Es ampliamente conocido el principio de reciprocidad en las relaciones internacionales. Dicho principio alude a la correspondencia que debe existir entre un Estado y otro en el manejo de sus relaciones, diplomacia y tratados. La mención cobra sentido en este contexto porque Malí ha anunciado medidas de reciprocidad en su relación con Estados Unidos y sus ciudadanos.
Malí ha anunciado que exigirá un depósito de entre 5.000 y 10.000 dólares a los ciudadanos estadounidenses que soliciten un visado para viajar a ese país ya sea por negocios o turismo. ¿Qué impacto puede tener esta medida para Estados Unidos y sus ciudadanos?
Según informaciones de algunos portales económicos, aunque Malí tiene potencialidades y atractivos, no recibe demasiados turistas en comparación con los demás países del mundo. En 2021 ocupó el lugar 136º en el mundo, en lo que respecta a la recepción de turistas, con 168.000 turistas procedentes de Francia (29,26%), Costa de Marfil (7,75%) y Senegal (7,59%), entre otros. Incluso si las cifras son modestas, ese año hubo un incremento espectacular de 124%, con 93.000 visitantes más que en los años precedentes. Por otra parte, en 2023, la Inversión Extranjera Directa representó un 2,85% del porcentaje del PIB.
El Ministerio de Exteriores de Malí ha explicado que la razón de la medida se debe a «la decisión unilateral» del gobierno estadounidense que impuso idéntico depósito a los ciudadanos malienses que deseen obtener una visa para visitar Estados Unidos. La medida americana ya ha entrado en vigor y la de Malí se aplicará a partir del 23 de octubre.
En consecuencia, «En aplicación de reciprocidad, Malí decide instaurar un programa de visado idéntico, imponiendo a los ciudadanos estadounidenses las mismas condiciones y exigencias que se aplican a los ciudadanos malienses», indica el comunicado.
El gobierno de Malí, según funcionarios de ese país, mantiene el compromiso de «promover las relaciones de cooperación fructíferas con Estados Unidos en el marco del diálogo y el respeto mutuos».
Malí ha emitido dicho comunicado el domingo tras la emisión de una declaración de la embajada de Estados Unidos en Bamako, en la que la administración americana cita las altas tasas de permanencia ilegal, las deficiencias en los procesos de control y consideraciones de política exterior que le han llevado a adoptar esa decisión.
Este país de África Occidental actualmente está gobernado por una junta militar, tras el golpe de Estado de 2021, y atraviesa una profunda crisis de seguridad debido a los grupos yihadistas que operan en el área y que están vinculados tanto al Estado Islámico como a Al Qaeda. Estos grupos son responsables de frecuentes ataques contra las fuerzas armadas y la población civil, pero también el ejército maliense y los mercenarios rusos han sido acusados por organizaciones de derechos humanos de atacar a civiles y de ser incapaces de contener o frenar la violencia en el país.
En los años posteriores al golpe de Estado el nuevo régimen ha impuesto cambios drásticos a nivel interno y externo. Desplazó a Francia y recurrió a Rusia en la lucha antiterrorista, expulsó a los soldados franceses y obtuvo asistencia de mercenarios rusos. El Grupo Wagner ha estado allí durante tres años y medio, inicialmente con el aval de Moscú que ha ocupado el vacío dejado por Occidente en esa zona.
La presencia de los mercenarios rusos, sin embargo, no ha significado la desaparición de los grupos extremistas. De hecho, estos últimos han intensificado su accionar afectando tanto a Malí como a Burkina Faso y Níger, países que llevan más de una década bajo amenaza yihadista.
Moscú ha estado desarrollando el Cuerpo Africano que opera en esos países de África Occidental, como estructura paramilitar en Malí y fuerza antagónica al Grupo Wagner, bajo el mando directo del Ministerio de Defensa ruso. Las cifras de Estados Unidos señalan que hay alrededor de 2000 mercenarios en Malí, pero no se precisa cuántos son de Wagner y cuántos del Cuerpo Africano. De todas formas, expertos en el Sahel observan que la presencia de este último es más reducida y combate menos porque está enfocado en el entrenamiento, el suministro de equipo y los servicios de protección, según informaciones de diferentes medios internacionales difundidas en los últimos meses.
El panorama de Malí denota enorme complejidad en términos de seguridad e inestabilidad política y económica por las condiciones descritas. Lo anterior explica el bajo estímulo para la inversión extranjera y también que el turismo sea irrisorio, más allá de las potencialidades del país. Es posible que la medida adoptada por las autoridades de Malí, en relación con el principio de reciprocidad aplicado a Estados Unidos, no tenga el impacto esperado o deseado, comparativamente, si se infiere el grado de afectación que puede tener para los malienses la medida económica impuesta por Estados Unidos para estudiar y considerar sus solicitudes de visa.