América para los americanos. ¿Para cuáles? ¿Para todos los americanos? ¿Quiénes y cuántos pueden asumir que ese es su hogar, su refugio y su casa? ¿Los múltiples desafíos económicos, políticos, sociales, culturales, climáticos, tecnológicos y hasta psicológicos han generado una crisis identitaria en Estados Unidos? ¿La confluencia de problemáticas complejas irresueltas y de factores diversos han allanado el camino para que el presidente Trump se erija como héroe y salvador global de la ‘civilización occidental’ en su cruzada y declarada guerra civilizatoria?
Sería un error subestimar o desestimar la Estrategia de Seguridad Nacional de Trump. Esta no es un accidente ni la obra de unos cuantos ideólogos de bajo nivel. Por otra parte, Estados Unidos libra una ‘tercera guerra civil’ en múltiples frentes y uno de ellos es la inmigración. Este es el enemigo número uno del presidente Trump, pero definitivamente no es el único.
Hoy hay más personas que viven fuera de su país de origen que en ningún otro momento de la historia. “Hay aproximadamente 304 millones de migrantes en todo el mundo: algunos buscan trabajo, otros educación, otros seguridad frente a conflictos internos, otros huyen de sequías, inundaciones y de la deforestación”, observa Thomas L. Friedman.
En el caso de Estados Unidos, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos ha informado que los encuentros con inmigrantes en la frontera sur alcanzaron máximos históricos en 2023, el año previo al triunfo de Trump. Las estimaciones del Centro de Investigación Pew sugieren que la población total no autorizada en Estados Unidos creció hasta los 14 millones ese mismo año.
La inmigración no es la única amenaza que perciben Trump, su gobierno y su base electoral. Para millones de estadounidenses está siendo difícil gestionar, entender y manejar los cambios y desafíos culturales, digitales y generacionales que han reconfigurado la vida cotidiana transcurrido el primer cuarto de siglo del siglo XXI.
Los estadounidenses blancos, predominantemente cristianos, resienten la amenaza que supone la emergencia de un Estados Unidos dominado por las minorías, como se vislumbra que ocurra hacia mediados de siglo. Lo anterior se agrava por el descenso de las tasas de natalidad entre los estadounidenses blancos y el crecimiento de la población hispana, asiática y multirracial.
Pero hay más problemas al interior del país: la discriminación racial tradicional, ampliamente conocida en Estados Unidos, sigue estando presente, a la vez que han surgido corrientes identitarias en estas décadas que plantean inquietudes y reclamos diversos. Entre tanto, los estadounidenses y en especial los jóvenes, una categoría amplia que excede raza, credo y color, enfrentan crecientes problemas para asegurar su desarrollo, crecimiento, evolución, realización individual, cumplimiento de expectativas, pero incluso desafíos para asegurar la subsistencia, supervivencia, estabilidad y futuro económicos y, por ende, para hacer de su país su hogar.
¿La combinación o confluencia de problemas irresueltos, factores múltiples y elementos diversos ha generado una crisis identitaria en Estados Unidos que le ha allanado el camino a Trump, autoproclamado salvador ya no solo de su país, sino de la humanidad que a él le interesa preservar, para delinear y promover su cruzada y guerra civilizatoria?
Thomas L. Friedman, periodista de The New York Times con tres premios Pulitzer y autor de siete libros, ha escrito, en días pasados, que el presidente Trump “quiere una nueva guerra civilizatoria”. Friedman recuerda que una de sus reglas periodísticas ha sido y sigue siendo que, si ve “elefantes volando”, no hay que reírse sino que debe tomar nota. “Porque si ves elefantes volando, está pasando algo muy distinto que tú no entiendes, pero que tú y tus lectores necesitan entender”, agrega.
El periodista analiza la nueva Estrategia de Seguridad Nacional del gobierno estadounidense que ha sido publicada en días pasados. A Friedman le llama la atención que Trump no parece excesivamente preocupado por Rusia y China, países cada vez más estrechamente alineados contra Estados Unidos. La nueva doctrina de seguridad nacional del presidente Trump apenas menciona los desafíos que plantean esos dos países.
En cambio, sí llama la atención la manera en qué el Estados Unidos de Donald Trump está hablando de los aliados europeos y de la Unión Europea para advertir que, de continuar con las tendencias actuales, el viejo continente “será irreconocible en 20 años o menos”.
De ahí que la administración Trump sienta la necesidad de apostar por el renacimiento europeo a partir de los partidos nacionalistas más “patrióticos”, comprometidos a poner freno a la inmigración, evitando así el “borrado de la civilización”. No importa ya “la calidad de su democracia”, sino “el rigor con que frenen el flujo migratorio de los países musulmanes hacia el sur de Europa”.
“Se trata de un elefante volador que nadie debería ignorar. Es un lenguaje distinto a cualquier análisis anterior sobre seguridad nacional estadounidense, y a mi juicio revela una profunda verdad sobre este segundo gobierno de Trump: hasta qué punto llegó a Washington para luchar en la tercera guerra civil de Estados Unidos, no para luchar en la nueva guerra fría de Occidente. Sí, en mi opinión, estamos en una nueva guerra civil por un lugar llamado hogar”, analiza Friedman, quien observa lo útiles que son al periodismo, la psicología y la antropología. Porque profundizar en torno al concepto hogar, que menciona aquí, precisa de esas disciplinas. ¿Qué tipo de hogar, hablando del país, le interesa construir a Trump y a sus bases?
La primera Guerra Civil tuvo lugar en la década de 1860, la segunda gran lucha civil ocurrió un siglo más tarde, con el movimiento por los derechos civiles y el asesinato de Martin Luther King Jr. Y, ahora, parece que Trump se ha decantado por una tercera guerra civil, observa el periodista. De momento, la de Trump es la menos violenta o entraña otras formas de violencia, pero es una guerra incipiente y parece pronto para hablar de las consecuencias o el balance, el saldo, los resultados y los efectos.
Friedman dice tener la sensación de que millones de estadounidenses “se levantan cada mañana sin saber cuál es el guion social, la escala económica o las normas culturales que está bien practicar en su casa. Están psicológicamente desamparados”, nota.
A Trump, observa el articulista, a partir de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, no le interesa librar de nuevo la Guerra Fría para defender y ampliar la democracia en el mundo. En cambio, sí le interesa librar la guerra civilizatoria respecto a qué es el “hogar” estadounidense y qué es el “hogar” europeo, poniendo énfasis, para ello, en la raza y la fe judeo-cristiana, y en quién es un aliado en esa guerra y quién no lo es.
Friedman destaca que el escritor de economía Noah Smith analizó últimamente que esa ha sido la razón esencial por la cual el movimiento MAGA tomó distancia de Europa occidental y fue acercándose a la Rusia de Vladimir Putin: “porque los devotos de Trump veían a Putin como un mayor defensor del nacionalismo cristiano blanco y de los valores tradicionales que las naciones de la Unión Europea”. Que Putin sea un autócrata es lo de menos.
Para Smith, a la derecha estadounidense actual, liderada por el movimiento MAGA, “no le importa intrínsecamente la democracia, ni los aliados, ni la OTAN, ni el proyecto europeo. Le importa la ‘civilización occidental’. A menos que Europa expulse en masa a los inmigrantes musulmanes y empiece a hablar de su herencia cristiana, es poco probable que el Partido Republicano levante una mano para ayudar a Europa con alguno de sus problemas”.
Trump quiere reinsertar a Europa en su pasado confesional. La protección de la “civilización occidental” no se entiende como la apuesta por la laicidad, por un sistema de valores, modernidad, filosofía, doctrina y principios liberales, sino que tiene como centro la raza y la fe. La raza y la fe se convierten en la pieza central de la seguridad nacional de Estados Unidos. Rusia y China han dejado de percibirse como la mayor amenaza para el país de Trump y ese primer lugar en la lista de amenazas ha pasado a ocuparlo la inmigración sin control efectivo, tanto en Estados Unidos como en Europa occidental.
En consecuencia, “la protección de la cultura estadounidense, la ‘salud espiritual’ y las ‘familias tradicionales’ se enmarcan como requisitos centrales de la seguridad nacional”, así lo ha señalado el analista de defensa Rick Landgraf en el sitio web de defensa War on the Rocks.
“Y por eso el documento de la Estrategia de Seguridad Nacional de Trump no es un accidente ni la obra de unos cuantos ideólogos de bajo nivel. Es, de hecho, la piedra de Roseta que explica lo que realmente anima a este gobierno en casa y en el extranjero”, concluye Friedman.
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