Sánchez reclama que Europa dedique el 2% del PIB a defensa para ser "proveedor de seguridad"

05 février 2026 - 11:54

El presidente del Gobierno español ha defendido en una entrevista en Dubái que la UE debe aumentar su inversión militar para reducir su dependencia de terceros y asumir un papel más activo en seguridad global. Las declaraciones se producen en un contexto de creciente presión estadounidense para elevar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB y de intenso debate sobre la autonomía estratégica europea ante la incertidumbre en las relaciones transatlánticas.

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha defendido que Europa necesita destinar el 2% del Producto Interior Bruto a defensa para dejar de ser un «consumidor de seguridad» y convertirse en un «proveedor de seguridad». Las declaraciones, realizadas durante una entrevista concedida al programa Quest Means Business de la cadena CNN desde Dubái, donde asistió al World Government Summit, se enmarcan en el intenso debate europeo sobre la necesidad de reforzar las capacidades militares del continente ante un escenario geopolítico marcado por la guerra en Ucrania y la incertidumbre sobre las garantías de seguridad estadounidenses bajo la presidencia de Donald Trump.

Durante la entrevista, Sánchez explicó que «Europa tiene que pasar de ser un consumidor de seguridad a un proveedor de seguridad», lo que implica, según sus palabras, que el continente debe «invertir en su propia seguridad e industria de defensa». El presidente español subrayó que «lo que necesitamos hacer es gastar ese dos por ciento de nuestro PIB en defensa de la Unión Europea», cifra que coincide con el compromiso histórico de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y que España alcanzó en 2025 tras una década sin cumplir ese objetivo. Sánchez también señaló que el reto «más desafiante» que afronta actualmente Europa es «reforzar el pilar» de la UE dentro de la Alianza Atlántica.

Presión estadounidense y debate sobre el gasto militar

El presidente del Gobierno español reconoció explícitamente que la política de Donald Trump ha supuesto «la mayor llamada de atención» a Europa en relación con la OTAN, coincidiendo con valoraciones similares de la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde. La administración Trump ha presionado insistentemente a los aliados europeos para que incrementen significativamente su inversión en defensa, llegando a amenazar con retirar las garantías de seguridad estadounidenses a aquellos países que no cumplan con los compromisos financieros. En la cumbre de la OTAN celebrada en verano de 2025, los países miembros acordaron un objetivo ambicioso: alcanzar el 5% del PIB en gasto total relacionado con la defensa para 2035, desglosado en un 3,5% destinado a gasto militar convencional y un 1,5% a capacidades de defensa híbrida.

España negoció cierta flexibilidad en la aplicación de este objetivo, comprometiéndose a cumplir las metas de capacidades establecidas por la Alianza sin necesidad de destinar el 5% del PIB. Sin embargo, fuentes de la propia OTAN han señalado que los nuevos estándares de capacidades difícilmente serán alcanzables sin un gasto militar de al menos el 3% del PIB, lo que implica que países como España deberán continuar aumentando su inversión en los próximos años. La secretaria de Estado de Defensa española, Amparo Valcarce, confirmó en septiembre de 2025 que el país mantendrá su presupuesto de defensa en el 2% del PIB durante 2026, considerando que esta cifra es «suficiente y necesaria para garantizar las capacidades de defensa y seguridad de España».

El camino hacia la autonomía estratégica europea

Las declaraciones de Sánchez se producen en un momento en que el debate sobre la autonomía estratégica europea ha cobrado nueva urgencia. Analistas y responsables políticos coinciden en que la Unión Europea debe reducir su dependencia de capacidades militares estadounidenses, particularmente en ámbitos críticos como inteligencia, tecnología nuclear y sistemas de comando y control. El Real Instituto Elcano señaló recientemente que Europa afronta el dilema de «asumir los costes de una mayor autonomía en defensa, energía, tecnología y sistema financiero, o aceptar un papel subordinado en un sistema de bloques en formación».

El concepto de autonomía estratégica, que pasó de centrarse exclusivamente en la industria de defensa en 2013 a abarcar múltiples ámbitos de competición geopolítica, sigue siendo objeto de interpretaciones divergentes entre los Estados miembros. Mientras países como Francia abogan por una mayor integración de las capacidades militares europeas, otros se muestran reacios a ceder parcelas de soberanía en materia de defensa. Esta fragmentación dificulta la convergencia hacia una política común de defensa y limita la efectividad de iniciativas como el Fondo Europeo de Defensa, dotado con 7.300 millones de euros para el periodo 2021-2027, o la Capacidad de Despliegue Rápido europea de 5.000 efectivos creada bajo la Brújula Estratégica aprobada en 2022.

El caso español y las implicaciones presupuestarias

España alcanzó el objetivo del 2% del PIB en defensa en 2025 gracias a la aprobación en abril de ese año del Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa, que contemplaba una inversión extraordinaria de más de 10.000 millones de euros. Este plan aceleró significativamente el calendario inicialmente previsto, que establecía llegar al 2% del PIB en 2029. El Gobierno español ha enfatizado que este incremento del gasto se ha realizado «sin subir impuestos, sin tocar un céntimo la inversión en el Estado del bienestar, y sin incurrir en un mayor déficit público», argumentando que alrededor del 87% de la inversión se destina a empresas y trabajadores españoles.

Sin embargo, el reto de mantener e incrementar este nivel de gasto en un contexto de restricciones fiscales plantea interrogantes sobre la sostenibilidad financiera a medio plazo. La Comisión Europea ha propuesto flexibilizar las normas fiscales del Pacto de Estabilidad para permitir que las inversiones en defensa no computen en el cálculo del déficit, una medida que beneficiaría especialmente a países como España, Italia o Francia, que combinan elevados niveles de deuda pública con la necesidad de aumentar significativamente su capacidad militar. El debate sobre la financiación del rearme europeo incluye también propuestas para movilizar capital privado, ampliar el mandato del Banco Europeo de Inversiones y crear nuevos instrumentos de préstamos comunitarios por valor de 150.000 millones de euros.

Perspectivas para 2026 y el futuro de la defensa europea

Preguntado sobre el cumplimiento de los compromisos en materia de defensa, Sánchez respondió de forma contundente que «estamos cumpliendo», aunque reconoció que Europa podría necesitar actuar «más rápido» en algunos ámbitos. El presidente español también vinculó la necesidad de reforzar las capacidades de defensa con un proyecto más amplio de autonomía europea que incluye «profundizar en el mercado único» y «abrirse a otros mercados», citando como ejemplo el acuerdo comercial alcanzado con Mercosur. Esta visión conecta la seguridad con la política industrial y comercial, argumentando que una Europa más fuerte militarmente también debe serlo económicamente.

El año 2026 se presenta como un periodo crucial para determinar si el impulso político hacia una mayor inversión en defensa se traduce en compromisos presupuestarios reales y en avances concretos hacia una verdadera integración de las capacidades militares europeas. Los planes de adquisición que se pondrán en marcha este año darán indicaciones sobre si Europa desarrollará su base industrial de defensa en el continente o seguirá dependiendo mayoritariamente de proveedores estadounidenses. Como han señalado diversos analistas, el continente europeo se enfrenta a la disyuntiva entre «la resignación estratégica y la construcción activa de una soberanía de defensa creíble», una decisión que definirá no solo su capacidad de autoprotección sino también su papel en el orden mundial de las próximas décadas.

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