El presidente del Gobierno inició este lunes su cuarta visita oficial a China desde 2023 con una conferencia en la Universidad Tsinghua de Pekín, donde abogó por un orden multipolar y reclamó relaciones comerciales más equilibradas con la Unión Europea. El viaje busca reducir un déficit comercial superior a 40.000 millones de euros e impulsar inversiones tecnológicas en España, en un momento marcado por la ruptura con Washington derivada de la guerra de Irán.
Pedro Sánchez aterrizó este lunes en Pekín para iniciar su cuarta visita oficial a China desde 2023, un ritmo de interlocución con la segunda potencia económica mundial que el Gobierno enmarca en su apuesta por el multilateralismo. La delegación incluye a Begoña Gómez, esposa del presidente, en lo que el Ejecutivo presenta como la primera visita de la cónyuge con rango oficial, tras la invitación cursada por las autoridades chinas. La primera jornada incluyó una conferencia en la Universidad Tsinghua y la recepción de la cátedra honoraria de la Universidad de la Academia China de las Ciencias (UCAS), distinción compartida con tres premios Nobel: Paul Nurse, David Gross y Samuel C.C. Ting.
El programa se extiende a lo largo de dos jornadas. El lunes arrancó con los actos académicos y las reuniones de carácter institucional; el martes concentrará los encuentros de mayor peso político y económico, incluida la bilateral con el presidente Xi Jinping. También están previstas citas con Zhao Leji, presidente del Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional, y con el primer ministro Li Qiang. La delegación española tiene el propósito de desenredar los nudos que dificultan el acceso al mercado asiático de exportaciones agrícolas, manufactureras y de servicios.
El déficit comercial, eje de la misión
El desequilibrio comercial con China es el telón de fondo económico de toda la misión. La balanza sigue siendo negativa para España y supera los 40.000 millones de euros de déficit, una cifra que no ha mejorado de manera sustancial pese al incremento del 7% registrado en las exportaciones españolas. La delegación tiene previsto abordar la apertura del mercado chino a productos agrícolas, manufacturas y servicios, y avanzar en el fomento de alianzas con empresas del sector tecnológico. La agenda incluye una visita a las instalaciones de la compañía Xiaomi, con fuerte implantación en el mercado europeo.
El interés español se concentra también en ciencia e innovación. El Gobierno aspira a atraer capital chino bajo la condición de que genere valor añadido y empleo local, y ha incluido en el programa reuniones con representantes de empresas punteras del sector. La visita a la Academia China de las Ciencias, donde Sánchez recibió la distinción honoraria, es expresión de esa voluntad. «La cooperación no debilita la ciencia. La fortalece», aseguró el presidente ante los investigadores presentes, comprometiéndose a promover investigaciones conjuntas y el intercambio de talento entre ambos países.
China como contrapeso a Washington
En su discurso en la Universidad Tsinghua, Sánchez defendió que el mundo asiste no a un «trasvase de hegemonías» sino a una «multiplicación de polos» de poder y prosperidad, y apeló a construir sobre ese diagnóstico una relación «basada en el respeto mutuo». Reclamó también a Pekín que avance hacia vínculos más equilibrados con sus socios comerciales y formuló la exigencia con precisión. «Necesitamos que China haga lo mismo. Que se abra, para que Europa no tenga que cerrarse», dijo el presidente, que subrayó que España mantendrá esa postura en Madrid, en Bruselas y «donde haga falta».
El contexto geopolítico añade una dimensión que el Gobierno gestiona con cautela. España lleva más de un mes en tensión con Washington por su negativa a ceder las bases de Rota y Morón a la aviación militar vinculada a la guerra de Irán. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, situó la relación con China en ese marco antes del viaje. «Son socios distintos», dijo, descartando lecturas de sustitución de alianzas. El China Daily, controlado por el Gobierno chino, fue más explícito: situó la visita bajo la tesis de que «Madrid necesita ampliar su red de asociaciones para contrarrestar a Washington».
Agenda del martes
La reacción de la oposición combina la crítica diplomática y el ataque político. La portavoz del Partido Popular (PP), Cuca Gamarra, calificó la ausencia de Sánchez de España como una «huida» de los casos de corrupción que el partido vincula al entorno del presidente, una acusación que el Gobierno rechaza. La coincidencia del viaje con la segunda semana del juicio en el Tribunal Supremo por el caso de corrupción vinculado al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) fue el argumento central que el PP utilizó para cuestionar la oportunidad de la gira asiática.
La segunda jornada, el martes, concentra los encuentros de mayor calado. El bilateral con Xi Jinping abordará tanto la agenda comercial como los conflictos abiertos en Ucrania, Líbano e Irán; en el discurso de Tsinghua, Sánchez pidió ya que «se cumpla el derecho internacional y cesen los conflictos». También están previstos encuentros con Zhao Leji y Li Qiang. Los compromisos concretos que resulten —en materia de exportaciones agrícolas, acceso al mercado de servicios y atracción de inversión tecnológica— marcarán el balance económico real de la gira.
El regreso de Sánchez coincidirá con los preparativos finales de la Global Progressive Mobilisation (GPM), la cumbre de la Internacional Socialista que el presidente convocó en Barcelona para los días 17 y 18 de abril con la presencia confirmada de los presidentes de Brasil, Colombia, Sudáfrica y Uruguay. La gira a Pekín y el foro de Barcelona componen, en pocos días, la arquitectura de una política exterior que el Gobierno construye en paralelo a su distanciamiento de Washington: más multilateralismo, más diversificación de alianzas y, en el horizonte, la apuesta por liderar el polo progresista de un mundo que Sánchez describe como irreversiblemente multipolar.