporar a la extrema derecha al núcleo del poder ejecutivo.
Los Demócratas de Suecia ya han demostrado que se puede influir desde fuera del gabinete. Una eventual entrada en el Gobierno supondría un cambio cualitativo: convertiría esa influencia parlamentaria en capacidad directa para dirigir ministerios, elaborar leyes y representar al país. Esa es la decisión que las urnas empezarán a responder este domingo.