Moscú y Pekín quieren reforzar su alianza estratégica mientras China se consolida como el gran centro de gravedad de la nueva geopolítica internacional
El presidente ruso Vladimir Putin viajará a China los próximos 19 y 20 de mayo para reunirse con su homólogo chino Xi Jinping, apenas unos días después de la visita realizada por el presidente estadounidense Donald Trump a Pekín.
La secuencia diplomática refleja hasta qué punto China se ha convertido en el epicentro de las nuevas tensiones y equilibrios del sistema internacional.
El Kremlin anunció que Putin y Xi discutirán fórmulas para reforzar aún más la cooperación estratégica entre ambos países, además de abordar los principales asuntos internacionales y regionales. La visita incluirá también encuentros centrados en las relaciones económicas y comerciales entre Moscú y Pekín, así como la firma de una declaración conjunta.
China, entre Washington y Moscú
La llegada de Putin se produce inmediatamente después del viaje de Donald Trump a China, una visita que terminó con anuncios de acuerdos comerciales y con declaraciones sobre una nueva etapa de “estabilidad estratégica constructiva” entre Pekín y Washington.
Sin embargo, detrás de la diplomacia oficial aparece una realidad mucho más compleja. China intenta mantener simultáneamente su relación privilegiada con Rusia y evitar al mismo tiempo una confrontación directa con Estados Unidos.
Pekín considera a Moscú un aliado fundamental en la construcción de un orden mundial multipolar capaz de reducir la hegemonía occidental. Pero la economía china sigue dependiendo también de la estabilidad global y de sus relaciones con el mercado estadounidense.
Ucrania sigue marcando el fondo del escenario
La guerra en Ucrania continúa siendo el gran telón de fondo de esta intensa actividad diplomática.
Aunque China mantiene oficialmente una posición de neutralidad y llama regularmente a negociaciones de paz, nunca ha condenado la ofensiva rusa iniciada en febrero de 2022. Al mismo tiempo, se ha convertido en uno de los principales apoyos económicos de Moscú gracias a sus compras masivas de petróleo y productos energéticos rusos.
La visita de Putin llega además en un momento de estancamiento diplomático. Los intentos de mediación impulsados por Trump atraviesan crecientes dificultades, mientras la crisis en Oriente Medio absorbe buena parte de la atención internacional.
El presidente ucraniano Volodímir Zelenski pidió recientemente a Trump que abordara con Xi Jinping posibles vías para alcanzar una salida negociada al conflicto.
Mucho más que una alianza clásica
El ministro ruso de Exteriores Serguéi Lavrov saludó positivamente la reciente cumbre entre China y Estados Unidos, aunque insistió en que las relaciones entre Moscú y Pekín son “más profundas y sólidas” que las alianzas tradicionales.
Más allá de las declaraciones diplomáticas, la visita de Putin confirma que la rivalidad mundial ya no se estructura únicamente alrededor de bloques militares clásicos. La competencia pasa ahora por el control de la energía, la tecnología, el comercio, la inteligencia artificial y las cadenas globales de influencia.
Y en ese nuevo mapa del poder mundial, China aparece cada vez más como el actor indispensable alrededor del cual giran tanto Washington como Moscú.