El Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB) afirma haber descubierto una amplia operación de ciberespionaje atribuida a servicios de inteligencia extranjeros. Moscú asegura que altos funcionarios fueron vigilados a través de programas maliciosos instalados en teléfonos móviles capaces de acceder a conversaciones, imágenes, ubicaciones y datos confidenciales.
Las autoridades rusas denunciaron este martes lo que califican como una operación de espionaje a gran escala dirigida contra altos funcionarios del Estado mediante la infiltración de programas maliciosos en dispositivos móviles.
Según un comunicado del Servicio Federal de Seguridad (FSB), la operación habría sido ejecutada por servicios de inteligencia extranjeros con el objetivo de obtener información sensible almacenada en teléfonos inteligentes utilizados por responsables de distintas instituciones rusas.
De acuerdo con la versión presentada por Moscú, el software espía permitía recopilar datos personales, interceptar conversaciones, activar de forma remota funciones de audio y vídeo, así como acceder a información de geolocalización y otros contenidos almacenados en los dispositivos comprometidos.
El FSB sostiene que la operación fue posible gracias a las capacidades tecnológicas disponibles en el ecosistema global de las telecomunicaciones y de las plataformas digitales, aunque evitó señalar públicamente a un país concreto como responsable directo.
La agencia rusa calificó la acción de «operación sofisticada con consecuencias de largo alcance» y afirmó que en ella habrían participado varios Estados de manera coordinada.
Más allá de la obtención de información, los servicios de seguridad rusos sostienen que parte de los datos recopilados habrían sido utilizados posteriormente para fundamentar sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea contra determinados funcionarios rusos.
A raíz de estos hechos, la Dirección de Instrucción del FSB abrió una investigación penal por acceso ilegal a sistemas informáticos y por creación y difusión de programas maliciosos.
El caso vuelve a poner sobre la mesa la creciente dimensión geopolítica del ciberespacio, convertido en uno de los principales escenarios de confrontación entre las grandes potencias desde el inicio de la guerra en Ucrania y el deterioro de las relaciones entre Rusia y Occidente.
Las autoridades rusas aprovecharon el incidente para reiterar sus advertencias sobre el uso de teléfonos inteligentes en entornos sensibles. «No deben discutirse asuntos confidenciales mediante teléfonos móviles ni cerca de ellos», señalaron los servicios de seguridad.
Aunque el Kremlin desmintió en 2023 informaciones sobre una eventual prohibición del uso de iPhone por parte de funcionarios públicos, el portavoz presidencial Dmitri Peskov reiteró entonces que los teléfonos inteligentes no son herramientas adecuadas para transmitir información sensible, independientemente de que funcionen con Android o iOS.
La denuncia rusa se produce en un contexto internacional marcado por el aumento de las operaciones de ciberespionaje, las campañas de desinformación y la creciente competencia tecnológica entre las principales potencias mundiales.